Un día midiendo (y tragando) el aire contaminado de Bogotá | ¡PACIFISTA!
Un día midiendo (y tragando) el aire contaminado de Bogotá Ilustración: Juan Ruiz
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Un día midiendo (y tragando) el aire contaminado de Bogotá

Colaborador ¡Pacifista! - Febrero 24, 2020

En febrero se declaró alerta amarilla en Bogotá por la mala calidad del aire. A esto se sumó un paro de transportadores en contra de medidas del Distrito que buscan disminuir la contaminación. El panorama es gris para los pulmones de los capitalinos.

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Por: Ignacio Galán

Por la pésima calidad del aire, el suroccidente de Bogotá amaneció sin camiones viejos hace más de diez días. Todo por cuenta de dos decretos relacionados a la emergencia: el 840 de 2019 que regula vehículos pesados de más de 20 años, y el 047 de 2020 que hace lo mismo con los de más de 10 años. Los camioneros, descontentos, bloquearon varias de las principales vías de la ciudad, y le añadieron trancones más grandes que de costumbre. Los bogotanos, al menos los que usan redes sociales, en general ven la medida con buenos ojos y hasta pusieron de tendencia el hashtag #QueremosRespirar.

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Me despertó una tos seca que se oía al otro lado de la puerta. El perro. Los restos de sueño huyeron con  el frío de la baldosa en los pies. Agua para la mascota atorada, agua para el café y agua para las matas. Afuera, de un lado se veían los cerros y  del otro la nata de polución pesando sobre Bogotá. Una postal característica: la ruanita gris con la que se cubre la ciudad de madrugada y antes de que caiga la noche. 

Esa cobija de esmog fue lo que disparó la alerta amarilla y, con ella, el decreto 047. El nivel de material particulado en el aire ya llegó a niveles críticos. En 2015, según el IDEAM, en Colombia murieron más de 10 mil personas por causas relativas a la contaminación aérea. ¡10 mil personas!  Y para los que les gusten más las estadísticas de pesos que de muertos: Ese mismo año se invirtió casi un 2% del PIB en costos asociados a ese fenómeno. 

El aire sucio es un depredador invisible. Existen gotas diminutas y polvillos suspendidos en cada bocanada que respiramos. Se clasifican según su tamaño y las más pequeñas, conocidas como PM2.5 (porque su diámetro es menor a los 2.5 micrómetros), son particularmente dañinas y difíciles de filtrar. Los decretos buscaban reducirla mediante la restricción de los principales emisores de esta clase de partícula: los vehículos pesados de modelos viejos. 

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Del bolsillo me saqué una caja de madera, apenas más grande que un celular, moví el interruptor y la pantalla despertó. La cajita es un medidor básico de PM2.5, producida por una iniciativa de monitoreo ciudadano de calidad de aire llamada CanAirIo. El aparato chupa una muestra del aire alrededor y le pasa un rayo de luz a través. Dependiendo cuánta luz haya sido dispersada, el aparato calcula cuál es la concentración de partículas y me bota el dato. Me paré en el andén frente a mi casa, en la calle 53 con 10: indicaba 006 (la unidad es µg/m3). Es decir, según el dispositivo había 6 millonésimas de gramo de material particulado por cada metro cúbico de aire. 

Mientras hacía mis mediciones, y llenaba mis pulmones de partículas non sanctas, hablé con Néstor Rojas, profesor Asociado en el Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia y Director del Grupo de Investigación Calidad del Aire. 

—¿Me podría hablar un poco de los rangos de PM2.5? ¿Qué nos dicen de la calidad del aire?

—A partir de los resultados de estudios que han asociado la concentración de material particulado (así como de otros contaminantes) con la salud de la población, se han definido intervalos de concentración para definir si el aire tiene una contaminación baja, moderada, insalubre para grupos sensibles, insalubre en general y peligrosa. 

—¿Cómo así?

—Estos intervalos de concentración suelen convertirse a una escala sin unidades, que corresponde al Índice de Calidad del Aire, para informar a la población con mayor facilidad. En un sitio o en una temporada en la que la concentración del contaminante cambie significativamente en corto tiempo, es preferible usar un índice basado en el promedio ponderado, que se enfoque más en las últimas horas, para que la gente pueda tomar decisiones de reducción de su exposición (de protección) más rápidamente. (Los rangos usados por el Instituto Bogotano de Calidad de Aire están representados en la imagen).

