“A pesar del dolor, nosotras queremos un país en paz”: madres de Soacha
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“A pesar del dolor, nosotras queremos un país en paz”: madres de Soacha

Natalia Márquez - Agosto 29, 2018

#Divergentes | La representante legal de la organización MAFAPO nos habló acerca de la primera audiencia en la que 14 militares involucrados en estos asesinatos comparecieron ante la JEP.

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Desde agosto de 2008, en Colombia escuchamos frecuentemente las voces de las madres de Soacha. Sus hijos, 19 jóvenes que vivían en barrios populares, desaparecieron. Dos meses después, cinco de ellos fueron encontrados muertos y desnudos en una fosa común en Ocaña, Norte de Santander, pero del resto no se volvió a saber. Sus asesinatos fueron documentados, investigados y al final involucrados en el escándalo de los llamados falsos positivos que se dio durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Al escabroso descubrimiento lo llamaron “ejecuciones extrajudiciales”, que se trataba de miembros de Ejército Nacional haciendo pasar a civiles inocentes como guerrilleros muertos en combate para demostrar resultados de la política de “seguridad democrática”.

Una década exacta después, justo en este mes de agosto, se llevó a cabo la primera audiencia en la que 14 militares directamente involucrados en dichos asesinatos compadecieron ante la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y, luego de años de zozobra, pidieron perdón a las víctimas. Aunque este es solo el comienzo de un proceso difícil en términos de reparación simbólica, dignificación de la memoria y perdón, muchos de los afectados siguen sin sentirse satisfechos. Algunas madres y familiares creen que este es un gran paso para llegar a la verdad que por años han pedido a gritos, mientras que otros consideran que esta nunca va a llegar de manera genuina por toda la falsedad que, aseguran, persiste en el proceso.

Desde Divergentes hablamos con Jacqueline Castillo Peña, integrante y representante legal de la organización MAFAPO (Madres de los Falsos Positivos de Soacha y Bogotá) acerca de la tan esperada audiencia. Jaqueline, hermana de Jaime Castillo, uno de las cinco personas que aparecieron en la fosa común, señaló su descontento frente a lo ocurrido y su desconfianza hacia la verdadera voluntad de los militares que están compareciendo. En nombre de las madres y de todas las víctimas, Jacqueline exige una verdad con consecuencias, más que palabras preparadas por abogados y disfrazadas de perdón.

Supimos que en un principio solo tenían acceso a la audiencia las cinco madres involucradas en el descubrimiento de la fosa. ¿Cuál fue el proceso al que acudieron ustedes, como organización, para lograr el ingreso del resto?

Nosotras como fundación tuvimos que radicar un proceso de petición y buscamos que se hiciera público. Hemos acudido mucho al apoyo de periodistas, que ha sido bastante importante para nosotros para visibilizar esto de alguna u otra manera. Así logramos que nos permitieran entran a las demás víctimas.

¿Cómo viste la audiencia? ¿Cómo te sentiste?

Bastante dura porque nosotros, en reuniones previas con la JEP, sugerimos y solicitamos es que esta audiencia fuera aplazada para poder tener tiempo de preparación. Sin embargo no lo aceptaron. Los privilegios finalmente siguen siendo para los militares. Por la justicia ordinaria, cada vez que ellos querían aplazar por una u otra razón, la aplazaban. Así las cosas, sentimos que esta justicia tampoco nos ha dado garantías. Llegamos a la audiencia sin preparación y desamparadas. Tres de las mamitas se pusieron bastante mal y tuvieron que llamar a los paramédicos. Hay dos que se les subió la tensión mientras que a otra se le bajó y tuvieron que prestarle asistencia prioritaria. Mejor dicho, llegamos allá casi vendadas a escuchar qué era eso que nos tenían que decir.

¿Es la primera vez que ustedes vieron a los militares involucrados?

No, ya en otras ocasiones habíamos tenido la oportunidad de verlos en otras audiencias porque normalmente, bajo la justicia ordinaria, ellos también tuvieron que comparecer y allí estuvimos. De pronto no se presentaban todos porque aplazaron mucho las audiencias ya que no llegaban todos o algo curiosamente pasaba. Normalmente decían que alguno de los abogados estaba enfermo o pedían todo el tiempo permiso para que los pudieran sacar de donde estaban recluidos. A veces decían que en la Sala hacía mucho frío y alegaban que si la podían cambiar porque el aire acondicionado enfermaba a los abogados de ellos. En otras ocasiones decían que hacía mucho calor o que la silla era muy incómoda. Básicamente se cogían de cualquier excusa. ¿Qué voluntad es esa entonces?

¿Y en general, cómo se han sentido durante el proceso?

