¿Cuál es el valor del perdón pedido por las Farc?
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¿Cuál es el valor del perdón pedido por las Farc?

Mario Zamudio Palma - Septiembre 18, 2016

Los mensajes a los afectados por el conflicto son un acto de buena voluntad, un reconocimiento de la violencia y estratégicos para el futuro de los acuerdos.

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“Pastor Alape” pide perdón a las víctimas de la masacre de Bojayá. Foto: Tomada de Youtube

“Ellos estaban en nuestras manos. La muerte de los diputados fue lo más absurdo de lo que he vivido en la guerra. El episodio más vergonzoso. No nos enorgullecemos de ello”, dijo en medio de lágrimas “Pablo Catatumbo” a los familiares de los 11 diputados del Valle, secuestrados en 2002 y asesinados en 2007 por miembros de esa guerrilla.

Varios comandantes de las Farc repartieron flores a las víctimas y aceptaron en silencio los reclamos de las viudas y los huérfanos de esa masacre. “Desde lo más profundo de nuestro ser sentimos su dolor. Permítannos que nuestro afecto los abrace, pedirles perdón por esta situación. Este hecho nunca debió haber ocurrido” dijo “Iván Márquez” a los presentes.

Este no fue el primer pedido de perdón de las Farc. El 6 de diciembre del año pasado en Bojayá, Chocó, “Pastor Alape” le habló a los familiares de los 117 civiles muertos que dejó un enfrentamiento entre esa guerrilla y los paramilitares en pleno casco urbano. “Estas palabras(…)no reparan lo irreparable(…)ni tampoco borran el sufrimiento causado. Sufrimiento que se refleja en el rostro de todas y todos ustedes por quienes ojalá algún día seamos perdonados”.

De igual forma, el pasado 8 de septiembre, un integrante preso de las Farc fue el encargado, en nombre de esa guerrilla, de un “acto de reconocimiento de responsabilidad y solicitud de excusas” por el asesinato de Genaro García, líder del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera, en Tumaco (Nariño), cometido por miembros de esa guerrilla en agosto de 2015.

También, la semana pasada, “Iván Márquez” hizo un video en el que pidió perdón a todas las víctimas del secuestro, y la delegación de paz de las Farc anunció que después del plebiscito  por la paz, irán a La Chinita, un corregimiento de Apartadó, en Antioquia,  donde miembros del quinto Frente asesinaron a 35 personas en 1994, a reconocer su responsabilidad por esos hechos.

En los 52 años de historia de las Farc, esa guerrilla no le había pedido perdón, por lo menos públicamente y de manera tan clara, a sus víctimas. Pero, desde hace un año, las Farc parecen decididos a enfrentarse al dolor y las recriminaciones de quienes sufrieron su violencia. Los pedidos de perdón serán más y no acabarán en La Chinita.

Estos actos pueden tener varios significados. Uno, que cumple con la palabra empeñada en los acuerdos de La Habana, que hablan de una Comisión de la Verdad y de una Jurisdicción Especial para la Paz; otros, que apuntan a la necesidad de insertarse en la sociedad colombiana dando el paso de ser capaces de ofrecer y aceptar el perdón; y, uno más, en el ajedrez político que rodea al plebiscito en el que los colombianos avalarán, o no, el fin del conflicto entre esa guerrilla y el Estado.

El perdón y los acuerdos

Uno de los cinco principios fundamentales sobre los cuales trabajaron las delegaciones del Gobierno y las Farc el tema de Víctimas fue el esclarecimiento de la verdad. Saber exactamente qué pasó durante el conflicto es el paso determinante para la reconstrucción de la confianza nacional.

En ese sentido, crearon una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. En esa comisión estará presente la voz de las víctimas y también se generarán espacios públicos para que los victimarios, sean del grupo que sean, “puedan hacer actos de reconocimiento de responsabilidad y pedir perdón, en sus diversas dimensiones, tanto por el daño y el sufrimiento causado en las personas, como por los impactos políticos y sociales de sus actos”.

También podrán “ofrecer explicaciones sobre los actos realizados, contribuir a la reparación, asumir compromisos de no repetición y de construcción de la paz, entre otros”.

Como parte de las medidas de reparación integral para la construcción de paz, “el Gobierno Nacional apoyará la realización, lo antes posible, luego de la firma del Acuerdo Final, de actos de reconocimiento y de contrición en los cuales el Gobierno, las FARC-EP y diferentes sectores de la sociedad que puedan haber tenido alguna responsabilidad en el conflicto, reconozcan su responsabilidad colectiva por el daño causado y pidan perdón”.

Según estos párrafos, es claro que los actos de las Farc son un gesto unilateral y de buena voluntad. El hecho de reunirse con sus víctimas, reconocer el daño y solicitar el perdón antes del plebiscito demostraría que quieren reparar a sus víctimas y que van en serio con el proceso de paz. Además, y dado que la Jurisdicción Especial para la Paz basa sus tesis en el hecho de que los victimarios digan la verdad, pedir perdón es el inicio de un proceso de esclarecimiento de los hechos que les permitirá ser sujeto de este mecanismo de justicia transicional y, en últimas, no terminar en la cárcel, sino cumplir con las penas alternativas que diseñaron los acuerdos.

