Editorial Pacifista: Nuestro llamado urgente al optimismo
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Editorial Pacifista: Nuestro llamado urgente al optimismo

Staff ¡Pacifista! - Octubre 2, 2016

Vamos a construir un país en el que quepamos todos, y donde las armas sean desterradas para siempre de la política.

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Ha perdido el Sí. Y la reacción de muchos, en medio de la desilusión y la incertidumbre, ha sido entregarse a los insultos. Entendemos esas reacciones iniciales de los muchos que, como nosotros, creíamos en que los Acuerdos de Paz de La Habana eran la más grande oportunidad para lograr el fin del conflicto con las Farc.

Sin embargo, los resultados de este domingo nos revelan mucho más que una derrota, nos cuentan que no todos en Colombia estamos en la misma página, y que la mitad del país considera que esta fórmula, por una u otra razón, no era satisfactoria.

Hoy, debemos pasar rápidamente de la frustración a la acción y entender que estos resultados son la mejor oportunidad para convertir el desacuerdo y la polarización en diálogo. ¿Qué mejor chance para demostrar que ya somos un país maduro para la paz que esta elección? Al fin y al cabo, a pesar de la abstención y el desinterés de más de 21 millones de colombianos, la democracia habló. Y eso hay que celebrarlo. Hace 60 años nos matábamos y nos masacrábamos entre el Sí y el No. Esta vez lo resolvimos con la palabra y en las urnas.

En esa medida, el nuestro es un llamado al optimismo.

Si la mitad de la población considera que el Acuerdo de Paz no lo representa, resulta evidente que en la mesa de conversaciones de La Habana no estuvieron las voces suficientes que hablaran por todos y cada uno de nosotros. No hubo la diversidad que  garantizara el consenso suficiente para darle legitimidad a este esfuerzo de paz.

Lo peor que nos puede pasar ahora es que nuestros líderes caigan en la mezquinad y la tozudez, y se nieguen a entender que los resultado de este domingo los convoca a todos a abrirse a un diálogo amplio. Una gran conversación que logre subsanar los errores del pasado y dote a este momento de nuestra historia de un nivel tal de representatividad que garantice, ahora sí, que la paz que anhelamos sea estable y duradera.

Celebramos los anuncios del presidente Juan Manuel Santos y las Farc, que en cuestión de una hora reconocieron el resultado del plebiscito, validaron a ese considerable sector del país que no comulga con su apuesta y ratificaron su voluntad de silenciar los fusiles. Que el Gobierno y las Farc mantengan en pie el cese al fuego bilateral es razón más que suficiente para mantener la esperanza.

Un triunfo del Sí en medio de un país tan polarizado, y con el ELN aún en armas, suponía tantas incertidumbres como las que enfrentamos ahora. Así que el compromiso que han declarado las Farc de continuar el diálogo sólo ofrece la oportunidad de que a este se sumen sus grandes opositores, representados por el expresidente Álvaro Uribe. La guerrilla llama a esos colombianos “guerreristas”, pero lo que son, a pesar de cualquier interpretación política, son interlocutores, colombianos que se demostraron cohesionados y firmes en una idea. Del mismo modo, esperamos que el ELN lea esto como una oportunidad para destrabar los acercamientos con el Gobierno, tenga gestos unilaterales de paz y se sume a este diálogo nacional. A ellos, los extremos de esta nueva fase, les pedimos que estén a la altura del momento histórico y se sienten con disposición conciliadora a conversar.

Todos tendrán que llegar a ese nuevo diálogo sabiendo que perderán algo. El No debe ser consciente de que la otra mitad del país validó los acuerdos, de tal manera que no pueden aspirar a imponer en esta nueva fase todas sus pretensiones. De la misma forma, las Farc enfrentarán el enorme reto de aceptar que sus concesiones en La Habana no fueron suficientes, y que en adelante deberán tener la grandeza para ceder más de lo que ya lo hicieron. Y nosotros, desde la sociedad civil, tenemos que desarmarnos desde nuestro interior. Si durante estos últimos meses fuimos incapaces de convencernos mutuamente, y las conversaciones en nuestras familias se tornaron frías y tensas, esta será la hora de comenzar a hablar de nuevo, dejar los insultos a un lado, llegar a consensos.

Solo así, podremos como sociedad aprovechar esta oportunidad que nos da la vida. Vamos a construir un país en el que quepamos todos, y donde las armas sean desterradas para siempre de la política.