María Juliana Ruiz: entre el grito de la moda y los gritos de la política
María Juliana Ruiz: entre el grito de la moda y los gritos de la política Collage: Lady Chaparro
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María Juliana Ruiz: entre el grito de la moda y los gritos de la política

Isabela Sandoval Vela - Febrero 14, 2019

OPINIÓN | La vestimenta de la primera dama ha dado mucho de qué hablar. ¿Por qué es valido que critiquemos la moda, sin por eso ser acusados de superficiales?

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La moda es política. Con ella se expresan posturas, opiniones, rasgos culturales. Si bien lo que la primera dama eligió usar para la visita a la Casa Blanca no es lo más relevante de la reunión entre Iván Duque y Donald Trump, la reacción generada por el traje de María Juliana Ruiz no debe ser demeritada como simple farándula.

Podemos estar seguros de algo: la primera dama no usó esa chaqueta para pasar desapercibida. Su decisión de usar el diseño de Leal Daccarett estuvo influenciada por querer marcar esa primera aparición en público (después de la posesión de Duque) y en un escenario tan importante políticamente como lo es la Casa Blanca.

La opinión pública ha estado dividida entre la crítica (positiva o negativa) frente a la chaqueta y la posición de que criticar lo que vistió la primera dama no es importante o, incluso, opaca la verdadera razón por la que debería preocuparnos la reunión: la posibilidad de la movilización de 5,000 tropas estadounidenses a Colombia o de una intervención militar en Venezuela.

La realidad es que la crítica a la moda no es incompatible con la conciencia política. Bien podemos estar pendientes de cada detalle de una posible intervención en Venezuela y al mismo tiempo decir que no nos gustó la chaqueta de la primera dama. Porque la crítica en la moda, como sucede con el arte, es necesaria y le da validez.

Ahora bien, ¿hasta qué punto criticar una prenda de vestir atenta contra la primera dama en sí? En este punto debemos adoptar la premisa que rige en la argumentación y es aquella de atacar al argumento y no a la persona o, en este caso, atacar la prenda y no a la primera dama. Cuando las burlas hacia María Juliana Ruiz pasan a ser una simple caricaturización de su lugar como esposa de Iván Duque –un presidente impopular– estamos cayendo en el matoneo. Y eso sí que no tiene lugar en este debate.

Pero si se trata de hablar de una prenda de moda, que fue diseñada para ser lucida por la primera dama frente al mundo entero, entonces podemos criticarla, de la misma manera que cada año criticamos los vestidos de la Met Gala. Debemos defender, del mismo modo, nuestro derecho al humor. La chaqueta de la primera dama fue motivo de risas y eso no debería ser censurable.

Angélica Gallón, periodista y experta en moda, afirma que la moda es de suprema importancia en la política, puesto que se usa para expresar posiciones y para alinearse con distintas formas de pensar y de ejercer el poder. En ese sentido, lo que use la primera dama es pertinente en cuanto expresa una postura política que, en este caso, Gallón considera que fue la “decisión noble” de María Juliana Ruiz de utilizar diseñadores colombianos de pies a cabeza. Esto expresa una afinidad y una intención por resaltar la moda colombiana que es perfectamente válida y alabable, pero que tal vez falló en su ejecución.

Según Gallón, los asesores de la primera dama fallaron en representar lo que ella –y el gobierno de su esposo– significan para los colombianos y de ahí surge el desconcierto general. El actual presidente y el partido al que pertenecen se han caracterizado por ser de corte conservador, por apelar a la familia tradicional y por mantenerse alineados con ciertos valores políticos y estéticos que poco tienen que ver con la apuesta vanguardista y moderna con la que vistieron a María Juliana Ruiz.

Nos desconcierta ver a la primera dama vestida con diseños atrevidos y poco tradicionales porque esto refleja justo lo opuesto de lo que percibimos del gobierno de su esposo, que ha sido tradicional a más no poder. Según Gallón, otro de los desaciertos de la escogencia del traje fue la situación, puesto que una reunión entre Estados de la importancia de esta no es el mejor lugar para experimentar. Además, desde el punto de vista estético, el diseño no fue bien escogido para la silueta particular de la primera dama.

¿Por qué es mal visto que critiquemos la vestimenta de la actual primera dama, pero nunca lo fue que alabáramos el sentido de la moda de Tutina? Volviendo al argumento de la objetividad, la moda es una de las características por las que se juzga a la primera dama –no la única, por supuesto– y que está puesta al escrutinio público para que cada quien se forje su opinión, independientemente de las afinidades políticas que se tengan con cada una de ellas.

Si bien es cierto que es problemático el énfasis que se le pone a la vestimenta de las primeras damas alrededor del mundo, muchas veces por encima de sus labores políticas o filantrópicas, es necesario resaltar dos puntos acá.

El primero es que la moda en la política varía sus significados y su análisis es pertinente tanto en hombres como en mujeres: las críticas a los crocs de Álvaro Uribe, o a los Ferragamo de Gustavo Petro, o a la excesiva tradicionalidad de los trajes de Donald Trump han retumbado tan fuerte como la chaqueta de María Juliana Ruiz.

El segundo punto, y el que tal vez pueda herir más susceptibilidades, es que la primera dama colombiana se ha mantenido tan al margen del gobierno de su esposo que la primera vez que puso a hablar a la opinión pública fue por su vestimenta. Y esto también puede ser una elección política.

Así que seguiremos hablando de moda. Y de política. Y de las dos cosas juntas, porque no solo se encuentran entrelazadas, sino que no son mutuamente excluyentes. La crítica a un valor estético es tan válida como la opinión política y cuando se trata de la primera dama, lo que use siempre reflejará un valor político que es pertinente analizar.