‘El discurso de Marta Lucía Ramírez fue mucho más impertinente que el mío’: Rubén Mendoza Collage: Lady Chaparro
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‘El discurso de Marta Lucía Ramírez fue mucho más impertinente que el mío’: Rubén Mendoza

Isabela Sandoval Vela - Marzo 7, 2019

Hablamos con Rubén Mendoza acerca de su polémico discurso en la inauguración del Ficci y su nueva película.

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Rubén Mendoza, cineasta boyacense, fue ganador del premio a mejor director en el Festival de Cine de Cartagena en el 2017 con su documental Señorita María: la falda de la montaña. Es egresado de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, donde se graduó con tesis meritoria. Durante 15 años de carrera ha dirigido películas, cortometrajes y documentales que han sido presentados en los festivales de cine de Cannes, Cleromt-Ferrand y Toulouse, entre otros.

Ahora, su película Niña errante inauguró este miércoles el Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci). La película, protagonizada por un elenco de mujeres conformado por Sofía Paz Jara, Carolina Ramírez, Lina Marcela Sánchez y María Camila Mejía, narra la historia de una niña que se reencuentra con sus hermanas mayores después de la muerte de su padre. Juntas emprenden un viaje por Colombia para dejarla a ella con una tía a la que no conoce. Este es el trailer:

La noche inaugural del festival estuvo marcada por dos intervenciones que causaron polémica por razones distintas. La vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, dio un discurso de apertura por el que fue abucheada y fuertemente criticada. Parte de la indignación se debió a la ausencia del presidente Iván Duque, en un festival al que usualmente asiste el primer dirigente.

Acto seguido, Rubén Mendoza introdujo su película con un discurso fuertemente politizado y que ha generado tanto críticas como alabanzas en el público y en la opinión general. La controversia generada por el discurso fue tal, que en un primer lugar se creyó que la vicepresidenta había abandonado en protesta a su postura, rumor que luego fue aclarado por Mendoza esta entrevista que le concedió a ¡Pacifista!

¿Qué fue lo que pasó con la vicepresidenta? ¿Ella se salió en medio de su discurso?

No, ella no se salió en el discurso. Quisiera aprovechar para hacer la precisión: ella se salió cuando terminó el discurso y eso es algo que hacen casi todos los políticos. Yo había pensado que ojalá se quedara, no es que ella no haya querido, sino que casi nunca lo hace.

¿Es decir que esto fue solo una interpretación de los medios?

Pues sí entró la policía y entró en grande. La gente estaba con los ánimos caldeados, pero yo siento que la cosa venía así desde antes del discurso. El discurso era muy amoroso en realidad, tenía reclamos duros, pero todos desde el amor; ya había mucha energía acumulada por las palabras de [Marta Lucía Ramírez]. El discurso de ella fue mucho más impertinente que el mío: ella no puede venir a hablarnos a todos los que soñamos con un país distinto y con hacer cine radical, que somos los que más nos congregamos acá, de economía naranja y del pato Donald. Yo no siento que lo haya hecho tampoco con mala intención, pero debería asesorarse mejor.

Además del supuesto incidente con la vicepresidenta, ¿hubo alguna repercusión o reclamo que haya recibido por el discurso?

No, hubo alguna gente que se levantó gritando. Me madrearon, pero mucha más gente se levantó a apoyarme.

¿Cuál fue la motivación detrás de su discurso? ¿Cómo fue el proceso para llegar a querer poner sobre la mesa temas como Hidroituango, la violencia contra líderes sociales y la política de drogas?

Me llevó el contexto. Sabiendo que iba a estar ahí, supuestamente, el presidente, y uno con todas las cosas que siente que quiere decirle a un hombre de esos… Bueno, presidente yo no lo llamo, pensé que iba a estar el señor Duque, pues quería aprovechar para compartir de una manera amorosa y también generosa, digamos, un intercambio en ambos sentidos.

Ya los habíamos oído a ellos, a la parte oficial. Creo que también valía la pena oír la otra orilla, que en este caso pensaba que la podía traer yo por el hecho de que me habían dado la palabra.

Cuando a mí me llamaron a decirme que era probable que Niña errante fuera la película inaugural yo les pregunté si ellos querían en realidad que yo fuera. La verdad es que yo sentía que eso era un evento más político y esas cosas, y pues no estaba tan de acuerdo, porque en realidad era tener que pasar un poco sobre lo importante que tiene que decir la película sin uno, con las chicas, sobre todo. Con las actrices y con todos los que le metimos trabajo. Entonces tenía esa duda. Cuando me confirmaron yo advertí: yo no voy a desaprovechar una oportunidad de estas de decir algo importante, algo que tengo en el corazón atravesado, y considero que son unos interlocutores a los que vale la pena decirles eso. Por eso decidí hacerlo así.

