Carta a León Valencia | ¡PACIFISTA!
Carta a León Valencia
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Carta a León Valencia

Staff ¡Pacifista! - mayo 12, 2015

Contrario a la opinión del director de la Fundación Paz y Reconciliación, León Valencia, nuestro columnista considera que los resultados de la pasada Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas sí sirvieron para algo.

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Por: Carlos Mejía Walker

Estimado señor Valencia:

Aunque algunos de los expertos de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas ya reaccionaron a su columna del 2 de mayo en la Revista Semana, en la que califica de inane el informe “Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia” y en la que relata su gran decepción hacia “tan estruendoso fracaso”, me permito escribirle así usted no vaya a leer estas palabras. Al igual que su conciencia, la mía “no me permite callar en algo que creo es de vital importancia”, pero no para la reconciliación del país, pues esta “es más bien hija del olvido”, sino para discurrir respecto de lo que como ciudadanos podemos o no esperar de la Mesa de Conversaciones, de cada una de sus comisiones y subcomisiones.

Comparto con usted la pregunta de por qué el informe no levantó ninguna polvareda, pero intento encontrar respuestas en la falta de difusión, pedagogía y tiempo, no así en el trabajo realizado. Aunque aquí, señor Valencia, debe tener presente que, a falta de polvo, uno de los informes generó toda una bola de nieve en periódicos y noticiarios nacionales e internacionales, pero no por las razones que usted quisiera. No obstante reconocer algunos esfuerzos, considero que el debate no ha sido amplio ni el informe lo suficientemente discutido. No ha circulado más allá de contados espacios a los que, si acaso, van los mismos con las mismas. Esta es la hora en la que de eso nada se sabe en lugares en donde las polvaredas se generan, no por informe alguno, sino por la falta de pavimento.

En cuanto al tiempo, es necesario tener en cuenta dos aspectos. El primero es que apenas fueron cuatro meses los que tuvieron los expertos para “acotar” en 809 páginas cinco décadas de conflicto armado y casi un siglo de violencia política, y así como a usted le pareció temerario referirse en una columna a un documento de tamaña extensión, no menos lo fue haber emprendido semejante tarea, ¡eso sí!, siempre teniendo en cuenta que se trataba de un insumo y una contribución. El segundo, es que si bien 809 páginas son poco ante “tanta tela por cortar”, son bastante para un país que, en promedio, lee entre 1,9 y 2,2 libros anualmente, lo que significa que, siendo optimistas, sólo hasta los próximos meses tendremos las primeras reacciones.

Así como usted les recuerda a los 14 intelectuales el alcance de la palabra comisión para indicarles que no cumplieron “el encargo que les hicieron” ni prestaron atención al comunicado que les confería el mandato, también es necesario tener presente palabras como insumo y contribuir. La primera se refiere al “conjunto de bienes empleados en la producción de otros bienes” y la segunda a “concurrir voluntariamente con una cantidad para determinado fin”. De acuerdo con eso, señor Valencia, debe recordar que el objeto de la comisión era “contribuir a la comprensión de la complejidad del contexto histórico del conflicto interno”, mientras el del informe servir como “insumo fundamental” para comprender las complejidades del conflicto, las responsabilidades a que ha habido lugar y para esclarecer la verdad. En los criterios orientadores, los informes se definieron como “insumos con carácter académico e histórico”, que no debían “atribuir responsabilidades individuales” y que se construían “sobre la base de la información y las investigaciones disponibles”, así como “sobre el conocimiento y trayectoria de los expertos”.

Como ve, se trata de un insumo para comprender, y para eso se requieren marcos históricos e interpretativos, que son, precisamente, los que ofrecen los informes de los expertos. Y esto último no es un asunto menor para una guerrilla bastante mayor, para la que el pasado no se remonta a Marquetalia y para la que los responsables y las responsabilidades hay que rastrearlas en los más de doscientos años de historia patria.

Señor Valencia, eso de volver la mirada atrás tampoco debe ser menor en un país en donde las coyunturas se atienden al margen de la estructura. A los responsables no se les puede encontrar al margen de la historia y de las estructuras. Y por las últimas no me refiero precisamente a las armadas. Hacerlo así permitiría recoger algunas manzanas podridas, identificar uno que otro responsable, pero no evidenciaría los problemas de diseño institucional que posibilitaron que muchas cosas se pudrieran.

Ya habrá lugar para señalar a los responsables y las responsabilidades, y entiendo que esa es la tarea que le está reservada a la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad y la No Repetición, esa en la que usted anticipa “el mismo error”. Y aunque tal vez coincida conmigo en esto último, más por obvio que por ingenioso, muy seguramente insistirá que en el caso de la Comisión “no se trataba de que cada uno resumiera en 50 páginas lo que siempre había dicho sobre el conflicto colombiano”, que “esa no era la tarea” y que “el gobierno y las FARC ya habían resuelto en la Mesa, de manera categórica, las discusiones interminables del país en los últimos diez años”. Pero aquí, señor Valencia, difiero de la intrascendencia que le asigna al hecho de que los informes, planteándolo en sus propios términos, “no aportan nada nuevo” y de que cada actor pueda escoger el que más le convenga “porque no toca a nadie, porque nadie se siente aludido”.

El hecho de que los documentos resuman “lo que siempre se había dicho sobre el conflicto colombiano” es en sí mismo un indicador de que en La Habana no se está discutiendo nada distinto a lo que siempre se ha discutido, tal vez más acotado, en un ambiente menos hostil y prepotente, pero nada distinto al fin y al cabo. Y el que los informes den para todo y nada al mismo tiempo supone entender que, aunque nuestra guerra sí tenga nombre, los grises no pueden dejarse de lado ni las responsabilidades anunciarse en blanco y negro solamente para que la prensa lo registre en sus primeras páginas y en sus editoriales.

Nuestro conflicto, además de diagnosticado de tiempo atrás, ya conoce sus fórmulas y tratamientos, y los diagnósticos se han puesto, una y otra vez, en cada una de las mesas e intentos de negociación. El problema, señor Valencia, no es de la Comisión, sino de que hoy, como ayer, como hace mucho, se esté hablando de lo mismo, y que lo de antes no haya sido tenido en cuenta ni lo de ahora esté siendo lo suficientemente apropiado y discutido.