Medellín y un nuevo pacto del fusil entre las bandas criminales | ¡PACIFISTA!
Medellín y un nuevo pacto del fusil entre las bandas criminales Foto: Mario Zamudio.
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Medellín y un nuevo pacto del fusil entre las bandas criminales

Juan Pablo Sepúlveda - Febrero 19, 2019

En teoría se acordó otro Pacto del Fusil en Medellín. Esto podrá disminuir los homicidios a corto plazo, pero no resolverá la violencia.

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Según miembros de bandas, en algunas zonas de Medellín ellos mismos hacen patrullajes junto a miembros de la Policía. Foto:  Mario Zamudio.

Este artículo podría comenzar como una buena noticia: es altamente probable que los homicidios en Medellín disminuyan en el transcurso de los meses siguientes. Esto es lo que sucede cuando en la capital de Antioquia se firma un Pacto del Fusil. Este pacto no es un cese al fuego, no, es un acuerdo al que llegan los grupos ilegales para controlar el territorio sin pisarse las mangueras. La paz de Medellín, como la hemos conocido quienes vivimos allí, muchas veces es la paz entre las bandas criminales.

En los últimos días, el Comité de Derechos Humanos de la Comuna 13 de Medellín informó que las estructuras criminales delinquen en este lugar llegaron a un acuerdo de desescalamiento del conflicto para repatirse las rentas criminales. Eso es, a grandes rasgos, un pacto del fusil, algo que la secretaría de seguridad de Medellín se ha negado a aceptar.

 

Las muertes bajan pero vuelven a subir

Para una ciudad cuyos índices de homicidios se dispararon desde que Federico Gutiérrez llegó a la Alcaldía, este Pacto del Fusil puede sonar bastante positivo. De hecho, según testimonios de varios habitantes de la Comuna 13 de Medellín (incluyendo líderes sociales), en este lugar comenzó un ambiente festivo cuando se supo del pacto, el cual se construyó durante las últimas semanas, en reuniones de capos que duraron más de nueve horas.

Pero hay que darle una mirada al pasado. Los homicidios en Medellín aumentaron de forma progresiva desde 2015, justo cuando se suspendió el último gran Pacto del Fusil. Ese año asesinaron a 494 personas, y hubo optimismo porque las cifras habían bajado de forma considerable desde 2012, cuando se presentaron 1.251 homicidios.

Incluso era común ver titulares de prensa como este:

Foto: Captura de artículo de El Tiempo.

 

Pero el panorama empeoró a partir de 2016. Ese año, fueron 533 los homicidios registrados y en 2018,  602. Y peor, ahora estamos viendo titulares como este:

Captura de pantalla de artículo de El Espectador.

 

Claro, un pacto del fusil disminuye las muertes, pero su naturaleza es demasiado endeble para considerarlo como “paz”. De hecho, según fuentes del terreno, una de las bandas del Pacto del Fusil ya desconoció lo acordado y declaró que para ellos no habrá cese al fuego.

La violencia, incrustada en las comunas

Corregimiento de Altavista, controlado actualmente por distintas facciones criminales. La seguridad de los habitantes de este lugar depende de los consensos que se puedan pactar en un Pacto del Fusil. Foto: Archivo.

 

El área metropolitana de Medellín está dividida en comunas. Son 16 en total, y en cada una de ellas ocurren actividades delictivas a diario. Esto se volvió común desde los años 70, cuando comenzaron a aparecer en la ciudad personajes como Griselda Blanco o Pablo Escobar.

Ahí comenzó con fuerza el narcotráfico desde Medellín: producción, compra y venta de drogas. Esto, por supuesto, también como la antesala a una guerra de ciudad: cada capo tenía a su servicio hombres armados para defender sus territorios y sus mercancías. En este escenario, fueron muchas las confrontaciones y ataques entre bandas (también conocidas como “combos”) en una época de la que muchos recuerdan como “la del sicariato”.

El sicariato, por supuesto, también acabó con la vida de cientos de policías e inocentes, sobre todo en los 90. Aún suenan las bombas, las balas perdidas y las historias de terror de lo que fue Medellín.

Este es un fusil de asalto de alto calibre. A este tipo de armas tienen acceso las bandas en Medellín casi sin restricción alguna. Foto: cortesía Análisis Urbano.

 

Los sicarios eran armados por el dinero de sus jefes (capos, patrones…), por lo que el acceso a armas de alto o mediano calibre nunca fue un problema para los gatilleros. Aunque los grandes capos del narcotráfico paisa fueron derrotados, la dinámica de la ciudad se mantuvo y, en vez de ser grandes narcos los que controlan el negocio, son agrupaciones, o pequeñas empresas, lasque manejan toda la dinámica. Esto no incluye entonces solo el dinero de las drogas, sino de robos, extorsiones, pagadiarios, vacunas, trata de personas, desplazamientos y otras actividades delictivas.

Los grupos armados que hoy controlan barrios enteros de Medellín están asociados, orgnizados y tienen propósitos comunes. Aunque son facciones contrarias, las bandas también mantienen comunicaciones entre ellas y a veces toman decisiones en conjunto que tienen que ver con el ordenamiento territorial, político y criminal en Medellín.

