Cartas a las Farc: "Quiero, de corazón, que vuelvan a sus casas" | ¡PACIFISTA!
Cartas a las Farc: “Quiero, de corazón, que vuelvan a sus casas”
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Cartas a las Farc: “Quiero, de corazón, que vuelvan a sus casas”

Staff ¡Pacifista! - Octubre 20, 2016

Presentamos la cuarta de 5 misivas que algunos colombianos le escribieron a la guerrilla. Actos para reconciliarnos.

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Ilustración: Natalia Mustafa

La derrota del Sí en el plebiscito del 2 de octubre sumió al país en la incertidumbre: a los campesinos, a las víctimas y también a los guerrilleros. El lunes siguiente, las impulsoras de #UnaCartaParaLaPaz les propusieron a ciudadanos de Bogotá, Cali y Medellín que escribieran un texto dirigido a los miles de combatientes que estaban a punto de dejar las armas y ahora no saben cuál será su futuro. Las misivas son una prueba de que hay gente en las ciudades que está pensándolos en este momento histórico. Además, es un espacio de reflexión sobre cómo nos sentimos los colombianos frente a los miembros de las Farc. ¡Pacifista! reproduce la tercera de una selección de cinco cartas a guerrilleros.

A mis hermanos,

El 2 de octubre fue uno de los días más tristes de mi vida. Recibí la noticia de que había ganado el NO, como un baldado de agua fría. No pude entenderlo. Me ha costado mucho trabajo aceptarlo. Tengo 50 años y desde que nací he oído hablar de violencia, muerte y dolor. En algunos momentos de mi vida, ese dolor ha estado cerca, muy cerca. Sin embargo, yo he sido de los afortunados que ha podido llevar una vida tranquila en un país donde la guerra es la noticia de todos los días. 

Tenía mucha esperanza en que este proceso nos diera la oportunidad de comenzar a construir la paz, esa paz con la que he soñado durante tanto tiempo para mis hijos. Sabía que sería difícil, pero nunca me imaginé que el miedo y el escepticismo, nos paralizaran como sociedad. Me ha dolido ver que quienes han estado lejos de la guerra hayan sido quienes más se han opuesto al proceso, sin tener en cuenta a aquellos que más la han sufrido: los campesinos, las víctimas del conflicto, los soldados y guerrilleros que han estado combatiendo durante tanto tiempo.

He pensado mucho en cómo se sentirán ustedes, para quienes este proceso significaba dejar las armas y el monte para ser parte de la sociedad civil. Me imagino lo difícil que debe ser este momento de incertidumbre. Espero que las cosas se resuelvan y que no perdamos esta oportunidad que ha estado tan cerca, de abrirnos un camino hacia la paz, hacia la reconstrucción de nuestro país.

Tratando de entender lo que pasó, he pensado que tanto tiempo de violencia, tantas desilusiones sufridas, tantas angustias vividas, nos han llevado a pensar que esa es la única forma en que se puede vivir. Casi como si no mereciéramos nada más. Hemos perdido la fe en nuestro país , en nuestros gobernantes y en nuestra gente. El escepticismo y la apatía se han apoderado de nuestros corazones. 

Ahora el reto es volver a creer y soñar que la paz es posible, y en que la vamos a poder construir todos juntos. Para la mayoría, esta guerra no fue una opción, sin embargo, estoy convencida de que hacer la paz sí es algo por lo que uno puede optar. Creo firmemente en que podemos optar por entendernos, por aceptar nuestras diferencias y respetarnos. Creo firmemente en que TODOS juntos podemos trabajar por construir un mejor país para todos, donde todos quepamos sin importar nuestras creencias, razas o ideologías, donde haya más igualdad, y podamos expresar nuestras ideas libremente. 

Quiero de corazón que todos los guerrilleros y guerrilleras que hoy están en el monte, sufriendo por la incertidumbre de este momento, puedan volver a sus casas, puedan llevar una vida tranquila lejos de las armas, puedan ser recibidos como hermanos y no rechazados como enemigos. 

Por mi parte y la de mi familia, estamos dispuestos a seguir trabajando para que eso sea posible.

Seguiremos apoyando el proceso y haremos lo que podamos para poder pasar definitivamente este capítulo de nuestra historia y volver a vivir como compatriotas  y como hermanos. 

Con un abrazo sincero,

Pilar