Olvidémonos de los carteles: así se mueve hoy el narcotráfico en Colombia
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Olvidémonos de los carteles: así se mueve hoy el narcotráfico en Colombia

Staff ¡Pacifista! - Marzo 14, 2018

El mercado más atractivo ya no es Estados Unidos, sino Europa del Este y Australia, donde el margen de ganancia puede ser hasta de 3.000 por ciento.

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Foto: InSight Crime

“Los capos de la droga colombianos se han dado cuenta de que la mejor manera de protegerse no es con un ejército privado, sino con el anonimato. Es por eso que a la cuarta generación de narcotraficantes colombianos la hemos llamado: Los Invisibles”. Con estas palabras, el director de la fundación InSight Crime en Colombia, Jeremy McDermott, comenzó su presentación sobre el último informe que publicaron: la nueva generación de narcotraficantes colombianos post-Farc. El lanzamiento del documento coincidió con la presentación del nuevo Observatorio Colombiano de Crimen Organizado, de la Universidad del Rosario.

Según McDermott, en Colombia nos tenemos que olvidar de la idea de los carteles, del modus operandi que se hizo famoso con Pablo Escobar: “el crimen organizado se ha fragmentado. El Clan del Golfo de hecho se está fragmentando y lo que vemos hoy son actores en nodos pequeños que forman parte de una gran red. Los que mueven estas redes son los que llamamos los invisibles. Quieren llevar una vida tranquila, no corriendo por la selva para salvar su vida, como Otoniel”.

El anonimato

De acuerdo con la investigación de InSight Crime, “es más probable que los narcotraficantes colombianos de hoy se vistan en Arturo Calle en vez de hacerlo en Armani, que usen zapatos clásicos europeos, en lugar de botas de cocodrilo, que conduzcan un Toyota en vez de un Ferrari, y que vivan en un apartamento de clase media alta, en lugar de habitar una mansión con grifería de oro. Tienen el aspecto de un hombre de negocios respetable”.

Los nuevos narcotraficantes aprendieron de historias como la de Pablo Escobar que lo mejor para realizar negocios multimillonarios es estar por fuera del radar. Y, según la investigación, hoy en día es más fácil hacerlo por las técnicas sofisticadas que existen alrededor del lavado de dinero. “Los capos de hoy no tocan nunca un kilo de cocaína, y mucho menos una pistola 9 mm chapada en oro. Sus armas son un teléfono móvil encriptado, una variada cartera de negocios establecidos legalmente y un íntimo conocimiento de las finanzas mundiales”.

Existe otro factor que fortalece el anonimato: la salida de las Farc y las autodefensas del mapa criminal en Colombia. El narcotráfico ha quedado más expuesto y las opciones de supervivencia de un narcotraficante se han reducido. Para hacerlo deben renunciar a diferentes comodidades, por lo que es más provechoso esconderse bajo la fachada de un empresario exitoso.

Un ejemplo vendría siendo el de Luis Agustín Caicedo Velandia, alias “Don Lucho”. De acuerdo con el informe, “durante quince años fue un narcotraficante de las grandes ligas, cuyo nombre nunca figuró en los medios, hasta su captura. Vivía en Argentina, y fue arrestado en Buenos Aires en 2010. Fue uno de los principales patrocinadores de Daniel ‘El Loco’ Barrera, quien, al momento de su arresto en 2012 en Venezuela, era considerado el último de los grandes capos de la droga en Colombia. Fuentes judiciales estadounidenses indican que la cooperación de Don Lucho con la Administración para el Control de Drogas (DEA) fue decisiva en la captura de El Loco Barrera y en la desarticulación de gran parte de la estructura”.

Luis Agustín Caicedo vivía de la tercerización, no tenía relación directa con los productores de coca. En lugar de escoltas, dice el informe, estos narcotraficantes utilizan contadores y abogados. Manejan directamente las rutas que utilizan sus empresas y gestionan las relaciones con sus clientes. Utilizan intermediarios para negociar la compra de base de coca con agentes locales en diferentes regiones cocaleras del país. Intermediarios que a su vez se encargan de gestionar el movimiento de la base de coca hasta los laboratorios de cristalización.


