El narco fantasma Parte 1. La cara oculta del Bloque Central Bolívar | ¡PACIFISTA!
El narco fantasma Parte 1. La cara oculta del Bloque Central Bolívar
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El narco fantasma Parte 1. La cara oculta del Bloque Central Bolívar

Staff ¡Pacifista! - Julio 18, 2015

¡Pacifista! presenta la primera parte de la historia de un personaje que atravesó las estructuras del narcotráfico desde los años 80 hasta las bandas criminales de hoy, sin que aún haya sido detectado por las autoridades. Ni la Policía, ni la Fiscalía, ni la DEA saben de él.

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Por Ana María Cristancho

“Para entender a las bacrim (bandas criminales) y el narcotráfico hoy, tiene que saber qué pasó en la desmovilización del Bloque Central Bolívar, BCB (…) Hay un personaje que se escapó de la justicia. (…) Me quiere matar porque soy de los pocos que lo conocen de cara. Ya acabó con los demás. Lo ha intentado. Por eso sólo yo toco mi comida”, dice en su celda de máxima seguridad un exparamilitar del BCB.

El 31 de marzo de 2003, las cabezas de los grupos paramilitares organizados en las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, llegaron a un acuerdo para conformar una mesa única de negociación en Santafé de Ralito. El documento lo firmaron viejos campesinos, terratenientes, exmilitares y narcos, de los cuales doce han sido judicializados, siete están extraditados, siete están muertos, seis no están identificados y uno se escapó de la justicia.

En el acta, por el Bloque Central Bolívar, la estructura más grande en número de combatientes y en municipios colonizados, hay cinco firmas, correspondientes a los máximos comandantes de este grupo: alias Javier Montañez (o Macaco), Ernesto Báez, Julián Bolívar, Pablo Sevillano y Sebastián Colmenares. No obstante, solo los primeros cuatro están en manos de la justicia, como consta en el sistema de búsqueda de la Fiscalía.

Esta investigación encontró que quien firmó como Sebastián Colmenares no se desmovilizó, no lo busca la DEA, ni la Policía o la Fiscalía. Y es posible que esté vivo, libre y que conserve su poder. ¿Quién está detrás de este alias?

Guillermo Camacho Acevedo es Memo Fantasma o Sebastián Colmenares. Su firma desapareció de los documentos de Ralito después de 2004. Se escapó del ojo de la prensa, del país y de los entes judiciales. Memo Fantasma fue borrado de los registros del BCB pese a ser el principal socio de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco. Tenía el poder para borrarse del mapa y lo hizo. Supuestamente, para continuar con los negocios ilegales del bloque que comandó.

Dos testigos que hicieron parte del BCB y del Bloque Norte respectivamente y que asistieron a Santafé de Ralito como combatientes confirmaron que Memo Fantasma huye de la justicia para cuidar el dinero y las propiedades del BCB a través de la financiación de los Rastrojos, la segunda estructura criminal más grande de Colombia. Sin embargo, hoy las autoridades no tienen pista sobre su existencia.

Un matrimonio histórico

Las líneas divisorias entre paramilitarismo y narcotráfico han sido frágiles desde los 80. Como respuesta a los secuestros de las guerrillas, muchos narcos conformaron y/o financiaron grupos de seguridad privada. A finales de esa década, el cartel de Medellín libró una guerra contra el Estado en pro de la no extradición y, finalmente, la figura penal salió de la nueva Constitución.

En ese marco, Pablo Escobar se entregó a la justicia y fue recluido en la cárcel de La Catedral, en Envigado, no sin antes encargar el negocio a sus socios, entre los que se destacaban los Galeano y los Moncada. Posteriormente, la paranoia del capo condenó a muerte a ambas dinastías. Los llevó a La Catedral, los interrogó y los mandó asesinar ahí mismo en julio de 1992, como informó Semana en su momento.

Luego del asesinato de los hermanos Galeano y Moncada, los narcos sin líder buscaron venganza creando el grupo criminal los Pepes –Perseguidos por Pablo Escobar–. Allí estuvieron acompañados de grupos paramilitares de Córdoba y Urabá, que lideraba Fidel Castaño, miembros de las Autodefensas de Puerto Boyacá, disidentes del Epl, y confesos carteles como el de Cali.

Con Escobar muerto en 1993, la alianza entre sus “enemigos” se diluyó. Se rompió el monopolio del mercado, abriendo espacio al nacimiento de toda suerte de grupos ilegales, encabezados por una generación de narcos que, con sus jefes muertos en la guerra, se disputaron el negocio en las décadas siguientes.

