‘En Colombia la equidad de género suena muy bonito, pero no es real’
Leer

‘En Colombia la equidad de género suena muy bonito, pero no es real’

Silvia Margarita Méndez - Julio 11, 2018

#Divergentes | El 54 % de quienes se gradúan de educación superior son mujeres. Aún así, recibimos 18 % menos de salario. Charlamos del país con Diana Espinosa, de ONU Mujeres.

Compartir

Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales. Para ver todos los contenidos haga clic acá.Pese a que el país ha tenido progresos significativos para la igualdad de género y los derechos de las mujeres, estos han sido insuficientes y demasiado lentos: todavía tenemos 20 puntos porcentuales menos que los hombres en participación laboral, 5 puntos más de desempleo, dedicamos el doble del tiempo a la economía del cuidado, y aún son muy pocas las que ocupan cargos de dirección en el sector económico y cargos públicos.

Por ello, en el marco de la Cumbre Nacional por la Igualdad, llevado a cabo el pasado 4 y 5 de julio, hablamos con Diana Espinosa, Oficial de Empoderamiento Político y Económico de ONU Mujeres sobre la situación de equidad de género en Colombia.

Como principal reto para el nuevo Congreso de la República, que para este cuatrienio bajó un punto en cuanto a representación femenina, las Naciones Unidas destacan la solidez normativa que tiene el país en derechos de las mujeres aunque sin voluntad política ni presupuestos reales para que esta pueda implementarse. Hacen un fuerte llamado a que en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo y el presupuesto plurianual de inversiones tengan realmente músculo financiero con enfoque de género para poder pasar del papel a la realidad.

¿Cuál es el panorama actual de empoderamiento femenino en América latina, especialmente en Colombia?

En América latina y en general en el mundo entero no hay ningún país que haya logrado la igualdad de género. En 2015 se hizo un balance a propósito de la plataforma de acción de Derechos Humanos de dePekín que se acogió en una asamblea de la ONU, en donde todos los estados hacían unos compromisos. El resultado de dicho balance es que se mantienen las brechas de género en el mundo entero, aunque algunos países nórdicos han logrado muchas más aproximaciones a que el hecho de nacer mujer o nacer hombre no tenga realmente ningún impacto en la situación laboral, de salud, educación, acceso a bienes y recursos, o en términos de posibilidades de garantía para el disfrute y goce de los derechos. Pero en general, las brechas en el mundo entero persisten.

Ahora, el Foro Económico Mundial en el informe anual que realiza sobre brechas de género, muestra que en Colombia cada vez hay menos diferencia en cuanto a educación. En el país, por ejemplo, quienes se gradúan de eduación superior son el 54 % mujeres. Sin embargo, en términos económicos y políticos la brecha salarial sigue siendo el punto álgido en todo el mundo. Mujeres con la misma formación y que ocupan los mismos cargos que los hombres reciben en Colombia 18 % menos de salario. Las mujeres en el mundo entero son alrededor del 20 % de los parlamentos. Este nuevo Congreso de Colombia tiene grandes retos para las mujeres, ahora más que la proporción de participación femenina bajó a pesar de la ampliación de curules asignadas en el marco de la implementación del acuerdo de paz. La cifra está en 20%, es decir 56 mujeres que están próximas a posicionarse este 20 de julio.

¿A qué se debe este bajón en la participación política femenina en el nuevo Congreso de la República?

Primero, a la forma en que está organizado nuestro sistema político electoral. Como los congresistas pueden repetir infinitamente su curul, quienes ya ostentan el poder están en otras condiciones para participar. A esto súmale que en su mayoría quienes hacen esto son hombres, o sea el 80 % del Congreso. Es mucho mas fácil competir en campaña siendo ya congresista. También hay temas alrededor de la financiación de recursos, de cómo se maneja el poder más allá de quién lo ostente o cómo se define quién hace la lista en cada uno de los partidos. Por eso se necesitan normas que puedan democratizar los partidos: incluir a quienes tradicionalmente no han tenido poder, como las mujeres, que son más del 50 % de la población colombiana.