¿Tuvo alguna incidencia en la decisión de hacer el discurso el hecho de que este viernes se celebre el día internacional de la mujer?

No, me parece que esa es una fiesta machista. Si hay algo para celebrar mañana es más bien un duelo de tanto abuso histórico, de tanta desventaja a la que han sometido a la mujer por fuerza bruta, al género supuestamente opuesto, la gente que pone las reglas. Pero no, tal vez si lo hubiera pensado lo hubiera nombrado pero la verdad es que no me acordé. Pienso que el llamado debe ser permanente y pertinente todo el tiempo, por un lado. Y por otro, llevo cinco años celebrando el día de la mujer desde que estoy cocinando esta película.

La película es protagonizada por mujeres y trata problemáticas con las que lidian las mujeres a diario (como la violación). ¿Cuál es el mensaje de empoderamiento o liberación femenina que da Niña errante?

Yo siempre me niego a decir un mensaje, porque esa es una cosa muy íntima de cada corazón, de cada ser, de cómo recibe los sonidos que uno emite. Los gritos, los susurros y las imágenes rebotan de una manera específica, dependiendo de cómo esté la gente formada.

Lo que sí está claro, y que es una curiosidad mía con el tema que escogí, es que casi siempre los temas que me interesan me conmueven y yo pienso que me garantizan una temporada interesante en la vida, unos años interesantes haciendo la película. Por supuesto no son los más fáciles ni los más cómodos y, en este caso, desde el punto de vista político, tampoco lo era.

Pero también desde el mismo punto biológico y etc…  Yo me siento profundamente femenino como cualquier ser que tiene lo masculino y lo femenino: me encanta explotarlo, regarlo, oírlo, muchas veces cagarlo, porque lo he hecho, como todos, y no tengo esa educación patriarcal, este orden patriarcal a la brava.

Básicamente para mí la película cumple una función muy bonita y es permitirme entrar en las mujeres, que la cámara estuviera en el lugar de un encuentro de mujeres, como si no hubiera nadie más, eso es lo que trata igual de hacer uno con las películas: imitar la realidad. En este caso la realidad era cuando uno no está, ¿qué pasa?, ¿cómo es ese vínculo de la hermandad, de qué hablan, de qué habla esta gente que va cambiando, que va mirando al mismo lado con la obligación del viaje?

¿Cómo es abordada una película así, narrada desde un punto de vista femenino, por un hombre?

Yo pienso que tengo todo el derecho. Eso es lo que deben hacer [los cineastas]: películas sobre temas que desconocen y cosas que quisieran responder de este mundo, cambiar, que están en la otra orilla. No me parece tampoco una obligación que un hombre tenga que hacer películas de mujeres, ni que no las pueda hacer. Tampoco me parece que una mujer no pueda hacer películas de hombres.

Yo no pienso el mundo así, me parece una manera muy maniquea de pensar. Yo soy un ser y tengo una parte femenina y, por fortuna, muchos encuentros de muchas naturalezas con las mujeres, sean las abuelas, las hijitas, estos intercambios han nutrido en mi curiosidad y mi comodidad cuando estoy rodeado de mujeres. Porque igual, sea lo que sea que cada una representa, un miembro de un género abusado simplemente por la lotería de la biología, o que tiene un destino muy distinto por la lotería de la biología, entonces pues es un tema que me apasiona, como antes me ha apasionado Casanare o lo que pasó en Armero.

 

Acá está la transcripción del discurso de Rubén Mendoza en el Ficci:

INAUGURACIÓN FICCI 2019.

Transcripción:

Rubén Mendoza al subir al escenario en la inauguración del FICCI 2019. Cartagena, 6 de Marzo:

A la vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez “… pensé que venía el señor Duque, pero ya que está usted señora Ramírez, le pido que le diga que no siga el ejemplo de su jefe que se ufanaba de no ir a  cine…

Lo que yo quiero hablarle es con todo respeto. Gritar entre muchos a una persona es muy fácil. No soy quien para censurar pero preferiría que no se hiciera. Pero sí le quería decir señora Ramírez que no importa si el cine no es un negocio o una industria. El cine tiene que existir como una forma de expresión y de pensamiento de una sociedad. Como existen los parques naturales, como existe las agremiaciones, las fundaciones sociales. No importa que no sean negocio. Es mi pensamiento.

