Masacre de Mapiripán 2018: el reciclaje del paramilitarismo Mapiripán. Foto tomada del Centro Nacional de Memoria Histórica.
Leer

Masacre de Mapiripán 2018: el reciclaje del paramilitarismo

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 18, 2018

En la madrugada de este martes, seis personas fueron encontradas en la finca Bahía Celesta, entre las veredas San Luis y la Realidad en el municipio de Mapiripán.

Compartir

Lo que se sabe

En la madrugada de este martes, seis personas fueron encontradas en la finca Bahía Celesta, entre las veredas San Luis y la Realidad en Mapiripán, Meta. Así lo informó el comandante de la Séptima Brigada del Ejército, general Jairo Alejandro Fuentes Sandoval.

Los cuerpos fueron encontrados en “estado de indefensión”, es decir, con tiros de gracia. Entre ellos, parece haber un menor de edad.

Todavía no se ha confirmado la identidad de las personas asesinadas.

Mapiripán es un corredor estratégico para el narcotráfico por su salida a Venezuela y por la cercanía con el Guaviare, tradicional zona cocalera.

Aunque no se conocen los responsables, en la zona donde fueron encontrados los cuerpos hacen presencia “Los puntilleros”, banda criminal heredera del Bloque Meta. El general Fuentes Sandoval asegura que en los últimos dos años se le han dado “golpes permanentes a esta banda”, disminuyendo el número de integrantes. Por esta razón, dice, sería posible que se esté reactivando la violencia.

Herederos

¿Quiénes son “Los puntilleros”? Según un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) de julio de 2017, los orígenes de “Los Puntilleros” son diferentes. Por un lado, se trata de grupos con ascendencia directa de los Héroes del Llano y los Héroes del Guaviare de las AUC, y por el otro,  con grupos que operan en zonas tradicionales para el narcotráfico desde los años 80.

Los Puntilleros vienen siendo una nueva versión de los bloques Meta y Libertadores del Vichada, que surgieron producto de la desmovilización parcial de las AUC en 2006.

Debido a los golpes recientes de la fuerza pública, la estructura “pasó de ser de tipo piramidal o jerárquica, similar a la de los bloques paramilitares, a una estructura casi horizontal”, dice el documento. El informe finaliza diciendo que “desde una perspectiva regional lo que preocupa no es la presencia del Bloque Meta y los Libertadores del Vichada, sino la combinación de diferentes expresiones armadas que se están configurando de forma paralela a la formación de las disidencias de los frentes 1, 7 y 44 de las Farc”.

Masacre(s)

Hace 21 años tuvo lugar una de las masacres más vergonzosas para la historia del país. En julio de 1997, dos aviones salieron desde Necoclí y Apartadó, en el Urabá antioqueño, rumbo a los Llanos Orientales. Iban cargados con cerca de 120 hombres armados, miembros de la AUC de Carlos Castaño. El propósito: expandir el proyecto paramilitar en una zona que era controlada por la guerrilla de las Farc.

Los aviones, después de hacer una parada en el aeropuerto de Villavicencio, aterrizaron en el aeropuerto de San José del Guaviare. Con complicidad de las Fuerzas militares de la zona –el Batallón Joaquín París de San José del Guaviare y el puesto Barrancón, base de la Brigada Móvil 2 sobre el río Guaviare–, los paramilitares salieron, unos por vía terrestre y otros por vía fluvial, rumbo al municipio de Mapiripán en el Meta.

(Es famosa la declaración hecha por el coronel Hernán Orozco, quien fuera en su momento comandante del batallón Joaquín París cuando ocurrió la masacre: “Los paramilitares son la amante del militar: no se pueden llevar a la casa pero hay que tenerla”).

El 14 de julio los paramilitares, con ayuda del Ejército, habían cercado el municipio. Y en la madrugada del 15 empezaron los primeros asesinatos. Durante cinco días, entre el 15 de julio y el 20, hubo inspecciones, allanamientos por parte de los paramilitares en busca de colaboradores de la guerrilla. Asimismo, durante cinco días torturaron y asesinaron a cerca de 49 personas. Muchas de ellas fueron enterradas en fosas comunes, otras lanzadas al río Guaviare.

