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Las lecciones que quedaron para los constructores de paz después del plebiscito
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Las lecciones que quedaron para los constructores de paz después del plebiscito

Staff ¡Pacifista! - Octubre 5, 2016

OPINIÓN Con el triunfo contundente de la abstención, por encima del 60%, quedan al descubierto los desafíos que nos esperan.

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Columnista: Andrei Gómez Suárez

El 25 de julio de 2016 Rodeemos el Diálogo escribió una carta al presidente Juan Manuel Santos, al expresidente Álvaro Uribe y a Rodrigo Londoño (“Timochenko”) pidiendo que se sentaran a dialogar. Hoy más que nunca es necesario ese encuentro.

Las declaraciones del presidente, del expresidente y del comandante de las Farc después de los resultados del plebiscito reafirman la importancia de proteger los acuerdos y de implementar lo acordado. Sus discursos revelan la sensatez de cada sector de la sociedad colombiana para evitar que este episodio sea un nuevo motivo para continuar la guerra.

Los resultados de este plebiscito son contundentes. El 50% de los colombianos que votaron están de acuerdo con: (1) que las Farc participen en política y que sus miembros se reintegren a la sociedad con el apoyo económico del Estado, (2) que todos los responsables de crímenes internacionales se comprometan con el esclarecimiento pleno y la reparación integral de las víctimas, (3) que se ofrezcan garantías de seguridad para la participación política y (4) que se acaben para siempre los vínculos entre legalidad y criminalidad que perpetúan la violencia y el subdesarrollo.

El otro 50%  de la sociedad colombiana que votó comparte al menos estas últimas tres aspiraciones. Sin embargo, una campaña llena de mentiras como lo mencionaba en mi columna anterior, logró movilizar a la mitad de este sector en contra de los acuerdos. En el fondo sabemos que muchos colombianos están en desacuerdo con la participación política de las Farc y con las sanciones establecidas para los que contribuyan con el esclarecimiento de la verdad.

Sin embargo, ahora que la campaña política ha terminado con el triunfo contundente de la abstención, por encima del 60%, quedan al descubierto los grandes retos para la sociedad colombiana.

Primero, la guerra ha impedido el fortalecimiento de una cultura política que se exprese en la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones. Sólo el 37,4% de los colombianos salieron  a las urnas.  La transformación de nuestro país requiere un compromiso amplio de todos los colombianos. Hoy más que nunca son necesarios nuevos liderazgos que involucren a esos colombianos apáticos en la transformación de nuestro país.

Segundo, el rencor, la mentira y la trampa son pilares de las estructuras culturales colombianas. Para superar este legado de la guerra es necesario cambiar nuestra educación, privilegiar los ejercicios de esclarecimiento y reformar el manejo de los medios. No podemos pretender cambiar el país sin hacer las transformaciones profundas que permitan el surgimiento de una ciudadanía honesta, generosa, solidaria y respetuosa.

Tercero, es necesario proteger los grandes logros del proceso de paz. Además de mantener el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo es fundamental que el presidente y sus ministros recurran a todos los mecanismos de ley para continuar avanzando en la construcción de paz. Los colombianos no queremos más guerra. La implementación de los acuerdos no es un capricho. El Gobierno ha asumido una responsabilidad histórica y cuenta con un amplio respaldo popular para seguir adelante.

Cuarto, es necesario reconocer que el populismo le ha hecho mucho daño al país. Es primordial que los líderes que se opusieron a la implementación de los acuerdos acepten que un amplio sector de la sociedad colombiana está de acuerdo con abrir la democracia permitiendo la participación política de las Farc. Es su responsabilidad evitar condenar a las nuevas generaciones a otros 50 años de guerra. La oposición política no justifica el uso de la estigmatización y exageración, por el contrario, exige la transparencia y la sinceridad frente a la oportunidad de poner fin a una historia de horror.

Quinto, las Farc deben seguir sembrando la reconciliación. Los actos tempranos de reconocimiento de responsabilidades han empezado a sanar el dolor de muchas familias colombianas. Así como durante tantos años se mantuvieron firmes en la lucha armada contra el Estado hoy deben mantener su convicción de transformar el país a través de su participación política. Muchos colombianos reconocen hoy y reconocerán mañana su vocación por proscribir el uso de la violencia.

Sexto, muchos  sectores de la sociedad civil han descubierto el papel transformador que pueden jugar. Nuestro reto es continuar trabajando; debemos llegar a muchos rincones de Colombia para construir más igualdad, para ayudar a desarrollar el potencial de miles de compatriotas que hoy están sumidos en la pobreza. Las Damas, Buenaventura, Llorente, El Tarra y cientos de municipios y veredas a lo largo y ancho de la geografía nacional claman a gritos la construcción de un país más incluyente. La campaña por el Sí debe marcar el inicio de una apuesta común de largo plazo que haga realidad las transformaciones inaplazables contenidas en el Acuerdo Final.

Estos retos alimentan la invitación para que el Centro Democrático, las Farc, el Gobierno y todas las organizaciones de la sociedad civil se unan alrededor de un proyecto de país en el que prime la alegría y la esperanza y que deponga la desconfianza, el miedo y el rencor. Esta es una oportunidad para que el ELN se involucre también en esta historia.