Casanare: una mirada joven a la pedagogía del Acuerdo Final | ¡PACIFISTA!
Casanare: una mirada joven a la pedagogía del Acuerdo Final
Leer

Casanare: una mirada joven a la pedagogía del Acuerdo Final

Staff ¡Pacifista! - Septiembre 19, 2016

OPINIÓN Despolarizar la discusión es el camino más sano para que el 2 de octubre celebremos la paz.

Compartir

Columnista: Andrei Gómez-Suárez*

Para ir desde Tauramena y Monterrey hasta Yopal, en el Casanare, los viajeros deben cruzar el río Charte en botes improvisados por los pobladores, que aprovechan la caída del puente para aumentar sus ingresos (cobran 2.000 pesos por persona). Me enteré de esta situación dramática, que genera filas de varios kilómetros de camiones y automóviles a ambos lados del río, gracias a la invitación de Agentes de Cambio por Casanare para hacer pedagogía del Acuerdo de Paz. Llegar a rincones de Colombia que hasta el momento muchos colombianos no habíamos pensado visitar es la mejor retribución que nos ha dejado la refrendación del Acuerdo Final entre Gobierno y las Farc.

El esfuerzo de muchos jóvenes en las regiones, que se han convertido en protagonistas de este momento histórico, es enorme. Sorprende ver cómo logran convocar a varias generaciones para involucrarse en una conversación honesta sobre las 297 páginas del Acuerdo. Ven en las visitas de expertos en procesos de paz una oportunidad para contrarrestar la desinformación;  para hacer una contextualización racional-emocional del momento que vive Colombia.

Lo que está ocurriendo en Casanare revela el gran potencial que existe en todos los rincones de Colombia para la construcción de paz. Los jóvenes de Agentes de Cambio por Casanare lograron convocar a diferentes organizaciones sociales, instituciones, administraciones locales y a la administración departamental, hoy en cabeza del Centro Democrático, para hacer pedagogía de paz por fuera de la dicotómica decisión del Plebiscito, que divide a los colombianos por el Sí o por el No.

Su objetivo de hacer una gira por cuatro municipios del departamento, Tauramena y Monterrey (en el sur), y Tamara y Paz de Ariporo (en el norte) dieron frutos: lograron convocar a más de 700 personas; asistieron jóvenes de grado 10 y 11 y adultos; algunos llegaron desde las veredas aledañas y se fueron con la cartilla del Acuerdo para Terminar la Guerra que publicó Revista Semana y con la decisión de informar a las comunidades.

En Támara, un pueblo azotado por la violencia de las Farc, los paramilitares y las Fuerza Pública encontramos el auditorio del Colegio Arturo Salazar Mejía lleno y a sus estudiantes ávidos de comprender “la reincorporación en lo social, lo económico y lo político de la Farc” y debatir a favor y en contra. Muchos jóvenes y adultos salieron con la convicción de promover el Sí; sólo una joven en voz alta, al menos, expresó su intención de promover el No. Quizá esto confirma la tendencia en las encuestas según las cuales más del 70% de los colombianos votarán Sí.

En Paz de Ariporo, el segundo municipio más grande de Colombia, donde participó la Agencia Colombiana de Reintegración compartiendo la participación de 60 desmovilizados de las AUC en la recuperación de espacios públicos para contribuir a la reconciliación, observamos con entusiasmo el compromiso del personero y de presidentes de Junta de Acción Comunal para promover más ejercicios de pedagogía en veredas a las que nunca han llegado funcionarios del Estado a desmontar la desinformación promovida a través de mensajes engañosos que circulan miembros del Centro Democrático, como Fabio Valencia Cossio, en grupos de WhatsApp.

La visita a Monterrey llamó nuestra atención sobre la poca importancia que los colombianos prestan a esfuerzos pasados por poner fin a la guerra. En este pequeño municipio de 11.000 habitantes entregó sus armas el guerrillero liberal Guadalupe Salcedo en los años 50. Sin embargo, visitar un monumento corroído por el tiempo, en ruinas por el desinterés de la ciudadanía y las administraciones locales, revela la poca importancia que estos monumentos tienen en la producción de una memoria colectiva que contribuya a formar ciudadanos comprometidos con cambiar el rumbo del país. Ojalá que los tres monumentos que según el Acuerdo Final se crearán con las armas de las Farc no corran la misma suerte.

Tauramena parece ir a contracorriente, salvaguardando la historia. Hoy está terminando de construir el archivo municipal, un edificio que no tiene nada que envidiarle al Archivo General en Bogotá. No obstante, a los jóvenes les preocupa que se convierta en un elefante blanco tras el cual se oculte el desinterés de la administración local en las transformaciones sociales que exige la construcción de paz. Una preocupación entendible si se tiene en cuenta que ni el alcalde, ni los concejales, participaron en el foro organizado por Agentes de Cambio de Casanare. Mientras la administración brillaba por su ausencia, alrededor de 260 ciudadanos expresaron sus temores y esperanzas en el primer esfuerzo por dialogar frente a los acuerdos de La Habana.

A medida que recorría las carreteras de Casanare pensaba en todos los esfuerzos involucrados en hacer realidad estos diálogos y leía tweets de otros ejercicios similares que se realizaban simultáneamente a lo largo y ancho de Colombia. Esta campaña pedagógica ha ido acercando a sectores contrarios y así poco a poco Colombia empieza a recuperarse de la fragmentación social que ha dejado la guerra. La lección de Casanare es que resulta urgente despolarizar la discusión para que de aquí al 2 de octubre logremos iniciar un diálogo nacional frente a la posibilidad de construir entre Gobierno, Farc y sociedad civil la paz que todos anhelamos.

*Profesor y Consultor en Justicia Transicional y miembro de Rodeemos el Diálogo @AndGomezSuarez