Uno de ellos fue Diego Murillo Toro, alias Don Berna, jefe de seguridad de los Galeano, quien llenó espacios dejados por el gran capo en Medellín y gestó la Oficina de Envigado, cuyo brazo armado fue la banda la Terraza. Ésta se rebeló en contra de su jefe en el año 2000, forzándolo a buscar apoyo –como en 1992– en los paramilitares de las Auc. Así nació el Bloque Cacique Nutibara, disfraz temporal de la organización narcotraficante.

La historia criminal de Don Berna no fue la única en la que la guerra contrainsurgente sirvió de camuflaje al narcotráfico. Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, quien hizo parte de una “sucursal” de las Autodefensas de Puerto Boyacá en Putumayo y que luego fue aliado del cartel del norte del Valle, así como Ramiro Cuco Vanoy, jefe de un grupo de seguridad privada de esmeralderos y parte del cartel de Medellín, también se unieron a la guerra paramilitar en 1997, fundando el BCB y el bloque Mineros, respectivamente.

Estas tres historias son claves para entender el papel de Memo Fantasma, quien también hizo parte de esta segunda generación de narcos que bañaron de sangre el país bajo una falsa premisa contrainsurgente que tenía como objetivo proteger el gran negocio.

El nacimiento del narco fantasma

 

¡Pacifista! estableció que a finales de los años 80 Camacho Acevedo, alias Memo Fantasma, vivía en Nueva York, donde, respondiendo directamente a los Galeano, se encargó de la distribución de la cocaína en la capital del mundo. Recibía los cargamentos, los guardaba en su casa ubicada en el Bronx y vendía a los distribuidores locales. Luego enviaba el dinero a sus jefes, camuflado en contenedores transportados en barcos desde el puerto neoyorquino hasta la costa atlántica colombiana.

De acuerdo con los exparamilitares consultados, cuando los Galeano fueron asesinados por Escobar, Memo Fantasma había recibido un cargamento de cocaína. Su consolidación como narcotraficante comenzó en este punto. Se apropió del botín ilegal, lo vendió y se quedó con sus ganancias. Con ello tuvo para comprar su propia droga en Colombia, transportarla y venderla como lo había hecho previamente, pero ahora con la ventaja de que no tenía a quien rendirle cuentas.

El disfraz de paramilitar

Quienes le conocieron dicen que Memo Fantasma regresó al país antes de 1996 y se ubicó en Caucasia, en el Bajo Cauca antioqueño. La zona era tan atractiva como estratégica por dos razones. Primero, porque había minas de oro que permitían lavar el dinero del narcotráfico con mayor facilidad. No hay forma de comprobar qué sale –o no– de una mina y, por lo tanto, las ganancias de la cocaína se pueden camuflar, una práctica que había sido inaugurada previamente en la zona por Macaco y Cuco Vanoy.

Y, segundo, porque el municipio está sobre la carretera que une al centro del país con el Caribe. Conduce directo al Golfo de Morrosquillo, donde el narcotráfico tiene varios puertos naturales. También, es parte del corredor estratégico entre el Catatumbo –limítrofe con Venezuela–, el Magdalena Medio y el nudo de Paramillo –zonas cocaleras– y el Urabá Antioqueño –zona selvática con acceso a los dos mares–.

Para 1997, la expansión de las AUC demandaba altísimas sumas de dinero. Debían aumentar el pie de fuerza y el número de armas. Estaban urgidos de una economía de guerra que lograra sostener una confederación de bloques con la dimensión de un ejército, como dijo Carlos Mauricio García Fernández, alias Doble Cero (jefe del bloque Metro), antes de ser asesinado.

El proyecto antiguerrillero coincidía con la conquista de corredores de tráfico y los narcos eran socios ideales. Vicente Castaño invitó a varios de ellos, que tuvieran grupos de seguridad privada, para patrocinar la expansión. ¿Por qué les interesaba a los narcos entrar a la guerra? Si bien estas regiones eran controladas por las guerrillas, también eran zonas cocaleras. Era una inversión: ganarle a la insurgencia dichas regiones equivalía a quitarle el control sobre los cultivos de uso ilícito.

En efecto, entregaron la responsabilidad de crear un grupo para “liberar” el sur de Bolívar al dúo de Memo Fantasma y Macaco. Juan Carlos el Tuso Sierra, el alfil financiero de Don Berna y extraditado a los Estados Unidos por narcotráfico, en versión libre del 30 de julio de 2014, dijo que desde el comienzo Macaco y Memo Fantasma eran los verdaderos jefes de ese BCB”. Posteriormente, Carlos Castaño incluyó en la cúpula a un tercero, Rodrigo Pérez Alzate, alias Julián Bolívar, un mercenario que debió coordinar la “liberación” en términos militares de las zonas cocaleras/guerrilleras.

