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La Habana y los atentados en París: la paz pasa por la educación
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La Habana y los atentados en París: la paz pasa por la educación

Staff ¡Pacifista! - Noviembre 18, 2015

OPINIÓN La 'necesidad' de venganza es una expresión de quienes aún están tramitando los impactos del conflicto armado en sus vidas.

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                         Columnista: Andrei Gomez-Suarez

El ciclo pasado de conversaciones entre el Gobierno y las Farc, el 43, terminó sin cerrar el acuerdo sobre justicia. Sin embargo, hay unas conclusiones que pasaron inadvertidas: Timochenko twitteó “lo rescatable del ciclo es el compromiso con Naciones Unidas para suspender ingreso de menores de 18 años” a las Farc, mientras que Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo enviaron mensajes a los nuevos gobernadores, recién elegidos, recalcando que su responsabilidad será implementar los acuerdos en los territorios, ya que el fin del conflicto está cada vez más cerca.

Los equipos negociadores iniciarán el siguiente ciclo este miércoles 18 de noviembre en un contexto internacional distinto. Los ataques terroristas en París del viernes 13 de noviembre, que dejaron más de 120 muertos, parecen despertar de nuevo una respuesta pasional y equívoca de la comunidad internacional; el Presidente François Hollande ha declarado que Francia librará una guerra sin piedad contra el terrorismo.

La falta de perspectiva autocritica frente al legado perverso de la Guerra contra el Terrorismo, demuestra que los líderes mundiales antes que resolver las causas de la violencia, desde una visión miope, prefieren ocultarlas, resaltando por el contrario solamente el barbarismo de los violentos.

En este contexto mundial el proceso de paz en Colombia cobra aún más importancia. El compromiso de las partes de buscar una solución a las causas del conflicto armado y los factores que han permitido su prolongación; de desmontar una cultura de impunidad (que ha permitido que algunos máximos responsables de crímenes internacionales no hayan aceptado responsabilidades y contribuido a la reparación de las víctimas escudándose detrás de la extradición de varios comandantes paramilitares); y de abrir el sistema político para que todos los colombianos puedan participar en la construcción de la democracia, es una contribución para que en otras partes del mundo se considere resolver la guerra a través de reformas estructurales que tengan un impacto positivo en la sociedad civil y que restituyan y satisfagan los derechos de las víctimas.

No obstante, muchos colombianos piensan lo contrario; han aprovechado la indignación mundial para distribuir su mensaje de odio contra las Farc a través de las redes sociales. Su mensaje se basa en igualar a las Farc con ISIS (el Estado Islámico de Iraq y el Levante). Incluso algunos afirman que los atentados de París están conectados con el narcotráfico de las Farc. Estos mensajes que buscan polarizar al país son preocupantes. No porque vayan a cambiar la opinión de muchos colombianos sensatos e informados, sino porque demuestra la profunda afectación emocional que el conflicto armado ha dejado en muchos colombianos.

Afortunadamente esta oposición visceral al proceso de paz, que en muchos casos es expresada por miembros y simpatizantes del Centro Democrático, es contraria al sector de la oposición democrática de personas como Carlos Holmes Trujillo al interior de este partido. Su tweet frente al episodio de París es un ejemplo de ética y responsabilidad desde la oposición: “hoy estamos de luto en todo el mundo.”

 

Valoro y comparto su talante democrático, nuestros encuentros en varios espacios han estado marcados por el respeto y la honestidad. Tenemos valoraciones distintas de los acuerdos, para él la Jurisdicción Especial para la Paz no cumple con los estándares internacionales. Para mí sí: el Tribunal de Paz no distingue entre los máximos responsables de crímenes internacionales: todos, los agentes del Estado, los guerrilleros, y los actores sociales serán investigados, juzgados y castigados; como exige la Corte Penal Internacional.

Las conversaciones con la oposición democrática al proceso de paz me llenan de esperanza. En el último panel que compartimos en el Instituto Alberto Merani, Carlos Holmes propuso crear una “coalición académica para hacer pedagogía sobre el fin del conflicto”. Ya que Sergio de Zubiría, profesor de filosofía de la Universidad de Los Andes y miembro de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, señalaba en la misma conversación que “la construcción de paz no podía quedar en manos de los abogados, ni de los tecnócratas”; esta tarea debía empezar con los maestros para lograr el cambio cultural que sólo es posible a través de la educación.

Por tanto, los tres compartimos la urgencia que los colegios y las universidades contribuyan a que sus estudiantes lean los acuerdos y estudien los impactos de su implementación. Esto sólo es posible si se promueven grupos de discusión, debates y foros donde se presenten las diferentes lecturas que se pueden hacer de los acuerdos.

La formación de ciudadanos críticos e independientes es fundamental, Colombia necesita que las nuevas generaciones se apropien del tema de la paz porque como hemos visto anteriormente el impacto emocional del conflicto armado ha sido tan profundo en muchos colombianos que no han podido superar sus odios, sus miedos y su indignación.

No es posible juzgar cómo cada persona tramita el impacto del conflicto armado en su vida personal. Hay víctimas, como el ministro de Justicia Yesid Reyes, que encuentran en la complementariedad de la justicia transicional un mecanismo para la satisfacción de sus derechos. Otras, como Maurice Armitage, el alcalde electo de Cali, han privilegiado el perdón sobre el castigo. Ambos son ejemplo de la reconstrucción de un proyecto de vida que aporta a la reconciliación.

Los tweets de los últimos días que alimentan la venganza contra las Farc, que expresan un resentimiento porque no pagarán cárcel, son las expresiones de colombianos que aún están tramitando los impactos del conflicto armado en sus vidas. Quizá cuando estemos celebrando 10 años de la firma de paz muchos ya no sentirán odio ni miedo porque la mejor terapia para superar los daños y rencores que deja la guerra es vivir en una sociedad en paz.

Por ahora, la tarea es informar mejor a los jóvenes para que estos rencores no se transmitan a la siguiente generación y terminemos condenados a otros cien años de guerra. Muchos estamos comprometidos con esta tarea; lo he visto en Armenia, Calarcá, Cajicá, Bogotá, Pereira, Salento y Londres. Mi esperanza es ver que en otros rincones de Colombia el afecto remplace la indignación, para descubrir entre todos el potencial regenerador que tienen la generosidad y la solidaridad.