¿Cómo ha venido evolucionando Colombia en equidad de género? 

Hemos venido creciendo en los últimos 60 años, eso es un hecho. Desde que las mujeres empezaron a verse en el Congreso la cifra se ha logrado incrementar a más de un 20 %. Eso es mucho considerando que empezamos con solo el 4 %. Sin embargo, no ha sido suficiente. El ritmo que da la cultura para este incremento es vergonzozo, sobre todo porque el argumento de la mayoría de mujeres para no participar en política y representar a su género generalmente se basa en la dificultad que significa ocupar estos roles siendo mamá, cabeza de familia, encargada del cuidado del hogar, etc. Eso culturalmente todavía pesa mucho.

ONU Mujeres habla de que más allá de las iniciativas que se quieran tener desde el Congreso, para avanzar en equidad de género lo que falta es músculo financiero. ¿A qué se refieren con eso? 

Un poco desde el balance que estamos haciendo, hemos concluido que este es un país que ha ratificado todos los tratados internacionales con un monton de leyes y base normativa supremamente sólida con respecto a derechos para las mujeres: hay planes y programas muy importantes, hay una política nacional de equidad para las mujeres, hay políticas nacionales para mujeres rurales, es decir hay mucho! Pero el problema es que todo eso tan bonito no se implementa. Por un lado por la incapacidad técnica en los equipos del Estado para entender cómo trabajarlos, pero sobretodo porque no hay recursos para hacerlo.

Estas cosas no pasan por arte de magia, esto necesita financiamiento y recursos específicos. Para la muestra un botón. Cuando tú miras la correspondencia de estos planes y los recursos con los que cuenta la Consejería Presidencial de la Mujer, que son alrededor de 350 millones por año, es absolutamente ínfimo. Con esa plata es casi imposible tener un rol de coordinación como el que necesita la Consejería.

¿Eso sucede porque se pierden recursos en el trayecto?

Sí, pero fíjate que la Dirección de Mujer Rural tiene una asignación presupuestaria súper baja. Es decir, el sector rural del país tiene muchos recursos, pero a esta dirección le asignan pocos. No estamos diciendo que los deben tener todos sino que hay que generar un balance en la destinación de estos para cerrar estas barreras. En Mujeres Cafeteras, por ejemplo, muchas no reciben salarios, jornal. Y no pasa porque se considera que eso es parte de la ayuda. Es decir, como las mujeres viven allí mismo, cocinan para todos los trabajadores, ayudan secando el café, su trabajo entonces no es remunerado.

¿A eso se refiere la ONU cuando dice que ‘la situación actual de la mujer en Colombia es como intentar levantar un elefante con una pulga’?

¡Claro! En la intervención de la cumbre mostramos una gráfica en la que aparece un enorme elefante que intentamos mover con una palanca, y al otro lado de la palanca ponemos a una pulga. El elefante sería mover al Estado y a la sociedad para la igualdad de género, con esta cantidad mínima de recursos que sería lo que representa la pulga. No es posible hacerlo. Necesitamos una forma mucho más estructurada con recursos financieros realmente sólidos.

¿Cómo lograr que las mujeres entendamos nuestro verdadero rol en la sociedad y no caigamos en el lugar común de pensar que la equidad de género se trata de igualarnos a los hombres?

Eso que dices es cierto, pero es que poner a las mujeres solas en esta responsabilidad, lo que hace que esto no avance. Decimos: ¡mujer, empodérate!, pero cada valiente que se anima a hacerlo pasa por el riesgo de que la maten. Cada tres días en este país a una mujer la mata su pareja o expareja. En su casa. No porque iba en la calle y la iban a robar, no porque salió de un cajero con mucha plata, no porque era guerrillera, o criminal, sino porque se estaba “empoderando” en su hogar, seguramente poniendo límites. Eso es lo que no podemos permitir.