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El Ministerio de Ambiente tiene una serie de lineamientos que definen qué es una emergencia por calidad de aire y que es, sencillamente, un aire cochino. Se requiere que el promedio diario de concentración de PM2.5 supere, en más de la mitad de las estaciones del área,  35 para declarar alerta amarilla, 56 para declarar alerta naranja y 151 para la emergencia.

Curiosamente, la línea base para declarar prevención es 11 puntos más alta que la guía de calidad de aire de la Organización  Mundial de la Salud (25). Para dar una idea de la relevancia directa de esta medición, según este mismo organismo internacional, “una concentración de 150 µg/m3 dará lugar a un incremento aproximado de la mortalidad diaria del 5%, efecto que sería motivo de gran preocupación y para el cual se recomendarían medidas correctoras inmediatas

A las nueve de la mañana este es el panorama del aire en la calle 53 con Caracas.

Quería medir la polución de primera mano. Quería registrar el aire más cochino de la ciudad. Por eso arranqué hacia la línea G de Transmilenio, destino San Mateo, siguiendo los reportes de la Secretaría Distrital de Ambientes que le otorgan este deshonroso título a la estación Carvajal-Sevillana, al sur occidente de Bogotá. Los números titilaban en el medidor, subían de a poco y cuando llegué a la estación Alqueria se habían estabilizado e indicaron 14.

Aquí y allá el Transmi atravesaba nubes de hollín escupidas por los pocos camiones que recorren las vías capitalinas por estos días. Los pasajeros se cubrían la boca y la lectura de calidad de aire se disparó a números extravagantes, en momentos hasta por encima de 300. Finalmente, desembarqué en Sevillana y me quedé ahí parado en medio de la estación. La autopista se percibía vacía: el paro de camioneros se hacía sentir. La cajita marcaba 22, más del triple de la medición inicial.

Con tres horas de datos registrados, di por cerrada mi visita al sur-occidente y me dirigí al oriente de la ciudad. Me bajé en la estación Museo del Oro, debajo del antiguo edificio de El Tiempo. La piedra que cubre la fachada tiene color crema (típico de la laja bogotana) con visos negruzcos (típico del hollín bogotano). Allí el display del CanAirIo dio 10, aunque a veces se disparaba hasta rozar los 100. Me cubrí la boca con el cuello de la camiseta, preguntándome si esa pantomima me estaría protegiendo. 

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—¿Que tan eficiente es la ropa usada como tapabocas? Uno ve mucha gente usándola para cubrirse nariz y boca en la calle —le pregunto a Néstor.

—No sirve. Da una falsa sensación de protección, pero esos textiles no tienen la capacidad de filtrar las partículas de manera eficiente. Para protegerse, hay que usar mascarillas N95 o especializadas para las condiciones urbanas y usarlas bien, que ajusten correctamente en el rostro para proporcionar una buena filtración.

—¿Cómo está Bogotá comparativamente con otras ciudades del país, del mundo?

—En términos de largo plazo, el aire de Bogotá tiene una contaminación moderada. En algunas temporadas, especialmente los primeros tres meses de cada año, suele haber episodios con alta contaminación, asociados principalmente a condiciones meteorológicas adversas (inversión térmica, baja velocidad del viento, incendios forestales).

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Continué mi travesía. Caminé hacia el barrio La Macarena, más al oriente de la ciudad. La elevación y la cercanía a los cerros ayudan a mantener más limpio el aire de esa zona. Inhalé profundo cuando vi que el aparato marcaba 004. Había que aprovechar. La batería de la cajita se agotaba; la conecté con el mismo cargador de mi teléfono en la cocina. Mientras esperamos a que cargara, en el cuarto de al lado nos tomamos un jugo de guayaba y nos fumamos un cigarrillo. A la salida no pude aguantar la curiosidad y revisé los datos. El CanAirIo midió un pico clarísimo que coincidía con el momento en que habíamos estado fumando. Daba 281, un valor menor a uno de los picos que había registrado en el Transmilenio más temprano (320).  Qué asco.