Ayer, casualmente, tuve una reunión en la Comisión de la Verdad y una de las cosas que yo les dije fue precisamente eso: en estos diez años de lucha, tristemente no hemos tenido ningún respaldo del Estado. Es que para absolutamente nada. Llámese Procuraduría, Fiscalía, Defensoría del Pueblo, o los mismos abogados, no sentimos que hemos tenido ese apoyo que realmente necesitamos. Lo que hemos logrado en cuanto a fortalecimiento y sanación lo hemos hecho nosotras mismas, con nuestras uñas porque ni siquiera decir que tenemos recursos.

La gran mayoría de estas mamitas son mamitas muy humildes, en su mayoría no tienen trabajo, entonces ha sido bastante difícil porque el traslado desde Soacha a acá representa gastos. Es muy triste todo el burlesco que ha habido de parte de todos estos miserables, por no decirles otra cosa. A nosotras nos ha tocado buscar de donde no hay porque son dos pasajes de bus para acá, dos pasajes de regreso, para venir uno a sentarse en un auditorio de estos una, dos y hasta tres horas para que finalmente nos digan “no hay audiencia”. Ellos, en cambio, sí llegan en carros o en taxi y no les importa la situación de las víctimas. Estamos totalmente en abandono.

¿Jacqueline, quién era tu hermano?

Mi hermano se llamaba Jaime Castillo, tenía 42 años y pasaba la mayor parte del tiempo en el sector de Álamos. Él permanecía mucho en el semáforo al frente de Cafam de la Floresta porque trabajaba en la calle, vendía dulces o limpiaba los vidrios de los carros. Los de los restaurantes lo conocían porque él duró mucho tiempo por ese sector. El 10 de agosto fue el último día que supimos de Jaime porque llamó tipo diez de la mañana a una de mis hermanas en Álamos para que le guardara almuerzo. Cuando salió de allí la mamá de mi cuñada dice que lo vio al frente de la Alcaldía de San Cristóbal con dos tipos en un carro rojo. Fue la última vez que supimos de él. De hecho cuando lo encontramos, en las fotos de Ocaña, estaba con la ropa que le vieron la última vez.

Alexander Carretero, uno de los reclutadores de jóvenes, se encuentra en una cárcel en Cúcuta. Desde allá confesó que él sí se llevó a Jaime, luego de que le mostraron sus fotos. Sabemos que él andaba en un carro rojo cuando reclutaba a los muchachos y que viajaron el 11 de agosto en la noche. Según su testimonio, ellos llegaron a Ocaña y allí estaba un militar que los recibió. Seguidamente los llevaron por el camino donde supuestamente los iban a llevar a las fincas donde les iban a dar trabajo, y ya estando en el camino, en el monte los mataban.

¿Después, cómo fue la búsqueda de Jaime?

Cuando vi esa noticia de lo de Soacha me pareció terrible lo que estaba pasando pero jamás me imagine que nosotros también estuviéramos formando parte de eso. Por una sugerencia de la investigadora que estaba bajo el caso de la desaparición de mi hermano, busqué entre los muchachos que encontraron en Ocaña y al momento de preguntar en Medicina Legal, la sorpresa fue absoluta. Entre los 11 cadáveres que no habían sido identificados, solo había uno con la edad aproximada de 40 – 45 años. Cuando me mostró la foto: ¡oh sorpresa! era mi hermano. Ante eso me dijeron allí: “¿pertenecía a la guerrilla?”, a lo que yo dije que no. Luego me respondieron: “pero aquí figura como guerrillero muerto en combate”. En ese momento, me di cuenta que algo gravísimo estaba pasando.

¿Cuánto llevaba de desaparecido tu hermano cuando lo hallaron en la fosa?

Dos meses.

¿Quiénes eran los dueños de los terrenos donde lo encontraron?

Los terrenos en donde está la fosa común es una finca de propiedad privada. Yo me pregunto ¿cómo una persona permite que entierren gente ahí? Según él los cementerios no daban abasto. Y entonces él alquilo el terreno y le pagaban por el terreno. Tú sabes que todos estos crímenes los hicieron con fines muy claros que eran para reclamar asensos, medallas, vacaciones y dinero.

¿Cuántos casos fueron entre Soacha y Bogotá?

En total 19 casos. Me daba muchísima tristeza ver la situación de las mamitas por su condición de humildad. La gran mayoría son señoras que no tienen un estudio ni preparación y sabemos que todo el mundo podría estar mangoneándolas como quisieran. Ante esta situación y como víctima, dije no, hay que luchar por esto porque finalmente mi hermano no era ningún guerrillero. Él fue un inocente más.

¿Cómo nace MAFAPO?