El anonimato también se ve fortalecido cuando los grupos al servicio del narcotráfico pactan unas normas básicas de convivencia para no incurrir en la violencia y evitar llamar la atención del Estado. Estas prácticas hacen parte de lo que McDermott llama “la pax mafiosa”. Según el informe, existen algunos indicios de esas negociaciones: “Luego de la desmovilización de las AUC en 2006, los enfrentamientos entre las FARC y Los Urabeños se volvieron la excepción y no la norma. La cobertura de los medios y la investigación de campo en Antioquia y Córdoba revelaron que habían tenido lugar negociaciones entre representantes de las FARC y Los Urabeños. Los pactos dieron lugar a pactos de no agresión en muchas zonas”.

Coca: un negocio redondo

Después de hacer una investigación sobre el mercado mundial de la cocaína, InSight Crime encontró que la rentabilidad de enviar la coca a Estados Unidos no es la mejor, razón por la cual los narcos colombianos están sacudiendo mercados en Europa y Asia. “Un kilo de cocaína en Colombia vale alrededor de US$3.000. Ese kilo en Estados Unidos cuesta un poco más de US$20.000 al por mayor, lo que significa un margen de ganancia de 600 por ciento. Ese mismo kilo en Europa Occidental se vende por US$35.000. Ello significa un margen de beneficio de entre 900 y 1.500 por ciento”.

El margen de ganancias puede ser incluso mayor en regiones como Europa del Este, donde el kilo puede valer hasta US$60.000 o en Australia, donde cuesta cerca de US$100.000, lo que significa una ganancia de más del 3.000 por ciento. A los precios se suma otro factor: en Estados Unidos los traficantes corren el riesgo de ser interceptados, extraditados y de que les confisquen todos sus bienes, algo que no sucede con tanta frecuencia en Europa o Australia.

Según Insight Crime, el Catatumbo es hoy el lugar en el mundo en donde es más barato producir cocaína. El informe señala que las condiciones de cultivo son perfectas, lo que permite un rendimiento mayor de alcaloide por hectárea. El combustible es prácticamente gratis, pues viene desde Venezuela, y tanto la guerrilla del ELN como los disidentes del Ejército Popular de Liberación (EPL) se encargan de proteger la industria, construyendo un bastión al que el Estado no ingresa.  A esto se suma otro factor: “los venezolanos están dispuestos a cultivar coca y a hacer prácticamente cualquier otro trabajo, a cambio de un plato de comida”.

Otras regiones idóneas para cultivar la coca, como Nariño y Guaviare, han presentado un crecimiento exponencial en hectáreas cultivadas durante los últimos años. De acuerdo con la ONU, Colombia pasó de tener 48 mil hectáreas en 2012, a 146 mil en 2016, lo que sin duda representa un crecimiento por parte de los grupos dedicados al tráfico de drogas.

Es común que en los puertos de Buenaventura, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta saquen los cargamentos ocultos entre miles de contenedores que entran y salen todos los días y, como dice la fundación, también hay evidencia de casos de cargamentos que se introducen en los ‘torpedos’ de los barcos. “Se adhieren a la parte inferior y se despegan cuando llegan a su destino”.

Farc y narcotráfico

Con el Acuerdo de paz de la Habana, el mapa del narcotráfico cambió. Según InSight Crime, las “Farc fueron los principales proveedores de base de coca, y a veces de cocaína, de las bandas criminales, como Los Rastrojos y Los Urabeños (…) Los frentes de las Farc produjeron y exportaron cocaína desde departamentos como Chocó (el Frente 57), Nariño (el Frente Daniel Aldana y el 29), Putumayo (el 48), Vichada (el 16), Valle del Cauca (el 30) y Norte de Santander (el 33). En la costa Pacífica y en Ecuador, los principales compradores eran los mexicanos, mientras que los frentes de las Farc en la frontera con Venezuela les vendían a diversos compradores, entre ellos a funcionarios corruptos en el ejército venezolano”.

Dado que los territorios de las FARC contenían 70 por ciento de los cultivos de coca en el momento de mayor apogeo de su poder, y controlaban puntos de embarque a lo largo de la costa Pacífica y en las fronteras con los cinco países vecinos, los guerrilleros llegaron a ser los más importantes actores en el suministro de cocaína a nivel mundial.