 

Seguí en dirección norte, caminando por todo el andén de la Séptima hasta el Parque de los Hippies, en la calle 59. Me senté en el borde del remolque blanco y azul que dice “Unidad móvil de monitoreo de calidad de aire”. La pegatina del aviso tenía la ilustración de una mujer, sonriente, disfrutando el aire puro que la rodea. Me quedé viendo el medidor. Oscilaba entre 6 y 9 con picos ocasionales. De repente, al compás del olor a exhosto, los números parpadearon y se fueron a 46, luego a 80, luego al carajo: 133. Contuve la respiración lo que más pude hasta que después los niveles bajaron.

Mapa de Bogota, hecho por el IBOCA, ilustrando la concentración promedio de PM2.5, en cada una de las estaciones de monitoreo de calidad de aire el 22 de Febrero a las 11am

Se me ocurrió que, estando al lado del vagón de monitoreo de aire, podía ver si el mini-medidor coincidía con los datos que uno puede encontrar en la red. El primer mapa interactivo de la Secretaría Distrital de Ambiente registraba un promedio de 10 en mi ubicación. El segundo, con datos del Observatorio Ambiental de Bogotá, registró un máximo de 141. Todo en orden, aparentemente, el aparatico sí estaba funcionando al pelo. Crucé la Séptima, vigilado desde arriba por los vitrales de la iglesia de la Salle, y agarré un bus hacia Usaquén, la última estación de este Viacrucis atmosférico.

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—Entonces, ¿las medidas de restricción a vehículos pesados viejos ayudan a la situación de emergencia amarilla por calidad de aire? 

—Los inventarios de emisiones muestran que, dentro de las fuentes móviles, los vehículos viejos a diesel tienen una contribución muy significativa a la contaminación por material particulado (40% aproximadamente), en La Silla Vacía publiqué una columna con el inventario de emisiones más desarrollado.

—¿Por qué cambian las mediciones en los diferentes puntos de registro de datos? Es decir, ¿por qué hay días que Usaquén está más contaminado que Chapinero pero se considera igual que es en general más limpio?

—La meteorología (dirección y velocidad del viento, lluvia, humedad, radiación solar, etc.), el transporte, la dispersión y la transformación de los contaminantes en la atmósfera son fenómenos muy dinámicos, cambian todo el tiempo. Por eso, las comparaciones puntuales (concentraciones horarias) pueden dar muy diversos resultados. Sin embargo, al estudiar las concentraciones a mediano y largo plazo, se encuentran tendencias marcadas de unas zonas más contaminadas que otras. El suroccidente de la ciudad muestra concentraciones más altas que el nororiente al hacer estos promedios, usualmente anuales.

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Me encontré rodeado hordas de trabajadores, moviéndose al ritmo del semáforo de la 116 con Séptima. Caminé, medidor en mano, hacia la iglesia de Santa Bárbara de Usaquén. Pasé frente al centro comercial que se llama igual que la iglesia. Los datos fueron casi idénticos a los que había encontrado hace un rato en Chapinero: un promedio de 8, aproximadamente, con picos ocasionales aunque ninguno sobrepasó los 100. 

En la noche, volví a entrar al mapa de monitoreo de aire. Esta vez le dí zoom-out hasta que pude ver todo el cono sur y parte de centroamérica. Repetí el ejercicio todo el día siguiente, viendo la actualización de datos cada dos horas. Bogotá resaltaba entre todas las otras ciudades en el mapa.

Llaman la atención dos cosas: primero, la evidente la falta de datos: en Colombia, solo Bogotá y Medellín actualizan sus datos en línea regularmente, Cali, con un solo punto de muestreo, aparece algunos días y otros no. El problema de falta de datos no es solo en Colombia: hay pocos datos de calidad fuera de las capitales, de hecho hay países enteros que no registran ni una sola estación como Paraguay, Uruguay, Bolivia y Surinam.

Y dos: según el ranking mundial, anual, de 2018, Bogotá es la tercera (o cuarta) ciudad más contaminada de sudamérica, superada únicamente por Santiago y Lima (y Sao Paulo, en algunas fuentes) y la 44 en el mundo. Ahora bien, este ranking anual nos habla únicamente de promedios, si vemos el ranking en vivo, que tiene datos en tiempo real, Bogotá está entre el puesto 30 y 34 a nivel mundial y es la única ciudad Sudamericana listada en las 50 ciudades más contaminadas.