Se rompen los pactos y vuelve la sangre 

Los Pactos del Fusil casi siempre son establecidos por un término indefinido. Casi siempre se rompen por la acción de algún miembro de una banda: cuando se meten a un barrio “que no era de ellos”, cuando asesinan a alguna persona de otro bando o cuando sorprenden a vendedores de droga trabajando en barios que “no les corresponde”.

Se rompe el Pacto del Fusil y las condiciones cambian: el alto al fuego se suspende y regresa la ley del todo vale. De acuerdo con el testimonio de un hombre que pertenece a una banda de Medellín, “aquí todos van armados y están dispuestos a enfrentarse con quien sea necesario. Estamos sanos, pero si nos atacan nos vamos a defender y vamos a responder”.

Miembros de ‘Los Triana’, una de las bandas criminales de Medellín con más experiencia y control en sus territorios. Foto: cortesía Análisis Urbano.

 

Esta dinámica comenzó a ser recurrente después de la muerte de  Pablo Escobar: en ese momento los grupos paramilitares se adueñaron del narcotráfico en Medellín. De hecho, la Oficina de Envigado (que aún opera y controla gran parte de la cadena del narcotráfico de Medellín), fue fundada por alias ‘Don Berna’, un exparamilitar de las AUC que en este momento está en la cárcel.

Aunque las bandas de Medellín dejaron de ser clasificadas como paramilitares desde su desmovilización en 2006, sus estructuras militares y financieras se mantuvieron y se mantienen hasta hoy en día.

El de abajo es el documental La Sierra, del año 2005 y dirigido por Margarita Martínez y Scott Dalton. En él se evidencia cómo funcionan las bandas en Medellín: aunque han transcurrido 14 años desde que se estrenara este filme, muchas de las dinámicas de guerra dentro de los barrios de Medellín se mantienen con hechos muy similares a las que se pueden ver en el documental.

Aquí está desde cómo, dentro de las bandas, se hacen fiestas con familias y parejas, de qué manera y qué drogas consumen, o también cómo es disparar en la noche al bando rival que está atrincherado en la montaña más próxima.

El documental termina con la desmovilización del Bloque ‘Cacique Nutibara’, que entrega sus armas y firma tratados de paz y de reducción de penas con el gobierno. Hay relatos de la época que cuentan que los mismos camiones que llevaron a estos hombres a desmovilizarse los llevaron de vuelta los barrios. Allí muchos (no se sabe cuántos) siguieron haciendo lo mismo, solo que trabajando para otros patrones e identificándose con otros nombres.

El poder de las bandas de Medellín no es ya ni siquiera un secreto a voces: en la ciudad se opina, o se sabe, que, por ejemplo, “ese man es el que manda la vuelta en el barrio, el que vende y controla”. Así nos los explicó un líder social paisa que prefirió que no se revelara su nombre.“Aquí podrá entrar Policía, pero casi siempre vienen es a cobrar una cuota o a decomisar cualquier cantidad de droga. Ellos colaboran a que la situación sea así, porque al día siguiente no vuelven y todo sigue igual”.

Esta idea la corroboró otro líder social, cuya vida está amenazada en este momento. Según él, “los niños de algunos barrios de Medellín nunca ven un policía, y si acaso verán a un médico o a un profesor. Crecen con la idea de volverse miembros de una banda, pero no porque ‘los recluten’ sino porque no tienen ningún otro ejemplo”.

‘Usted no me toque y yo no lo toco a usted. Pero tóqueme y verá’

¿Ha escuchado de las fronteras invisibles en Medellín? Son lugares dentro de los barrios donde están trazadas líneas que separan un territorio de otro. Ser miembro de una banda y estar en un lugar de estos representa peligro, y más peligro aún lo es para un civil que esté ahí en el momento menos indicado y sin conocer el peligro del lugar donde está.

El pasado 21 de Julio de 2018 Kevin Julián León fue asesinado en la Comuna 6 de Medellín. Kevin tenía 16 años, iba para una clase de inglés y era un líder juvenil en su barrio. Su madre nunca supo quién lo mató, pero sí dijo varias veces que Kevin seguramente estaba pasando por una frontera invisible.

Homejane a Kevin León en el barrio Kennedy de Medellín. Foto: cortesía.

 

Estos lugares “calientes” son los que las bandas se reparten cuando hacen los Pactos del Fusil. Es decir: en la lógica de la venta de estupefacientes y de sus relaciones con la comunidad y las autoridades, las bandas establecen quién se va a quedar con qué cuadras. Cuadras llenas de familias, colegios, mascotas y demás.

Luego de que los términos están sobre la mesa, las bandas acuerdan suspender sus acciones bélicas. El líder social amenazado nos dijo “firman los pactos, descargan las armas y se quitan las máscaras. Ahí mismo se van para donde la mamás, las novias o los hermanos… Uno los conoce. Luego es asqueroso ver que los matan”.