Durante los años siguientes fueron constantes los enfrentamientos entre guerrilla y paramilitares por el control estratégico de la zona.

Portales como Verdad Abierta han señalado que el objetivo de la incursión paramilitar en la zona no era únicamente sacar a la guerrilla del lugar y controlar el corredor estratégico, sino también (y sobre todo) hacerse con grandes extensiones de terreno para la siembra de monocultivos, principalmente palma de aceite.

Según le dijo a Justicia y Paz el exjefe paramilitar ‘Don Mario’, él alcanzó a conseguir que le titularan 12.000 hectáreas a nombre de aliados o testaferros suyos en Mapiripán luego de la masacre.

Una violencia sostenida 

Mapiripán, ubicado a 11 horas al norte de San José del Guaviare, es un municipio que históricamente ha sido disputado por las autodefensas, la antigua guerrilla de las Farc y grupos dedicados al narcotráfico. Con una población cercana a los 17.000 habitantes, este territorio ha vivido un desangre constante de finales de los ochenta, cuando llegó el frente 39 de las Farc. Según la Unidad de Víctimas, este municipio tiene registradas 4.303 víctimas y la lista ha continuado creciendo con el paso del tiempo. No hay que remitirse muy lejos: en 2017 la inspección de Puerto Alvira, de Mapiripán, se quedó con 400 habitantes, cuando a finales de los noventa tenía más de 3.000. Los desplazamientos, en su mayoría, estuvieron relacionados con la guerra contra el narcotráfico.

En los noventa, los frentes 7 y 44 de las Farc controlaban la zona y algunos municipios de Guaviare. Sin embargo, en 1997, con la llegada de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), se desató una nueva ola de violencia en la región. En la década siguiente, el Bloque Centauros de las AUC y las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC) asumieron el control, no sin disputas. De acuerdo con el Centro de Memoria Histórica, las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada se desmovilizaron en 2005; registrando 209 excombatientes en el proceso. El Bloque Centauros, por otro lado, reportó 1.134 desmovilizados.

De esta desmovilización surgieron otros grupos armados, como el Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC), liderado por Pedro Oliveiro Guerrero, alias “Cuchillo”, quien se había desmovilizado con el Bloque Héroes del Guaviare. Después su muerte en 2011, cerca de 250 integrantes del ERPAC se entregaron a la justicia y otros 500 siguieron delinquiendo con dos grupos armados: el Bloque Meta y los Libertadores del Vichada.

En los últimos 15 años, la violencia se ha sostenido pero los responsables han cambiado de nombre: “los Urabeños”, el “Clan Úsuga”, “el Clan del Golfo”, “Los Puntilleros”, entre otros.  Los Puntilleros son los nuevos bloques Meta y Libertadores del Vichada y operan en 15 municipios de los Llanos Orientales, según información de la Fundación Ideas para la Paz (FIP). Este grupo opera como facilitador de los narcotraficantes en territorios estratégicos como Mapiripán. En paralelo actúan las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), grupo que ejerce control territorial y sostiene operaciones militares contra el Ejército.  Como señalábamos, los bloques Meta y Libertadores surgieron de la desmovilización de las AUC y se reforzaron con los hombres de alias “Cuchillo”.

La misión de Los Puntilleros continúa siendo la comercialización de droga y el control del corredor de narcotráfico que va desde Puerto López (Meta), hasta Puerto Carreño (Vichada), donde sale para Venezuela.

Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), Meta tiene 4.038 hectáreas de coca, una cifra que se ha sostenido parcialmente entre los últimos años. La cifra del departamento en los  últimos años ha oscilado entre 4.000 y 6.000 hectáreas de coca, el principal combustible para los grupos armados. Después del Acuerdo de Paz, al sur del Meta ha llegado un nuevo actor: la disidencia del frente primero de las Farc, al mando de Gentil Duarte y con más de 400 integrantes.

Hoy Mapiripán sufre las nuevas muertes que traen las viejas violencias.