El origen paramilitar de 'Los Rastrojos' que Paloma Valencia quiere ocultar | ¡PACIFISTA!
El origen paramilitar de ‘Los Rastrojos’ que Paloma Valencia quiere ocultar Montaje de: Natalia Torres
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El origen paramilitar de ‘Los Rastrojos’ que Paloma Valencia quiere ocultar

Santiago Vega - Septiembre 13, 2019

La foto de Juan Guaidó con líderes de esta banda criminal despierta serias dudas sobre un conflicto que se está cocinando en la frontera. 

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Que ‘Los Rastrojos’ no son paramilitares; que Juan Guaidó se toma fotos con muchas personas y que en  la que apareció con los ‘Rastrojos’ quizás fue producto de una casualidad; que ‘los Rastrojos’ son narcotraficantes “como Iván Márquez”. Estas fueron algunas de las declaraciones de la senadora Paloma Valencia después de que apareciera, en redes sociales, las fotos del presidente (e) de Venezuela (proclamado por la Asamblea Nacional) con alias ‘El Brother’ y ‘El Menor’, de la banda criminal que controla los pasos fronterizos entre Colombia y Venezuela. ¿Por qué no es tan cierto lo que dice Paloma Valencia?  Les explicamos…

Narcotraficantes, sí, y paramilitares también… 

Luego de las desmovilizaciones después del Pacto de Ralito, que comenzaron en 2003 durante el gobierno de Álvaro Uribe, el fenómeno del paramilitarismo se transformó y muchos de los “capos” que eran comandantes paramilitares conformaron sus propios ejércitos privados para continuar con el negocio del narcotráfico. También hubo algunos oportunistas que vieron, con la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el 2006 tras la ley de Justicia y Paz, una oportunidad para expandir sus mafias de procesamiento de cocaína. 

Uno de esos oportunistas fue Wilber Varela, famoso narcoparamilitar que fundó ‘Los Rastrojos’: integrado por narcotraficantes que ayer aparecieron en fotografías con el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó. 

Varela, alías Jabón, nació en el Valle del Cauca, donde empezó su trayectoria como matón y narcotraficante. Trabajó con Andrés López López, alias Florecilla, hoy libre en Estados Unidos y escritor de El Cartel de los Sapos. Y también con los Rodríguez Orejuela, capos del Cartel del Valle del Cauca y que se disputaron el control del narcotráfico con Pablo Escobar. 

Tras una ruptura del Cartel del Valle y una guerra cruenta entre clanes de familias dedicadas al narcotráfico y el sicariato, Varela surgió como uno de los capos que empezaban a trabajar con su oficina propia del crimen. Trabajaba junto con Diego León Montoya Sánchez, alias “Don Diego”, hasta que mató a uno de los amigos de su socio  y desencadenó una nueva guerra entre los dos capos. 

De esa forma, Varela creó su ejército privado llamado ‘Los Rastrojos’ en el 2006, integrado principalmente por antiguos  paramilitares de las AUC. De hecho, en 2013, según la Fiscalía, Varela compró la franquicia de Bloque Metro de los paramilitares para fortalecer su control en todo el Valle del Cauca y no tener desventaja frente a otros ejércitos, como el que conformó su enemigo “Don Diego”. Aunque a este terminó asesinándolo.  

Para la época de esa “compra del Bloque Metro”, el grupo los Rastrojos quedó conformado, según información del Ministerio de Defensa  del 2014, con 460 milicianos que se operaban por todo el Pacífico colombiano, Antioquia y Norte de Santander. Además del narcotráfico, ‘Los Rastrojos’ también se dedicaron a la minería ilegal. En el 2018 incluso se llegó a hablar de acuerdos hechos entre varios grupos armados como El Clan del Golfo,  Los Paisas y Los Rastrojos para repartir el control de economías ilegales a lo largo y ancho del país. 