Primer paso a la reconciliación

El perdón humaniza, nos acerca al otro. “Todo crimen deja una herida profunda en el victimario y sabe que solicitar el perdón es una gran medicina. Aunque no es indispensable, sí le ayuda mucho a la víctima a sanar su dolor”, le dijo a ¡Pacifista! el padre Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación y creador de las Escuelas para el Perdón y la Reconciliación.

Para la Representante a la Cámara Ángela María Robledo, “pedir perdón además de un acto de reconocimiento está animado por un sentimiento moral profundo de humildad”. Iván Cepeda, Senador de la República, señala por su parte que “el perdón es de los requisitos para que haya un verdadero resarcimiento de las víctimas. Es parte de la reparación integral de las personas y comunidades que han sido afectadas por la violencia”.

Sin embargo, hay quienes dudan de la honestidad del perdón pedido por las Farc. “Me da miedo que el perdón sea una postura y no una actitud de nobleza al aceptar haberse equivocado. Ellos condicionan el perdón al pasado y no a la construcción conjunta de humanidades. Los seres humanos nunca, pero nunca nos deberíamos haber matado. Eso es barbarie”, dijo Francisco Galán, exguerrillero del ELN.

Lo cierto es que, sea como sea, el perdón no puede ser sujeto de un acuerdo. Según expertos en temas de reconciliación y posconflicto, el perdón no se hace por decreto y es una decisión, sobretodo, de las víctimas.

Lo simbólico tiene también un escenario en lo político. Las Farc saben que pedir perdón y reconocer responsabilidades por las acciones en las que han tenido que ver era un clamor nacional. De hecho, muchos argumentos de los defensores del No en el plebiscito tienen que ver con que los comandantes guerrilleros no asumirían responsabilidades por masacres, secuestros y asesinatos.

Está claro que, más allá de la buena voluntad y del gesto unilateral, cada gesto de perdón puede inclinar la balanza por el Sí el próximo 2 de octubre y gestar un respaldo ciudadano que acompañe la reintegración de las Farc y su transición hacia un movimiento político.

¿Y el Estado?

Sectores sociales y otros ligados a la izquierda han sido enfáticos en que esta guerra ha tenido más de un victimario y, por lo tanto, han pedido que el Estado también reconozca de manera unilateral sus responsabilidades y pida perdón a las víctimas. “El perdón lo deben pedir quienes han cometido los crímenes, no solo los que pertenezcan a las guerrillas sino también el Estado colombiano o los particulares que han sido responsables de esos hechos”, dijo el senador Cepeda.

Enrique Santiago, abogado español y asesor de las Farc en temas de víctimas y fin del conflicto, también cuestionó desde su cuenta en Twitter que el Estado no hubiera pedido perdón aún. “¿Para cuando reconocimiento de sus muchas responsabilidades por el Estado? @FARC_EPaz cumplen: Bojayá, Diputados…”, escribió.

Pero, justamente este jueves, el presidente Juan Manuel Santos le pidió perdón desde la Casa de Nariño a las familias de las víctimas del genocidio de la UP. “Quiero expresar en este acto público que la desaparición de la Unión Patriótica jamás debió haber ocurrido; que la persecución de sus miembros causó daño a miles de familias y a nuestra democracia. Además, conllevó a la desaparición de un partido político”, afirmó el mandatario.

El acto público, en el que estuvieron muchas de las víctimas del exterminio de la UP, deja clara la voluntad del Gobierno por reconocer la responsabilidad de las instituciones en uno de los episodios más trágicos del conflicto. También, de corresponder los gestos ya ofrecidos por la guerrilla, precisamente, haciendo un acto público frente a uno de los hechos que las Farc identifican como causales de su lucha armada.

El presidente, Juan Manuel Santos, y la presidenta de la UP, Aída Avella, durante el acto de reconocimiento de responsabilidad. Foto: Presidencia

Más que palabras

Más allá del pedido de perdón y el reconocimiento de responsabilidades, las víctimas le han pedido a las Farc que vayan más allá y tengan gestos efectivos de reconciliación. Los familiares de los diputados del Valle, por ejemplo, pidieron un acto público de perdón en Cali, el reconocimiento del sacrificio de los políticos y la entrega de los objetos personales que tenían durante su secuestro.

Aida Avella, sobreviviente del genocidio de la UP y presidente de esa colectividad, el jueves pasado, le dijo al presidente Santos que “si el Estado está comprometido con las garantías para nosotros, se tienen que remover los obstáculos que nos impidieron y negaron el derecho a participar con plenas garantías y en igualdad de condiciones con los partidos tradicionales en el ejercicio del poder”.

Así mismo, otras víctimas de la misma UP piden que ese reconocimiento se traslade a los procesos judiciales y se individualice pronto quiénes estuvieron involucrados en el exterminio de sus líderes y militantes.

Las víctimas serán determinantes en el desarrollo de los acuerdos de paz una vez estos sean refrendados. El perdón que piden hoy las Farc y el Estado es un paso adelante para sanar las heridas, pero falta la mayor parte de un camino que va más allá de las palabras y que conduce a la consolidación o al fracaso de la paz.