Yo escribí algo porque me va mejor así. Aquí estoy con gente que amo profundamente, dos años después de haber terminado el rodaje nos amamos más, y es muy difícil que cualquier cosa se atraviese sobre ese amor; pero ojalá que luego ustedes lo que sientan con la película, lo confirme y puedan hacer su propio criterio. La dictadura y la tiranía del pensamiento desde donde venga, por más progresista que se finja, no vale la pena…”

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Buenas noches Cartagena dentro y fuera de la maqueta, público del cine, gente de la comunidad cinematográfica, organizadores del Festival, animales del aire, del mar, de la tierra y del subsuelo, pájaros, lagartos, gente importante y políticos:

Un honor abrir este legendario Festival. Doy un saludo y agradecimiento especial a las dos pasadas directoras artísticas del mismo, Mónica Wagenberg, y Diana Bustamante, que lo llevaron a donde está. Saludo también a Felipe Aljure y el equipo inmenso que armó, y deseo lo mejor para esta versión y las que vengan, con él o después de él; el Festival por encima de quién esté al frente. Ojalá sea una gran edición después de tanto ruido y tanto peso.

Saludo con mucho amor a Tonina que hoy está de cumpleaños: siempre el cine me tiene lejos el 6 de marzo. Y aprovecho para saludar a su prima, Amalia, el amor de mi vida, encargada de suministrarme la luz para hacer esta película y el resto, y que me revuelca el corazón con solo pensarla durante sus cuatro años: nuestros corazones están conectados. Saludo a mis padres y especialmente a mi papá; hace dos años presentaba la última película de la que él pudo ver imágenes (cuando empecé a filmar en 2011, el mismo año en que él murió, el documental Señorita María, la falda de la montaña), y esta es de la última que tuvo noticia, pues alcancé a contarle la idea. Saludo a mi amigo y hermano y alcahueta y productor desde hace 16 años de mis trabajos Daniel García, saludo a mi equipo, o al equipo entero o al equipo del que soy parte, o al equipo del que soy, al equipo que somos. Saludo muy especialmente a Sofía Paz, Carolina, Camila y Lina, las hermanas medias en la película y ahora enteras afuera de la pantalla, que pusieron la cara, el cuerpo, el alma, el criterio, la voz, las gracias, el reclamo o el grito cuando lo consideraron pertinente: todo dio curso al proceso.

Cuando hicimos esta película parecía que venía otro país. Que ya podíamos concentrarnos en otras preguntas. Que la matazón como tal con la que habíamos vivido desde que no teníamos memoria, al menos esa forma de matarnos, estaba superada. Queríamos preguntarnos por ejemplo algunas de las implicaciones de atravesar un país de machos siendo mujeres, y, por acción u omisión, empezar a preguntarme de una manera más profunda y más formal, por el género supuestamente opuesto, en donde tanto me he movido desde niño. Y preguntar también por mi yo femenino, cultivado y vivo y vibrante felizmente en mí. Somos seres simplemente y la lotería del género determina tantas cosas de nuestra vida y nuestro destino. Así que como aprendiz, como siempre, durante 5 años estuve formulando preguntas: a familia, amigas, colaboradoras… un equipo en altísimo porcentaje femenino, delante y detrás de cámara, no como una especie de cuota de género sino porque para mis ojos y mi gusto, tantos de los mejores en un oficio son artistas mujeres y tuve el privilegio de que aceptaran acompañar Niña errante. Desde la directora de fotografía hasta las compositoras de la música pasando por la montajista y los consultores y consultoras batalladoras feministas en varias estancias de la película y en varios países. Punkys activistas que conocen la calle y sus laberintos, el corazón y sus misterios, los dolores y privilegios de su género. Así como a nivel espiritual y muy profundamente algunas heroínas, y mártires unas tantas, del arte, parte de la genética de esta película; entre muchas otras: Débora Arango, Sally Man, Margaret Artwood, Diane Airbus, Liliana Cavani, Margarite Yourcenar, Virginia Wolf, Doris Salcedo, Fanny Mendelssohn y muy especialmente Lucía Berlín, indispensablemente la poeta anarquista Judith Malina, y maravillosa, inmensa y brutalmente a la artista y fotógrafa suicida Francesca Woodman. Algunas calcadas en la película en cuadros, frases, sonidos.