La estrategia paramilitar de los Rastrojos  

Los paramilitares tienen una vocación contrainsurgente, de combate contra grupos guerrilleros y de base social. “El fenómeno paramilitar contrainsurgente terminó, pero las acciones de represalias contra el movimiento social pueden continuar por parte de estos grupos”, decía en su momento el politólogo Eduardo Pizarro, haciendo referencia al asesinato de líderes sociales por parte de élites regionales interesadas en frenar esos procesos de liderazgo; asesinatos que, valga la pena decirlo, eran ejecutados  por grupos criminales. 

Pero no se puede pasar por alto tan rápidamente la voluntad contrainsurgente de estos grupos, entre ellos la de Los Rastrojos. 

Zonas de operación de los Rastrojos. Extraído de: InsightCrime.org

En el año 2014, por ejemplo, esta organización dio a conocer un comunicado público en el que hacía énfasis en su lucha contra guerrillera. Decían en el comunicado que habían “decidido continuar con las banderas de lucha por una Colombia libre de guerrilleros” y finalizan diciendo que su lucha “será desde principio hasta el fin contra nuestro enemigos defensores de derechos humanos, Farc, ELN, EPL, como a sus organizaciones amigas”. Toda una retórica paramilitar que Paloma Valencia pretende ocultar. 

Tomada de la Fundación Pares.

El paramilitarismo no se ciñe únicamente a una relación bélica cercana con las fuerzas militares de un Estado, como argumentó la senadora Paloma Valencia en entrevista con Vicky Dávila, sino que trasciende a otros espectros. Por ejemplo, la relación de las elites regionales, que echan mano de grupos armados para ejercer control social y territorial.  Ese tipo de acciones, que han sido denominadas como parapolítica, siguen ocurriendo en departamentos como Córdoba hoy en día, como ha denunciado La Fundación Pares.

Incluso, una investigación del portal Verdad Abierta asegura que más de 16 mil personas que fueron desplazadas durante el 2006 en 42 eventos de éxodo que ocurrieron en departamentos como Nariño, Chocó, Guajira, Meta, Valle del Cauca, Cauca y Vichada. Estos desplazamientos responden a las guerras y disputas territoriales entre grupos como Los Rastrojos, Las Aguilas Negras, y los Macacos, el ejército del ex comandante paramilitar Carlos Mario Jiménez alias Macaco. 

Las fotografías con Guaidó

El pasado 22 de febrero, una batalla musical y política surgió en la frontera entre Venezuela y Colombia. En protesta contra la intervención extranjera en su país, Nicolás Maduro ordenó una serie de conciertos, “Hands off Venezuela”, mientras que, simultáneamente a eso, a 300 metros en el territorio colombiano, el concierto Venezuela Aid Live defendía la entrada de ayuda humanitaria a Venezuela. Concierto que dejó bastantes polémicas. 

Entre ellas, la presencia del opositor Juan Guaidó, a quien después de su proclamación como “presidente encargado” el 23 de enero de este año, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano le imputó medidas cautelares, prohibiendo su salida del país sin previa autorización. Sin embargo, el día del evento el líder opositor logró salir de Venezuela. Apareció en medio de la multitud abogando por la protección financiera y humanitaria de su país. 

Un video  muestra el momento en que atraviesa la frontera. Más tarde, en una rueda de prensa en la que aparece junto a Iván Duque aseguró haber sido apoyado por las fuerzas militares no fieles al régimen de Maduro: “Estamos aquí, precisamente, porque las fuerzas armadas también participaron en este proceso. Esa es la verdad”. 

A pesar de la presunción de que el gobierno colombiano lo habría ayudado, aún no ha quedado claro cómo Guaidó logró atravesar la frontera. La reciente denuncia que realizó el director la Fundación Progresar en Norte de Santander, Wilfredo Cañizares, pone en cuestión lo que sucedió. Se trata de la publicación de dos fotos en las que aparece Guaidó en compañía de dos líderes del grupo paramilitar los Rastrojos: Albeiro Lobo Quintero, alias “Brother”, cabecilla financiero del grupo que se entregó a las autoridades el pasado junio, y Jhon Jairo Durán Contreras, alias “el Menor”, herido y capturado el mismo mes por la Policía Metropolitana de Cúcuta (MECUC) luego de una balacera en la frontera con Venezuela. Esta evidencia parece llamar la atención sobre la situación y los actores que contribuyeron con la salida del líder. 