Me dejó un sinsabor en la boca la falta de consenso de los datos: unas fuentes dicen una cosa y otros otra. A lo mejor no es tan mala idea tener nuestros propios medidores y generar monitoreo ciudadano, como propone la gente que produce el aparatico que llevo en mi mochila.

La tos de mi perro es catártica. Las mediciones que hice son más que un número en una pantalla, más que los curiosos picos y valles que forman los datos en una gráfica: es la visualización del aliento, más o menos contaminado, de millones de bogotanos (y sus mascotas). Habla del riesgo a nuestro sistema respiratorio, pero también de impactos mucho más sutiles en nuestra salud emocional y cognitiva.

Incluso para los más pacientes es difícil mantener la calma en un trancón, y no es raro considerando que la contaminación, además de dañar lo que uno ya supone que daña en el organismo, eleva los niveles de hormonas relacionadas con estrés. También se han encontrado correlaciones entre aire sucio y deterioro de crecimiento y desarrollo en niños, mayor incidencia de diversos tipos de cáncer e incluso aumento en crimen. A lo mejor, si limpiamos el aire, acabamos con la corrupción de taquito.

El miércoles 19, en la tercera mañana de paro camionero, se declaró el fin de la alerta amarilla por polución en Bogotá, pero el paro continúa. Con el levantamiento de la alerta, se levantó también el decreto 047 de 2020, aunque queda en vigencia el 840 de 2019: se acaba la restricción a vehículos pesados mayores a 10 años, aunque se mantiene para aquellos de 20 o más.

No quiero atribuir la drástica (47% mejor que cuando empezó la alerta) mejora en la calidad de aire, únicamente, al paro de camioneros, pues los vientos y el clima también hacen su papel, pero tampoco voy a decir que creo que sea una

Aunque Bogota este de 4ta en polucion a nivel regional, hay dias en las que se lleva el premio.
Mapa de la aqicn con datos del.Observatorio Ambiental de Bogota

mera coincidencia el hecho de que apenas se ausentan los vehículos pesados de las vías bogotanas, el aire está más limpio.

Está por verse cómo se comporta la calidad del aire cuando los camioneros levanten el paro y se reintegren al tráfico de la ciudad. Está por verse, también, a qué acuerdos o desacuerdos van a llegar con el gobierno. El debate se mantiene: unos abogan por la primacía del derecho al trabajo y otros anteponen la salud. Respirar o trabajar, ese parece ser el dilema.

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Al cierre de este artículo, se había llegado a un acuerdo entre los camioneros, el Ministerio de Transporte, la Gobernación de Cundinamarca y el Distrito de Bogotá. El Acuerdo consiste en levantar el paro camionero a cambio de modificar el Decreto 840: la restricción de circulación ya no será durante los días de la semana, sino sólo los días sábados del mes.

Simultáneamente, la Oficina de Prensa del Ministerio de Ambiente le manifestó a ¡Pacifista! que “si es necesario volver a declarar alguna medida, se tomará la decisión, porque para la Alcaldía de Claudia López prima la salud y la calidad del aire de todos los bogotanos” y la alcaldesa declaró públicamente que “la salud de los bogotanos no se negocia”. Haber flexibilizado las restricciones, modificando el Decreto 840, parecería no ser lo más consecuente con sus palabras. 

Este 22 de Febrero, a las 11 de la mañana, el mapa del Instituto Bogotano de Calidad de Aire mostró que de las 12 estaciones, 10 registran valores que superan los 35µg/m3. Uno de los parámetros usados por la Secretaría Distrital de Ambiente para decidir si se declara una alerta amarilla es: “cuando la mitad de las estaciones de la ciudad o de una zona registran los valores de PM 2,5 dentro del rango de estados de alerta: amarillo mayor a 35 microgramos por metro cúbico de aire (µg/m3)”. Si los cálculos no me fallan, 10 es más que la mitad de 12 ¿dónde está la alerta?

Con sólo un par de meses desde el cambio de administración en la Alcaldía está por verse si realmente se hará una prioridad de la reducción de la polución en la capital, o si, como en tantas otras ocasiones, se tendrá que comprometer la calidad ambiental para apaciguar a algunos sectores con gran poder económico y político.