‘Celebramos el acuerdo por la educación, pero no olvidamos la brutalidad del Esmad’ Foto: Sebastián Comba.
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‘Celebramos el acuerdo por la educación, pero no olvidamos la brutalidad del Esmad’

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 19, 2018

Aunque el movimiento estudiantil en Colombia permanece unido, existen algunos desacuerdos en cuanto a las decisiones que se toman y las formas en las que se negocia con el gobierno.

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Por: Natalia Márquez y Juan Pablo Sepúlveda 

Aunque el viernes pasado se firmó un acuerdo (al que mejor se le podría llamar preacuerdo) entre los estudiantes que protestan por mejoras en la educación y el gobierno, el paro nacional que ellos habían anunciado no se ha levantado ni suspendido todavía, pues aún se deben surtir algunos trámites y socializaciones del documento en las diferentes asambleas y esto tomará su tiempo.

Sin embargo, si bien es cierto que entre el movimiento estudiantil existe un consenso sobre el logro histórico que significa lo pactado, lo es también que en nuestro equipo editorial hemos recibido algunas quejas de varios de sus miembros que están insatisfechos por el contexto en el que se llegó a la firma.

El factor principal de esta insatisfacción es el caso de Esteban Mosquera, el estudiante de música de la Universidad del Cauca, quien perdió un ojo durante la última marcha del año (13 de diciembre) después –aseguran testigos– de recibir el impacto de una granada aturdidora lanzada por el Esmad. “La educación nos está costando un ojo de la cara”, escribió un tuitero. Un estudiante, incluso, posteó el mensaje: “se vendió el paro para que le sacaran el ojo al compañero”.

El caso de Estaban, lo sabemos de primera mano, generó indignación en sectores del movimiento estudiantil que hoy se quejan internamente de que en el acuerdo no se hiciera una sola mención a un posible cambio de enfoque en la manera con la que la Fuerza Pública aborda la protesta social. Para ellos era trascendental que de cara al futuro, quedara claro que el diálogo y la conciliación se privilegiarían por encima de la represión.

Marchas del 13 de diciembre. Foto: Sebastián Comba.

 

Foto: Víctor de Currea-Lugo

 

Así que la época de final de año, junto al deseo de algunas universidades y estudiantes de terminar el semestre académico, le dieron al paro, y a lo que será de él, una especie de receso. No obstante, y como nos lo contó Andrés Gómez (representante estudiantil de la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior –UNEES– y uno de los firmantes del documento con el presidente Iván Duque), ya hay marchas y protestas programadas para 2019, en la segunda o tercera semana de enero.

¿Cuál es el estado del movimiento estudiantil en Colombia?

En las últimas semanas hemos hablado con varios representantes estudiantiles de distintos colectivos para que nos expliquen lo que sucede con el movimiento estudiantil, desde sus logros hasta sus desacuerdos y fallas. Christian Guzmán –miembro de la UNEES y estudiante de la Universidad Nacional– por ejemplo, nos dijo por ejemplo que “hemos visto un fortalecimiento muy grande en el movimiento que antes no se veía. Se le ha venido dando una gran responsabilidad a esta causa, ahora que se logró una parte de esa financiación que estamos buscado”.

Sin embargo, el representante también describe que las condiciones dentro del movimiento estudiantil son difíciles, por ejemplo, para llegar a acuerdos que tengan impacto a nivel nacional. El movimiento decide cosas como cuándo se levanta el paro o cuándo, dónde y cómo se hacen las marchas, pero también es el organismo encargado de delegar quiénes van a ser los representantes del movimiento ante las autoridades tanto locales como regionales y nacionales.

El movimiento recoge los intereses de muchos colectivos de estudiantes y universidades de toda Colombia. “Tenemos”, sigue Guzmán, “discusiones fuertes que dar todavía, sobre todo internas,  por ejemplo sobre la violencia que hemos sufrido últimamente. Parece que la sociedad colombiana aún no sabe poner una línea roja contra esos actos como el de Esteban. ¿Cuándo será que el resto de la sociedad, estudiantes o no, va a comenzar a exigirle respeto al gobierno?”

Guzmán nos explica que los desacuerdos entro del movimiento también se deben a que este es “diverso en su estructura”, pues tiene varios organismos. La UNEES funciona como una plataforma a la que se inscriben miembros de todo el país y funciona como un escenario de planeación y ejecución; la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (ACREES), que tiene procesos de incidencia local, regional y nacional, e igualmente sostiene relaciones con otras asociaciones pertenecientes, por ejemplo, a universidades privadas, de maestros y de otros colectivos no relacionados con la educación; y la Federación Nacional de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (FENARES), una federación en la que trabajan con miembros de gremios, sindicatos y mantienen comunicación con algunos partidos políticos, congresistas o dirigentes regionales.