El caos de las milicias en Venezuela 

Según nos explicó Ronald Rodriguez, investigador del observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, el Estado venezolano perdió hace tiempo el monopolio de la fuerza. Según el profesor, ese proceso que inició en el 2002 con el golpe de Estado contra Hugo Chávez, explica que no todas las fuerzas militares eran fieles al régimen chavista. Por eso, Chávez decidió promover unas estructuras de milicias urbanas que se denominan “círculos bolivarianos” y se encargaría de “defender la revolución”. 

A estos grupos se les otorgó grandes privilegios, incluso hasta el punto de administrar algunas de las políticas de seguridad social de las misiones bolivarianas. Estos “círculos” desembocaron en una reestructuración de las fuerzas militares que resultaron en la creación legal de las milicias como un órgano de la fuerza militar.

“En Venezuela no se habla de las fuerzas militares, sino de la fuerza militar” explica el profesor. Porque el mando no está dividido como en Colombia, sino que está unificado. Es una forma que utilizó Chávez para tener un control total de la fuerza militar. La milicia es un cuerpo adicional, junto a la Guardia Nacional que ha adquirido con el tiempo relevancia. “Estos grupos son estructuras de vigilancia, más no de confrontación como lo sería el ejército, funcionan muy similar al modelo cubano, en la cual hay una sensación de vigilancia constante entre la población civil”. 

Ese fenómeno ha devenido que en Venezuela muchos de estos grupos, particularmente los círculos bolivarianos, tengan control territorial en algunos barrios e incluso regiones. y hayan llegado a consolidarse como grupos del crimen organizado con métodos sofisticados de criminalidad. “Eso explicaría por qué Venezuela es uno de los países más violentos del mundo”, nos cuenta el profesor. 

Las milicias bolivarianas Tomado de : Telesur

A todo eso, se suman los cuerpos guerrilleros colombianos, “que en el caso venezolano, muchas veces funcionan como paramilitares, con vínculos cercanos con el Estado. Es un fenómeno completamente inestable y volátil, en donde se encuentran muchos grupos armados que responden a diferentes intereses propios y muy particulares. Entre ellos, narcotráfico, tráfico de migrantes, explotación petrolera, entre otras actividades ilegales”.

Para el profesor Ronald, el caso de las fotografías de Guaidó puede responder al siguiente fenómeno. “Para muchos de los ciudadanos, sea Guaidó o quien sea, puede resultar necesario tener contacto con algunos grupos criminales presentes en la frontera para poder cruzar entre cada país. Sin embargo, es importante mencionar que muchas veces hubo grupos de venezolanos que se presentaron en la frontera como parte de la “resistencia” frente al régimen. Desde ese entonces yo he venido criticando ese comportamiento, porque ese es el previo a una organización armada por parte de la oposición, que puede llevar a una guerra civil”

¿Por qué no ha ocurrido?, le preguntamos. “Porque todas las armas siguen de un solo lado, de parte del régimen. Se habló incluso de la llegada de niños y muchachos que estaban dispuestos a dar su vida en una lucha armada por la libertad. Eran unos niños y jóvenes confundidos que creían poder defender un proceso democrático por medio de la lucha armada. También se habló de algunos posibles contratistas, similares a los que se vieron en guerras como la de Irak que se encargaron de estructurar un ejército para la oposición. Sin embargo, eso no ha sido comprobado en absoluto”. 

Para Colombia, añade, “es fundamental que nada de esto ocurra. Es muy directa la incidencia que puede tener todo esto en el contexto del Proceso de Paz colombiano. El futuro de Colombia y Venezuela está completamente ligado y es una responsabilidad de ambos países lograr mecanismos que controlen todo este proceso bélico”.