¿Por qué Colombia debería ponerle atención a Chimamanda Ngozi Adichie? Collage por: Lady Chaparro
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¿Por qué Colombia debería ponerle atención a Chimamanda Ngozi Adichie?

Isabela Sandoval Vela - Febrero 4, 2019

En el marco del Hay Festival 2019, Chimamanda Adichie nos enseña acerca de la importancia de narrar la guerra y de leer voces femeninas.

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Chimamanda Ngozi Adichie escribe acerca de la guerra. También lo hace acerca de las implicaciones de ser mujer negra, de la experiencia de migrar, de feminismo. Sus relatos están colmados de voces femeninas que le hablan al lector acerca de los vestigios del colonialismo en Nigeria, siendo uno de ellos la estructura patriarcal que abre paso a la desigualdad de género y a la violencia sexual e intrafamiliar.

Como una de las invitadas destacadas al Hay Festival de Cartagena 2019, Adichie dio una charla acerca de la cercanía entre la literatura y el periodismo, teniendo como punto de partida las reflexiones de Gabriel García Márquez, a quien nombró como una de sus influencias. Además de esto, en una rueda de prensa habló de su papel de ícono feminista –algo que no tenía como intención– y de cómo la escritura se le ha convertido en una herramienta para luchar contra la desigualdad de género y expresarse artísticamente. Su participación en el festival se encuentra en perfecta sintonía con aquello que nuestra literatura pide a gritos: más voces femeninas.

Los personajes de Medio sol amarillo, su novela de 2006, se ven obligados a dejar sus hogares y migrar por varias ciudades de Nigeria hasta establecerse en un campo de refugiados. Ifemelu, la protagonista de Americanah decide migrar desde Nigeria a Estados Unidos para hacer sus estudios universitarios; allí siente por primera vez lo que significa ser una mujer negra no estadounidense y se encuentra con las concepciones que tienen de los africanos las personas de todas partes del mundo. Akunna, la protagonista del cuento Algo alrededor de tu cuello inicia una relación con un hombre blanco estadounidense que muestra una fascinación folklórica por lo que cree conocer de África y no entiende muchos de los conflictos a los que ella se enfrenta al vivir con ciertos lujos que en su país natal eran inimaginables.

Si bien los relatos de Adichie parecen estar enraizados en una tradición africana, alejada de nuestra propia concepción del mundo, la realidad es que existe una cercanía mayor a la que imaginamos cuando se tiene en cuenta nuestro propio contexto colombiano y los vestigios de guerra y migración que nos caracterizan.

Leer a Adichie es acercarse a las vivencias que tienen las mujeres cuando se ven envueltas en una guerra, es escuchar las voces a las que menos se les suele preguntar acerca del conflicto y es ver desde una perspectiva poco explorada lo que implica hacer parte de lo que otros denominaron por nosotros “el tercer mundo”. Sus relatos están colmados de erotismo, uno que funciona como vehículo para narrar la violencia (de manera cercana a la propuesta de Evelio Rosero con Los ejércitos), y que aboga por la apropiación de la sexualidad femenina y por la inclusión de roles de género diferentes a los más tradicionales.

Cuando se habla de guerra se suele pensar en algo masculino; al incluir a las mujeres se hace la rápida asociación con la categoría de víctima y con la violencia sexual. Sin embargo, Adichie hace énfasis con su literatura en el hecho de que las mujeres no son solo víctimas; ellas participan de forma activa en la guerra, apoyando causas políticas y luchando desde diferentes frentes por sobrevivir y por mantener vivos sus ideales.

Decir que las mujeres participan de la guerra de otras formas no pretende desconocer que son víctimas en gran medida: se estima que 49,5% de las víctimas del conflicto colombiano hasta antes de la firma del Acuerdo de Paz fueron mujeres. Del mismo modo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados estimó que las mujeres representan el 49% de las personas refugiadas en todo el mundo. Las historias que narra Chimamanda, aun así, superan este panorama de tragedia para adentrarse en las luchas de resistencia y en las diferentes formas en las que las personas se sobreponen a las adversidades y le dan nuevos sentidos a las dificultades que enfrentan.

Desde la difusión de sus TEDxTalk We should all be feminists y The danger of a single stor”, Adichie se posicionó como una de las abanderadas del feminismo del siglo XXI y de los movimientos de mujeres negras y africanas. Su trayectoria como escritora, ensayista y profesora le otorgó el status de una de las autoras más relevantes actualmente y cada año sus talleres de escritura creativa dictados en Lagos tienen cupo lleno.

El conflicto colombiano, al igual que el de la Guerra de Biafra –que la autora narra en profunidad, por ejemplo, en Medio sol amarillo– ha sido contado miles de veces y de infinitas maneras. El vacío se encuentra, sin embargo, en el lugar de las narraciones femeninas y en el reconocimiento del lugar activo que tienen las mujeres dentro de este contexto. La inclusión de narraciones por parte de mujeres, no obstante, no es suficiente si no se tienen en cuenta las particularidades de cada historia y de cada forma de contarla. La de Adichie es una; en Colombia hay, con seguridad, muchas otras. Por eso es pertinente que leamos autoras, que escuchemos nuevas historias acerca de la guerra, acá y allá, aunque creamos conocerlas todas.