Esta organización se conformó después de que encontramos a mi hermano porque resulta que nosotros no somos de Soacha. Mi hermano desapareció de aquí de Bogotá y apareció en Ocaña, Norte de Santander, junto con los jóvenes de Soacha. Cuando yo vi la noticia de Soacha yo ya estaba buscando a mi hermano pero nunca pensé que él fuera parte de eso porque, uno, no somos de Soacha, y dos, mi hermano tenía 42 años, y la mayoría de esos jóvenes oscilaban entre los 17 y 27 años. No había patrones que se relacionaran.

¿Crees que el acto de confesar la verdad y escuchar el testimonio del victimario, es una acción curativa?

Si te soy honesta, yo creo que esa verdad nunca la vamos a escuchar. Poder saber realmente quién ordenó cometer estos crímenes no lo vamos a saber nunca. Esta audiencia que tuvimos en la JEP era una de condicionalidad en la que ellos hacían unos compromisos. Sin embargo, me parece un descaro que digan “mi forma de reparar a las víctimas va a ser contando la verdad”. ¿Qué tipo de verdad? Si la gran mayoría llegó leyendo una copia que escribieron sus abogados sobre lo que tenían que decir. La posición que estoy tomando en este momento es que, si yo voy a decir mi verdad, nadie tiene por qué escribir mi verdad. Esta debe ser única y sólo yo la sé. Si alguien la escribe por mí, ya me están condicionando a decir lo que conviene decir. Por eso creo que nunca vamos a saber qué pasó. Por ejemplo, sabemos que Mario Montoya se acogió a la JEP, el cual era el comandante mayor de las Fuerzas Militares para ese tiempo. Él tendría que decir de quién recibió la orden o si finalmente fue parte de su política, pero no lo ha hecho y lo veo difícil que lo haga.

¿Y qué tal Jesús Rincón Amado?

Este tipo me pareció de lo más asqueroso y cínico cuando dijo en la audiencia que su forma de reparar a las víctimas iba a ser “dando cátedras de Derechos Humanos” siendo que le habían leído que, para ese momento, tenía más de 16 procesos en investigación por falsos positivos. Qué falta de respeto. Yo personalmente considero que estos casos no deben ser juzgados por la JEP porque esa justicia se creó para procesar todos los crímenes que cometió la guerrilla y todo lo que ha sido el conflicto que se vivió en la guerra. Pero nuestra familia no era parte de ninguna guerra. A ellos se los llevaron para asesinarlos. Nosotras estamos en la posición de que esto no debería ser procesado por la JEP.

¿En términos de reparación, cómo crees que este proceso con la JEP respeta la memoria de tu hermano?

Yo pienso que la reparación más importante que podríamos nosotros tener en este momento es que limpien el nombre de las personas asesinadas. Sería una manera de reparar a las víctimas. Que limpiaran el nombre de ellos pues no eran ningunos guerrilleros.

¿Cómo te gustaría que limpiaran su nombre?

Yo pensaría que tendría que haber un acto público donde ellos lo manifiesten y reconozcan que cometieron estos crímenes: ellos eran civiles y no ningunos guerrilleros.

¿De acuerdo a lo que has contado, consideras que los militares deberían ser juzgados por la justicia ordinaria y no por la JEP?

Lo que hemos hablado entre las mamitas es que ni con 50 años les devolverán la vida. Ya no va a pasar. Pero ellos deben pagar por estos crímenes y no deberían tener los beneficios que está dando la JEP. Después de todos estos crímenes que cometieron no es justo que les vayan a dar estos beneficios. Yo creería que la JEP, si llegase a procesar, lo único es que va a traer impunidad a este caso. Nosotras lo que queremos es que la Corte Penal Internacional tome cartas en el asunto porque no hay esperanzas con la JEP.

¿Ya perdonaste?

Es un tema bien difícil. Por mi parte, yo diría que los perdone Dios. Es algo que hemos estado también trabajando pero creería que es un paso que, de esta manera como lo están haciendo, aún hay mucha falsedad y es difícil decir de corazón “te perdono”. A pesar de todo el dolor y el daño que nos han causado, nosotros queremos un país en paz, no queremos más guerra, no queremos más madres repitiendo este dolor. Nosotros no queremos que esto se repita. Nosotros queremos la reconciliación pero si viéramos que fuera una verdad, realmente verdad, tal vez sería otra cosa.

¿Cuando ves a estos militares, qué sientes?

Mucha rabia. Siente uno esa impotencia y quisiera uno desahogarse y sacar toda esa rabia que tiene por dentro. De hecho, nosotros pedimos que estos miserables no llegaran uniformados. A mí eso me parece una falta de respeto grandísima. Me parece una deshonra para el país que, aún siendo tan criminales y con todos los delitos que tienen encima, sigan portando el uniforme de las Fuerzas Militares. Ya no lo hacen, pero antes llegaban así a las audiencias.