En esta película filmamos más de 18 ríos. Algo así como 12 quedaron en el montaje final. Árboles vigorosos y descomunales, la piel humana como territorio, los gestos, los poros, los pelos, las muecas. Queríamos celebrar, desde mi ingenuidad y hasta donde llegara, asistir a ese cambio de poderes, al inicio del pago de la deuda con los brazos femeninos. A volver a un orden de las cosas, al orden matriarcal. Mientras el hombre ha tenido en sus manos el mando del mundo timoneado por la fuerza bruta, ha llenado todo contexto de la vida con aplausos y nombres de hombres. Los museos, las guerras, los honores. Y está cambiando, pese al evidente freno y retroceso recientes.

Estos últimos meses hemos visto cómo penetra de nuevo la energía machuna en la vida de todo. Cuando nos ilusionábamos de los contextos científicamente comprobados como más limpios cuando son dirigidos por mujeres, los bajos índices de corrupción de las instituciones regidas por mujeres, la prácticamente nula tendencia hacia la violencia en contextos liderados por mujeres, vuelve toda la arbitrariedad del macho a moverse por Colombia. Cuando nos ilusionábamos con la palabra de mujer por que la palabra de hombre está desgastada, se nos promete en campaña que no se subirán los impuestos para conquistar un cargo y a los tres meses sin ninguna explicación esa palabra no importa y no solo nos cargan de impuestos sino se pone a liderar la reforma a un hombre que se ha burlado de toda Colombia apoyado en el agua sagrada. Si se delata un Fiscal que habla de una manera tan cachaca y cuidadosa en público, pero en las grabaciones secretas es una alcantarilla verbal y moral, apurado por arreglar a los totazos expedientes untaditos de cianuro de no se sabe qué mano, y no se le remueve o se presiona desde arriba para que se largue.

Si las víctimas históricas de este desastre piden que un nombre específico no se tenga en cuenta para manejar la Memoria del conflicto de este país, se le nombra pasándoles de nuevo por encima, sin explicación, sin peros, revictimizándolos, burlándolos. Si se vuelve a ignorar como en las épocas de Armero y la represa El Sirpe, la peste verdadera que es Hidroituango y la gente que tiene en vilo, y a la que han matado, y la que está sentenciada de muerte por la naturaleza y la verdad oficial: las de los fumigados con SMAD. Gracias a Hidroituango y a otras circunstancias de abuso, muchos de esos ríos que filmamos, solo a dos años de haber terminado de rodar, ya son sus cadáveres, incluido el Cauca que sale de reojo en Niña errante.

Se vuelve a considerar que armar al hermano, armar al vecino es sinónimo de seguridad, de poder convivir, sin medir que vuelve a ser oficial la presión dentro de los hogares (para muchas mujeres, niños, miembros de familia la mezcla hombre y arma es letal, cuando no hombre borracho y arma), que vuelve cualquiera a poder poner la vida de otro en juego, por animadversión, por sospecha, por capricho. Vuelven las balas a penetrar de nuevo a esa hembra herida que es Colombia, extenuada de ser violada históricamente por machos insensibles.

Se ve caer un líder como caen las moscas, y así pasamos. Muchos más líderes sociales muertos en Colombia que los que han sumado todas las revueltas en la reciente crisis de Venezuela. Y acá empeñados en “ayudar” antes al pueblo venezolano antes que cumplir con la obligación del Estado con nuestros niños vecinos hambrientos de La Guajira, antes que cuidar a nuestros líderes, antes que sanar a nuestras mujeres: finalmente todos tenemos un solo chance en esta vida, y el derecho de vivirla tan bien como podamos. Hombres viejos que de centro poco y de democráticos menos, reabren el debate del aborto, sin mujeres, el bizantino debate de la dosis mínima, la posibilidad de volver a legalizar la caza deportiva (si es que eso existe)… por solo nombrar algunas pestes. Un retroceso de 100 años.

Por lo tanto no sé que tan bien las preguntas que estaban planteadas en esta película puedan ser vigentes hoy. Una sola atraviesa todo el proceso y todo el resultado: Amor. Amor al plantearla, al desarrollarla, al escribirla, al consultarla, al buscarla, al rodarla, al motnarla, al terminarla.

Ríos de amor que aún hoy duran. Que dan para salvarnos de las aguas podridas del odio y de otras fuerzas.

Yo no me bajo del sueño sin embargo y al cine vinimos a soñar así sea con nuestras pesadillas.

Muchas gracias por venir hoy.

Ojalá les hable al oído con amor esta película.

Rubén Mendoza.