El mismo Julián Bolívar fue claro sobre el nacimiento de la estrategia para el control de esa zona del país en una entrevista al portal Verdad Abierta, donde sostuvo que “en una reunión le dicen a Macaco y a otro paramilitar que le decían Sebastián (Colmenares), que tenían que aportar 350 hombres para incursionar en el sur de Bolívar. Macaco dijo que no podía, porque su bloque era muy pequeño. Para esa fecha ya le habían entregado la zona de El Bagre y Zaragoza. El casco urbano de Caucasia estaba manejado por Cuco Vanoy”.

Una de las fuentes consultadas dijo que, para montar el bloque, “compraron la mayor cantidad de armas para las autodefensas en su historia. Las trajeron de Jordania y otros lugares”. Igualmente, diversos informes confirman que quienes terminaron liderando el BCB entregaron cinco millones de dólares a la casa Castaño para iniciar la retoma de las supuestas retaguardias guerrilleras en 1997. El negocio resultó redondo: una muestra de ello es que allí, en el sur de Bolívar, el porcentaje de hectáreas cultivadas se triplicó en 1999 con la llegada de las autodefensas, según la sentencia contra Julián Bolívar. El Bloque Central Bolívar sirvió para que los narcos pudieran recuperar su inversión al sacar a la guerrilla de las zonas cocaleras.

“Entre 1997 y 1999 se produjeron 65.000 kilos de cocaína en el laboratorio de Piemonte, Cáceres. De ellos, 50.000 tenían el sello del escorpión, es decir, de propiedad de Memo Fantasma y Macaco. La droga salió por San Bernardo del Viento, Santa Marta y Barranquilla a través de barcos o lanchas rápidas que “preñaban” los barcos en alta mar. (…) En 2000 y 2001 se procesaron 78.000 kilogramos, de los cuales 50.000 eran de ellos y salieron del país por Buenaventura y Cúcuta (…)”, sostuvo Germán Senna, alias Nico, ante la fiscalía encargada.

 

Además de lo que dejaba la producción y exportación de cocaína, tanto Memo Fantasma como Macaco recibían dinero del uso de los centros de acopio e infraestructura para el tráfico. Los alquilaban a los demás frentes y bloques paramilitares. Tenían poder para brindar seguridad, un sistema de producción, laboratorios, pistas y “la materia prima”, como afirmó desde su extradición el Tuso Sierra.

El Tuso añadió que muchos bloques compraban droga al BCB, incluido el Héroes de Granada, en cabeza de Don Berna. Según él, el contacto para estos negocios se hacía a través de Memo Fantasma. Las fuentes y testigos desmovilizados, en entrevistas con ¡Pacifista!, coincidieron en que Memo Fantasma era el enganche con narcos mexicanos. El BCB vendía la cocaína procesada para ser llevada a México y de ahí a Estados Unidos.

Con una máquina de guerra en crecimiento, en 2003 comenzaron las conversaciones en Santafé de Ralito entre el Gobierno y las Auc. Según las fuentes consultadas, los comandantes de grupos de autodefensa, narcotraficantes y narcoparamilitares se sentaban a la mesa a pedir privilegios, a pelear entre sí y a “fiestiar”. El “desorden” en la negociación condujo a guerras entre los narcos y aquellos que defendían su carácter contrainsurgente. Guerras que ayudaron a la emergencia de bandas criminales vigentes hasta hoy, como los Rastrojos.

Ralito ya no servía

El proceso de paz conllevaba un tremendo obstáculo para los narcos disfrazados de “paras”. Muchos frentes y bloques hicieron todo tipo de peripecias para esconder sus finanzas narcotizadas. No podían acceder al perdón del Estado con los bolsillos atiborrados de dinero, pues supuestamente la guerra había sido estrictamente “contrainsurgente”. Precisamente el carácter “político” de la violencia les abría camino hacia la justicia transicional.

Esta puerta no les interesaba a los narcotraficantes, pues habían entrado a la guerra como una inversión. Era un asunto estrictamente económico: las condiciones impuestas por el Gobierno, que incluían devolver toda la riqueza, hacían inútil la lucha “contrainsurgente”. Muchos de los capos sentados en Ralito, entre ellos Fantasma, se fueron por la puerta de atrás, no sin antes garantizar el silencio de sus compañeros, que el negocio continuaría y que los millones acumulados estarían a salvo. Se borraron del mapa.