Cómo así: ¿Marduk no, pero Maluma sí? | ¡PACIFISTA!
Cómo así: ¿Marduk no, pero Maluma sí?
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Cómo así: ¿Marduk no, pero Maluma sí?

Santiago Valenzuela A - Septiembre 28, 2018

OPINIÓN | El caso de Marduk refleja un episodio más de la doble moral en Colombia, donde se piensa que los problemas se solucionan negando derechos y violentando a quienes los ejercen.

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A Marduk, la banda de black metal sueca que quieren censurar en Colombia, la escuché por primera vez en un local del segundo piso de Vía Libre, en la calle 19 con carrera 5°. Como otros grupos de este género, en las letras criticaban a la Iglesia Católica. En ese entonces, por un escándalo en el Vaticano, el tipo que me vendió el CD me explicó que Marduk, Gorgoroth, Dimmu Burgir y otras grandes bandas de metal, eran como un escape para esa doble moral conservadora. Escuchándolas sentía un alivio. Más que una adoración a Satán –que también existe– el Black Metal era, para él,  una resistencia a lo más podrido que representa la Iglesia Católica y su historia.

Y así como hay grupos de black metal, también existen los de white metal o metal cristiano. La música es un medio de expresión, por obvio que suene en estos momentos. Es, además de insonstitucional, violento que ciertos sectores políticos quieran censurar a un grupo de metal por su orientación religiosa. El concejal Marco Fidel Ramírez,  quien se hace llamar “el concejal de la familia”, lideró una campaña en contra del concierto de Marduk porque “agredía los principios católicos”. Recogió 75.000 firmas e incluso le pidió al presidente Iván Duque evitar que la banda se presentara en otras ciudades como Pasto.

En la mañana del viernes 28 de octubre, el alcalde Enrique Peñalosa anunció que Marduk no podría presentarse en Bogotá. La razón: que el bar Ace of Spaces Club, donde se realizaría el concierto, no cumplía con los requisitos del Código de Policía. Airoso, Peñalosa trinó: “La banda Marduk no tocará en Bogotá”, haciéndole un guiño a Ramírez y negando implícitamente cualquier otro espacio para la banda. Resulta curioso, por cierto, que Peñalosa no dijera nada del concierto de la banda de metal At The Gates en el mismo lugar el pasado 22 de septiembre.

Después de una semana de búsqueda, los organizadores del evento no consiguieron un escenario para realizar el concierto. Según Andrés Arce, organizador principal, el concierto fue cancelado de manera definitiva: “Hubo razones más arriba que cualquier vaina del lugar o cosas así”. Arce prefirió no ahondar en el tema, pero llama la atención que el pasado 3 de octubre, en Pasto, la banda se presentara sin ningún problema.

 

Concejal Marco Fidel Ramírez y alcalde Peñalosa, les recuerdo que vivimos en un Estado laico, que no estamos en una dictadura que limita las expresiones culturales. La música de Marduk, así ustedes no lo quieran admitir, hace parte de esas expresiones. No sé si ustedes saben que en Rock al Parque existe un día solamente para el género del metal, uno de los más populares en Bogotá. Y que en el último festival, la banda que cerró el sábado fue Dark Funeral, similar a Marduk. Y sí, también crítica a la iglesia católica.

El movimiento del black metal tiene acogida en los barrios populares de Bogotá, incluso es un género que tiene sus raíces en Colombia. Podríamos decir, de hecho, que la industria del metal está pendiente de lo que pasa en los bares de diferentes ciudades, como Bogotá, Cali o Cartagena. Desde Medellín, por ejemplo, salió una de las bandas pioneras del black metal en el mundo: Parabellum, formada en 1983 y precursora de un movimiento que creció en las décadas siguientes. Censurar a Marduk es censurar a miles de jóvenes que han encontrado en el metal un espacio pacífico de expresión. Basta ver un concierto de Masacre o Neurosis, ambas colombianas, para entender porqué los jóvenes, hartos de las injusticias, de vivir en la guerra o de afrontar una realidad con oportunidades precarias, anhelan un espacio como ese, donde pueden pogear.

La libertad de expresión, protegida por la Constitución, le ha abierto espacio a todos los géneros. A Maluma –quien, a propósito se presentará en Bogotá el próximo 10 de noviembre– también han intentado censurarlo por sus letras, por la objetivización de la mujer, entre otras críticas que despiertan sus letras. Sin embargo, aquí nadie ha intentado cerrarle las puertas de un escenario. Lo mismo a Silvestre Dangond, un referente en una cultura marcada por el machismo y la violencia. El trabajo de los colectivos feministas ha sido fundamental para generar reflexiones alrededor del género y está bien que este tipo de debates se den. De hecho, sería absurdo pretender acallar las voces de quienes se pueden sentir violentados por Marduk, una banda que ha sido cuestionada por compartir ideales nazis. El fascismo y la violencia de género pueden ser cuestionados, de acuerdo. Pero echar mano del veto y de la censura no es el camino.

También sería miope pensar que el aparente odio de Marduk se traduzca en violencia contra la comunidad cristiana en Colombia. Sus conciertos pueden representar un espacio de ocio y libración. La censura, por el contrario,  sí genera nuevas violencias. Muchos de nosotros podremos sentir las constantes incitaciones al odio de un Youtuber cristiano como Oswaldo Ortiz, pero llegar a exigirle que deje de hacer sus videos –o que su canal sea cerrado– rayaría en lo absurdo.

El black metal tiene muchos matices. Inquisition, una banda reconocida en el mundo, tiene al frente a Dagon, un caleño que trascendió y llevó su música a Estados Unidos. La banda cumplió 30 años recientemente. En una entrevista en Colombia, Dagon habló sobre la necesidad de mantener el respeto: “Cuando me preguntan sobre química o cómo hemos durado tantos años es eso hermano, el respeto (…) La oscuridad del black metal se tiene que disfrutar (…) Yo soy un man como cualquier persona y este es simplemente otro rito”.

Censurar los ritos de black metal, como lo hicieron en Guatemala o El Salvador, donde los gobiernos rechazaron a Marduk por “ofender la moralidad de los cristianos”, es actuar desde el populismo. En México circula una petición promovida por familias cristianas ensañándose contra Marduk, como si de verdad representara el diablo, como si bloquéandoles la entrada su música dejara de circular.

Como sucede con la dosis mínima, con este tema y la prohibición se estaría creando un problema que no deberíamos estar discutiendo: el de la libertad de expresión y el del libre desarrollo de la personalidad. El caso de Marduk refleja un episodio más de la doble moral en Colombia, donde se piensa que los problemas se solucionan negando derechos y violentando a quienes los ejercen.