La mafia de los Ex Farc

Las disidencias de las Farc son claves en el negocio del narcotráfico hoy. En julio de 2016, el Frente 1 de la guerrilla optó por retirarse del proceso de paz. “Dirigidos por Néstor Gregorio Fernández, alias ‘Iván Mordisco’, al menos 80 guerrilleros rasos apoyados por redes de milicias y colaboradores de Guaviare se convirtieron en la primera unidad en declararse disidente”, afirma el informe. Con el tiempo, otros comandantes se unieron a las disidencias, como Miguel Botache Santillana, alias ‘Gentil Duarte’.

A corte de diciembre 2017, las disidencias ya habían llegado a departamentos como Guaviare, Meta, Caquetá, Guainía, Vaupés y Vichada. “Nosotros creemos que cuentan con unos 1.000 o 1.500 combatientes y milicianos. Es probable que su número aumente a medida que los guerrilleros vayan saliendo de los Espacios Territoriales de Reincorporación, que se desilusionen del proceso de paz, o que deseen regresar a hacer lo que saben. En lo que se refiere a sus finanzas, los disidentes pueden fácilmente disponer de recursos para reclutar más miembros”, dijo McDermott.

También existen las Facrim

A diferencia de las disidencias, las Facrim son constituidas por exintegrantes de la guerrilla que han estado durante varios años con el narcotráfico y que hoy continúan con las mismas actividades criminales que venían realizando.  “Tal vez el ejemplo más claro de esto se encuentre en Nariño, especialmente en Tumaco, donde los exmilicianos o excolaboradores de las Farc, no reconocidos por el movimiento guerrillero, han establecido sus propios grupos criminales. Se autodenominan “Gente del Orden”, e inicialmente estaban bajo el mando de Yeison Segura Mina, alias “Don Y”, quien fue presuntamente asesinado por las FARC en noviembre de 2016”.

Farc ocultas

InSight Crime considera que los ex guerrilleros desmovilizados durante el proceso de paz, 11.000 combatientes, tan solo representan la mitad de los integrantes de la guerrilla. Partiendo de informes de inteligencia del Ejército, la fundación señala que es posible es que existan por lo menos tres milicianos por cada guerrillero raso. Milicianos que hacían parte de una de tres organizaciones: la milicia Bolivariana, que recibe entrenamiento militar, la Popular, responsable de la logística y la inteligencia y el PC3, estructura clandestina de las Farc, también conocida como Partido Comunista Clandestino Colombiano. Así las cosas, McDermott asegura que “faltan por contabilizar unos 18.000 milicianos. Algunos de estos miembros de las ‘Farc ocultas’ siguen siendo leales al movimiento y hacen parte de un Plan B que los guerrilleros pusieron en marcha antes de rendirse.  Fuentes de la guerrilla han hablado de hasta 1.200 combatientes que tienen acceso a armas ocultas. Las fuentes señalan que Hernán Darío Velásquez, alias ‘El Paisa’, estaba a cargo de esa unidad y sus posibles acciones”.

El ELN está ganando

Si bien el ELN se ha resistido a participar en el narcotráfico, en las últimas tres décadas ha perdido el pudor y, ahora que Farc están en proceso de reincorporación, buscan consolidar redes en la costa del Pacífico: Chocó, Cauca y Nariño. De acuerdo con el informe, miembros de la guerrilla estuvieron construyendo un sumergible que iba a ser utilizado para traficar drogas: “En el mejor de los casos, esto indica que el ELN protegía a los narcotraficantes que estaban construyendo el submarino, y en el peor de los casos, que el ELN tiene su propia ruta y estaba planeando usar el submarino para llevar cocaína al extranjero. La investigación de campo en Norte de Santander también mostró evidencias de  vínculos entre el ELN y los narcotraficantes de la región tras la muerte del líder del EPL, Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo”. Hay algunas fuentes que señalan que el frente Juan Fernando Porras del ELN había hecho una alianza con un grupo de narcotraficantes llamados “Los Caqueteños”, puntualiza el informe.

Arlene Tickner, profesora del Observatorio Colombiano de Crimen Organizado, de la Universidad del Rosario, considera que ante la coyuntura actual de elecciones, los candidatos presidenciales deberían manifestar públicamente qué harían frente al crimen organizado, “pues hasta el momento no se tienen propuestas concretas frente a estos problemas”. Algo similar opina McDermott: “no he escuchado ni una sola estategia integral por parte de ninguno de los candidatos. Las estrategias tradicionales no han tenido éxito, y si de verdad queremos que el país esté en paz necesitamos pensar en alternativas para hacerle frente a la problemática del crimen organizado”.