El movimiento universitario está conformado por personas de todo el país, y según Guzmán es a la “diversidad” a lo que le apuntan, “no a la división”. No obstante, el movimiento es difícil de articular en tanto a que cada universidad y colectivo estudiantil tienen sus propias exigencias, plazos, y realidades, y juntar todos estas cosas en posiciones nacionales es una complicación tanto logística como de comunicación. Según nos lo describieron, en la Universidad Nacional, por ejemplo, tienen pliegos de exigencias por cada sede, y estos se deben acordar y juntar en una sola propuesta común para ser considerada a nivel nacional.

Los problemas de comunicación se asientan en el desafío de cómo hacer llegar la información y las decisiones casi en tiempo real a toda la comunidad del colectivo estudiantil en el país. Muchos estudiantes, el viernes pasado, creyeron que el paro nacional había sido levantado porque no todos recibieron la información de qué se firmó y porque varios medios de comunicación, con ligereza, lo dedujeron. Incluso, para algunas preguntas que nos planteamos para este artículo, consultamos a diferentes representantes estudiantiles que no pudieron darnos respuesta por no contar con una versión “oficial” para darnos.

En ese contexto, un líder estudiantil nos contó que el sentimiento general del movimiento es que están “de acuerdo con el acuerdo” y que no lo critican. Aunque este sea considera una “victoria histórica para el movimiento estudiantil”, los inconvenientes están por ejemplo en reclamos de miembros de la UNEES en lo ya mencionado. De acuerdo con esta fuente, las direcciones que tome el movimiento estudiantil se van a definir en las próximas asambleas, igual que las marchas están programadas para el próximo mes. 

 

Protesta y plantón en el Parque de los Periodistas de Bogotá el pasado 13 de diciembre. Foto: Sebastián Comba.

¿Qué fue lo que se firmó?

En los documentos que se firmaron en el Palacio de Nariño (a los que ¡Pacifista! tuvo acceso) se describe el nuevo presupuesto que tendrá el sector educación en nuestro país–el más alto en su historia– y de cuánta de esta plata de esta se le asignó a las universidades públicas (1,34 billones más). Se firmaron acuerdos y propuestas de ambas partes, y una “voluntad de negociación” de los estudiantes y del gobierno. Eso sí: no hay en ninguno de los documentos ninguna alusión directa al paro nacional o a ningún término parecido: no se habla ni de la continuidad del paro ni de su suspensión. Un paro estudiantil, nos explicaron, no puede ser cancelado por un decreto presidencial, por lo tanto el que está en curso sigue vigente.

De acuerdo con varios representantes estudiantiles de varias universidades y regiones, la suspensión del paro estudiantil depende de que cada colectivo universitario se reúna, haga una asamblea y defina si lo suspende o no. El movimiento estudiantil nacional también hace una asamblea que reúne a representantes de cada región y toma decisiones en una escala mayor.

Estudiante durante la marcha del pasado 13 de diciembre. Foto: Sebastián Comba.

¿Y los estudiantes de las regiones?

Colombia, como país centralizado, ha tenido las protestas estudiantiles centralizadas, principalmente en ciudades capitales como Bogotá, Medellín, Popayán o Cali. Los estudiantes de regiones más apartadas de la capital, entonces, han tenido que moverse hasta ella para hacerle sentir sus voces no solo al gobierno, sino al mismo movimiento estudiantil. En ¡Pacifista!, por ejemplo, conocimos el caso de 20 estudiantes de la Universidad del Magdalena, afiliados a la UNEES, quienes emprendieron una caminata desde Ciénaga hasta Bogotá para seguir protestando a favor de educación pública “gratuita y de calidad” y en contra de un “acuerdo que legitimó la brutalidad del Esmad”.

Camilo Pardo opina que “la gente que estudia en las regiones apartadas, (viniendo a Bogotá) tiene que llamar la atención de esta y de otras formas para llegarle al gobierno y también a la ciudadanía que a veces parece ignorar que existen. La gente ignora que existen sitios en donde hay personas pagadas para sacar a los estudiantes de sus campus a punta de explosivos, o que existen sitios en donde la presencia del Estado solo se da cuando llega el Ejército o cuando llega el material electoral en las jornadas ‘democráticas'”.

Según Pardo, no solo es el gobierno el que tiene a los estudiantes de las regiones descuidados, sino los mismos rectores de sus universidades y la opinión pública en general. Pardo afirma que “la gente no sabe que existen universidades donde la rectoría ha mandado quitar puertas para poner en riesgo al estudiante que acampa, que pareciera que entre mas lejos se esté de la capital se actúa como el niño que si la mamá o el papá no están hace de su casa una cochera”.