El presidente de Costa Rica, por ejemplo, contaba que cuando nombró a su gabinete,  al llamar a los hombres él ni siquiera les terminaba de explicar en el ministerio en el que iban a estar y ya estaban aceptando. En cambio, a todas las mujeres que contactó, tuvo que llamarlas por lo menos dos veces. Todas le dijeron “debo consultar con mi esposo, debo ver esto con mi familia, con mis hijos”. Nosotras tenemos una forma de relacionamiento distinto, no es que seamos inseguras, o que es que nos falta ser más fuertes…no, nos enseñaron que esta es la forma de relacionarnos. A los hombres en cambio les enseñaron que no hace falta. Que pueden ir por la vida y las mujeres los van a seguir, como cuando los trasladan de un trabajo a otro, o de una ciudad a otra.

 

ONU Mujeres también habla de la importancia de la ley orgánica de presupuesto, que desde hace un buen tiempo se viene mirando en el Congreso de la República ¿qué querían decir con eso?

Este Congreso ha venido intentando hacer una reforma a la ley orgánica de presupuesto y es la forma en la que se distribuyen los recursos del Estado. Qué va a qué sector y con qué reglas. Por ejemplo, transferencias territoriales que normalmente llegan amarradas solo a salud, educación y agua potable. Entonces, como se va a hacer una reforma, parte de las propuestas de toda esa ley es que puedan incorporar un enfoque de género en ella. Eso significa tener en cuenta esto en el clasificador presupuestal y poder hacer una distribución más equitativa en los territorios.

¿Y cómo va esa reforma?

Esta ley se ha presentado varias veces, incluso se ha archivado. Sin embargo, esta es una de las reformas más importantes que tiene pendiente el nuevo Congreso de la República. Hicimos también un balance de todas las normas y leyes que hay sobre los derechos de las mujeres y de los proyectos que quedan pendientes de aprobación que ya surtieron un proceso en el Congreso, como por ejemplo la propuesta sobre los cuidadores de personas en condición de discapacidad o de la tercera edad o enfermos terminales, o como la creación del Registro de Deudores Alimentarios Morosos (Redam) como mecanismo de control al incumplimiento de las obligaciones alimentarias.

Por último, las organizaciones han hecho saber algo que parece insignificante pero repercute bastante a la hora de tomar decisiones con enfoque de género, y es que en las mayoría de entidades del Estado no hay datos desglosados en sexo y análisis. ¿De qué manera esto pone a la población femenina en desventaja?

Te voy a dar un ejemplo concreto. Hay una ley del 2011 que es la ley de partidos políticos. Esa ley dice que los partidos que más elijan mujeres en corporaciones públicas (Asambleas, Consejos Municipales y Congreso) obtendrán un 5 % de financiación adicional del Estado. El 1 de enero de 2012 los mandatarios y mandatarias se posicionaron. En 2014, dos años después, tuvieron que hacer dos veces la asignación de los recursos porque en realidad no tenían idea cuántas mujeres habían quedado electas. ¡Con dos años ya ejerciendo! Es decir entregaron unos recursos para luego tener que hacer una nueva resolución cambiando los montos porque se dieron cuenta de que a unos partidos se les había dado más y a otros menos porque la cifra no era correcta. Es un dato que parece básico: cuántas mujeres fueron electas y listo. Pero no, acá fue como un misterio astrológico que nadie podía entender exactamente.

No sabemos tampoco cuánto es el desempleo para mujeres y hombres, cuántos de ‘Ser pilo paga’ son hombres y cuántos son mujeres, no hay datos desagregados de mujeres rurales que son en una misma un mundo de diversidad (afro, indígenas, etc.) Parte del esfuerzo por la equidad de género también está el saber bien lo cuantitativo porque eso nos permite no solo registrar sino tomar decisiones y medidas puntuales.