Diego Molano de ministro de Defensa: más y más de lo mismo | ¡PACIFISTA!
Diego Molano de ministro de Defensa: más y más de lo mismo Ilustración: Juan Ruiz
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Diego Molano de ministro de Defensa: más y más de lo mismo

Staff ¡Pacifista! - Febrero 2, 2021

Diego Molano Aponte llega para hacer exactamente lo mismo que su predecesor, sólo que con menos credenciales y menos experiencia.

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Diego Molano Aponte, un juicioso alfil del Centro Democrático, pronto dejará su cargo como director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE) para convertirse en el nuevo ministro de Defensa. 

¿Quién es? Molano es Administrador de empresas de la Universidad del Rosario, tiene una maestría en relaciones internacionales en la Universidad Javeriana y otra en Administración Pública de la Universidad de Columbia (EE. UU).

La carrera de Molano, a diferencia de otros ministros de Defensa, no se ha sustentado en altos cargos del Gobierno nacional (aparte de su cargo actual) o en su cercanía a las fuerzas militares o de seguridad. Su vida pública empezó en 2001, como asesor para el Acueducto de Bogotá, un cargo que ocupó hasta diciembre de 2003. Eso fue durante la segunda administración Mockus.

A algunos les costará reaccionar al hecho de que tendremos un ministro de Defensa que fue director general del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar (ICBF), entre 2011 a 2013. En fin, también fue concejal de Bogotá de 2016 y hasta 2019, y luego Duque lo nombró , en octubre de ese mismo año, en el DAPRE, un cargo que no existía en ese momento, pues el presidente decidió fusionar junto al Jefe de Gabinete el cargo de secretario General de la Presidencia. Un pequeño revolcón administrativo de su momento. 

Molano nació en Bogotá en 1970, tiene 50 años y dos hijos. Su vida académica, pública y familiar está ligada a Bogotá, otro de los cambios sustanciales respecto a Carlos Holmes Trujillo, muy reconocido en el Pacífico y otras regiones del país y del mundo, por origen caleño y su vida de diplomático. Tan bogotano es Molano que no concebía que Antonio Navarro fuera candidato a la alcaldía de la ciudad por ser pastuso, aunque la ley lo permite de sobra. 

En 18 meses –lo que le queda a la actual administración– Molano deberá afrontar una de las peores crisis de seguridad que ha enfrentado Colombia en los últimos años. El nuevo ministro, eso sí, es de la misma ala de Trujillo para explicar, casi como un teorema, que toda la violencia contra grupos como líderes sociales o excombatientes de las Farc proviene del narcotráfico. Así lo dijo en una entrevista reciente en Red +.

Ideológicamente desnudo

Mientras llegan los cambios lógicos, que no parecieran ser drásticos, Molano llega a la cartera con algunos precedentes que pueden definir desde ya su talante. En el marco de las protestas por el histórico Paro Nacional de noviembre de 2019, se revivió un video que Molano había grabado cuando era concejal, con una ironía extraña, en el que proponía “El Protestódromo”, un lugar ficticio parecido a un estadio donde hasta 50.000 protestantes se reunieran a manifestarse. Parte del chiste incluía réplicas de buses y estaciones de Transmilenio para que los ‘marchantes en círculo’ rayaran y destruyeran. La sátira, por muy sátira que sea, habla de cómo percibe la movilización social respecto a, por ejemplo, la movilidad, y deja ver su culto hacia el mobiliario de las ciudades. Ahora tendrá en sus manos la decisión sobre las manifestaciones o movilizaciones en serio. Sin chistes.

Como si se tratara de algo reglamentario, que ya no sorprende a nadie, Molano, como buen hijo del Centro Democrático, también ha expresado su posición de rechazo a la Jurisdicción Especial para la Paz, incluso lo hizo a través de twitter.

En resumen, pocas sorpresas y más de lo mismo. Con todo y el luto (natural y decretado) por la muerte de Carlos Holmes Trujillo, lo cierto es que dejó este mundo con muchas más preguntas que respuestas, a pesar de que las mociones de censura no prosperaron. Esas dudas vienen especialmente por los hechos de violencia de la Fuerza Pública hacia civiles, entre el 2019 y 2020, y por el ya sistemático exterminio de líderes sociales y excombatientes de las Farc. La única explicación con Trujillo siempre fue el narcotráfico, como si no fuera su deber proteger a todos los colombianos de esas balas. Con Molano, no parece que se termine esa desidia por ignorar que la ola de violencia, con 6 masacres y decenas de asesinatos selectivos en el primer mes de 2021, tiene otras explicaciones.