Lo que ganó y lo que perdió Colombia con los resultados de la primera vuelta
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Lo que ganó y lo que perdió Colombia con los resultados de la primera vuelta

Colaborador ¡Pacifista! - Mayo 28, 2018

Un país polarizado, unas maquinarias que se debilitan, un centro izquierda que crece y un Partido Liberal calcinado. Esos son los ganadores y los perdedores de la jornada de elecciones.

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Fotomontaje: Cerosetenta

¿Qué perdió?

Con De la Calle perdió la paz. Perdió la paz del gobierno Santos, perdió el acuerdo de paz de La Habana, perdió —aún más— la implementación de un acuerdo que en el actual gobierno ha mostrado ya sus debilidades.

Con De la Calle perdió el Partido Liberal, que con un minúsculo 2,06 por ciento no logró siquiera superar el umbral de reposición de votos. El Partido Liberal no perdió por su división, pues lleva muchos años dividido, tampoco perdió porque esté en crisis, pues como dice Mónica Pachón, “estamos en un sistema personalista donde las ideologías partidarias poco o nada importan desde hace mucho tiempo”. El Partido Liberal perdió porque tras la consulta de noviembre, tras el transcurso de una campaña electoral en la que nunca levantó cabeza y tras los resultados electorales —nada sorprendentes—, el Partido Liberal perdió aún más confianza, prestigio y afecto por parte de la ciudadanía.

Con De la Calle —aunque no exclusivamente con él, también con Fajardo— perdió el centro, ese centro que, dice Luis Javier Orjuela, profesor del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, estas elecciones demostró que sí existe y que tiene ideologías políticas claras.

Con De la Calle perdió una línea moderada de la política y, de acuerdo con Miguel García, codirector del Observatorio para la Democracia, perdió la aspiración de una vía distinta de hacer política a la que ya conocemos.

Con Fajardo, y a la luz de que en la segunda vuelta llegaron los dos polos, el discurso de centro pierde como una manera para quedarse con las mayorías. Luis Javier Orjuela los ubicó en el espectro político como representantes de lo que en otras partes del mundo se llama socialdemocracia. Perdió ese centro izquierda que, de acuerdo con Orjuela, en el marco de una economía capitalista, busca la reeducación de la desigualdad y la protección de los sectores vulnerables.

Con Fajardo, quien desde el principio jugó la carta de la academia, perdieron los intelectuales que de manera abierta le dieron un espaldarazo que no logró ganarle votos. A los votantes, parece, no le importó la opinión de científicos como Rodolfo Llinás y Hernán Moreno; columnistas de periódicos tradicionales como Guillermo Perry, Héctor Abad Faciolince y Rodrigo Uprimny.

Perdió la educación como bandera electoral. Fajardo reclamó para sí el título de profesor, insistió en su experiencia como docente y destacó constantemente su gestión en Antioquia y Medellín en el sector de la educación.

Con Fajardo perdió la opción de la representación directa en el Gobierno de una mujer como Claudia López que tiene como banderas la lucha contra la corrupción y la lucha por los derechos de la población LGBTI.

Con Vargas Lleras perdió la maquinaria, la mermelada y una corrupción que parecía infalible. Con su candidatura por firmas intentó desmarcarse de Cambio Radical y de su prontuario de avales a políticos condenados e investigados. Pudo afianzar el poder de su partido en el Congreso pero no llegó a la presidencia, ni siquiera le alcanzó para la segunda vuelta.

Perdió una candidatura que se construyó desde que Vargas Lleras fue ministro de Vivienda en el Gobierno Santos y entregó grandes proyectos de vivienda de interés social en el país.

Perdieron los sectores del liberalismo y el Partido de la U que se sumaron a su candidatura.

Perdieron las élites tradicionales, uno de los apellidos más poderosos en la historia del país y una clase política bogotana que ha estado en el poder durante generaciones con pocas interrupciones.

Con Vargas Lleras perdió el populismo punitivo, y pierden —aunque no del todo porque tenemos a Duque— las propuestas que pretenden subir las penas y los cupos carcelarios y las de penalizar la dosis mínima.

¿Qué ganó?

Con Duque gana Álvaro Uribe. Con Duque gana la posibilidad de varios años más de gobierno conservador y de derecha en Colombia. Gana un sector poderoso que se opone a las reformas agrarias y a la redistribución de la tierra.

Con Duque gana una visión tradicional de la familia. Antes de la campaña presidencial, el candidato celebró los avances del matrimonio igualitario en los Estados Unidos y habló de la posibilidad del aborto en el marco de los valores del conservatismo. A lo largo de la campaña dio un viraje para ganarse el apoyo del Mira y de sectores cristianos y evangélicos, se declaró pro vida y manifestó que no está de acuerdo con los últimos avances en la lucha por los derechos de la población LGBTI: le dice NO al matrimonio y a la adopción igualitaria, que ya fueron reconocidos por la Corte Constitucional; y se queda en la idea del reconocimiento solo de los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo.

Con Duque gana un discurso de política de drogas regresivo que busca castigar al consumidor y fallido que pretende regresar a la aspersión aérea.

Con Duque ganan propuestas que modificarían profundamente la constitución del 91. Su idea de unificar las cortes acabaría con el recurso de tutela consagrado en la Constitución. Su intención de restituir la reelección le daría a él y a su partido la posibilidad de establecerse en el poder durante varios términos presidenciales.

La de Petro es la candidatura de izquierda más exitosa en la historia de Colombia. Petro estableció un nuevo récord para la izquierda con 25 %, después de que Carlos Gaviria obtuviera 22 % en las elecciones de 2006.

Con Petro gana una agenda progresista. Ganan los ambientalistas y animalistas. Gana la idea de una economía menos extractivista, gana de distribución de los recursos, ganan las reformas agrarias. Con Petro ganan los acuerdos de paz, gana una visión que no atenta contra los derechos de la población LGBTI ni con los avances en política de drogas. Gana, al fin, la posibilidad de una Colombia capaz de pensarse por fuera del status quo que la ha gobernado históricamente.

Con Petro gana un proyecto que no es viable bajo las reglas de juego del sistema político colombiano. Para sacar adelante sus propuestas sobre energía, redistribución de la riqueza y desarrollo agrario, Petro se verá obligado a negociar con el legislativo y formar una coalición que le permita gobernar. Queda la pregunta de si podrá hacerlo sin jugar bajo las lógicas de la mermelada y el clientelismo.

Con Petro gana un proyecto de gobierno que, como él mismo reconoce, excede en propuestas un periodo presidencial. Ha hecho propuestas de cambios profundos como reducir la dependencia de la economía en las rentas petroleras y eliminar las EPS sin explicar con detalle cómo lo va a hacer. Ha asegurado que va a detener el proyecto del metro elevado en Bogotá, cosa sobre la que no tiene potestad.

Este artículo fue publicado en Cerosetenta. Puede leer el contenido original haciendo click aquí.