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La verdad de Santos, 6.402 víctimas después
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La verdad de Santos, 6.402 víctimas después

Diego Prieto - junio 15, 2021

El expresidente Santos, en audiencia pública, entregó su versión frente a la Comisión de la Verdad. Recordó su paso por el ministerio de Defensa y pidió perdón por el horrible y condenable hecho que sucedió mientras él estaba en el Gobierno: ejecuciones extrajudiciales conocidas como ´Falsos Positivos´.

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En presencia de los comisionados Martha Ruiz, Alejandra Miller, Saul Franco y el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, el expresidente Juan Manuel Santos aportó su versión sobre los ´Falsos Positivos´, un hecho que dejó según La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en el auto 033 de 2021, 6.402 personas víctimas de muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate entre 2002 y 2008. 

Santos, quien fuera ministro de Defensa entre 2006 y 2009, calificó de un hecho inconcebible y profundamente inhumano a los ´Falsos Positivos´, que sucedieron, en buena parte, durante su participación en el Gobierno Uribe.

 

Qué rescatar de lo que dijo

Santos empezó su intervención reconociendo la importancia de la verdad; recordó que, en diálogo con las víctimas, la verdad y la no repetición, eran, según las víctimas, los derechos más importantes. 

“Esta no es una historia fácil de entender, no solo porque es inconcebible que hombres de nuestro Ejército Nacional hayan cometido o tolerado estos hechos, -yo mismo tardé un buen tiempo en aceptarlo- sino porque se dieron en paralelo, dos fenómenos absolutamente contradictorios, una notable mejoría del comportamiento de nuestras tropas en el terreno (…) y una tendencia opuesta, asociada marcadamente a ciertas unidades y a ciertas regiones a cometer homicidios en persona protegida o ejecuciones extrajudiciales”.

Santos reconoció que compartía el mismo objetivo del expresidente Uribe: derrotar a las Farc, sin embargo, la diferencia era en el cómo, y añadió que “Uribe pretendía acabar militarmente a las Farc, él quería una derrota total”. Sobre eso, insistió en que Uribe nunca quiso reconocer la existencia de un conflicto armado, pues para él los guerrilleros eran unos simples narcotraficantes y terroristas. “Los narcoterroristas son mejores enemigos, suenan más peligrosos que los guerrilleros“, dijo según la versión de Santos.  

Por otro lado, Santos quería una derrota estratégica y llevarlos a una mesa de negociación. Recordó que, durante su estadía en el Gobierno, le importaba aplicar el DIH y respetar los DD. HH., para eso trabajó, junto con su viceministro de Defensa en dos frentes: mejorar sustancialmente la inteligencia de las fuerzas militares y fortalecer la legitimidad de las fuerzas armadas a través de una política de DD. HH. ambiciosa vinculante y eficaz; una politica que funcionó, dijo Santos, dando como resultados, solo en 2007, la baja de cabercillas como alias ‘JJ’ en el Pacifico, ‘El negro Acacio’ en los llanos orientales y ‘Martín Caballero’ en los montes de María. 

Santos insistió que la legitimidad del Ejército se ganaba con el apoyo de la ciudadanía, y que para eso proclamaban discursos como el que dictó Fredy Padilla de León, comandante general de las fuerzas militares el 16 de agosto de 2006: “Seremos acaso el primer ejército de la historia que gane una guerra con la preocupación fundamental del respeto al derecho Internacional Humanitario (…) No vamos a deshonrar nuestro combate con un acto salvaje, una crueldad o una cobardía con el vencido”, algo que en palabras era muy noble, pero que trasladado los hechos demostró ser lo contrario.  

No solo el discurso, era la estrategia, “el nuevo plan de guerra tenía un alcance más amplio del puramente militar, pues haría énfasis particular en la acción integral del Estado, en las zonas a donde llegue la fuerza pública y en la protección y respeto de los DD. HH.”, para eso dispuso que siete coroneles se desempeñaran como inspectores delegados de las 7 divisiones del ejército.   

23 de marzo de 2007, escuela de Suboficiales: “Señores sargentos mayores, jefes técnicos y técnicos jefes de nuestras fuerzas militares tienen que ser faros de legitimidad y enseñar con su ejemplo y su palabra a las nuevas generaciones”. Juan Manuel Santos.

Esa consigna permeó, según Santos, a las fuerzas militares, “había que combatir con un fusil en la mano y la constitución en la otra, nunca podemos olvidar que el respeto por la ley y los DD. HH. es lo que nos diferencia y nos da superioridad moral sobre el enemigo”, dijo.

En ese mismo camino, Santos, junto con el Comité Internacional de La Cruz Roja (CICR) y de la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU, desarrollaron una política en DD. HH. donde habían producido documentos importantes sobre la responsabilidad del comandante en hechos de intervención militar, todo con el fin de hacer los correctivos necesarios y afinar el sistema.

Esta decisión, dijo Santos, no gustó mucho, pues eso implicaba permitir que organismos internacionales vigilaran eso que se escuchaba entre los pasillos: la posible existencia de los ‘falsos positivos’, sin embargo, fue definitiva para enfrentar la crisis de las ejecuciones extrajudiciales, incluso, aseguró que hubo cooperación del Gobierno Britanico, quienes, por medio de una comisión, estudiaron el entrenamiento y los ciclos operacionales de los soldados y el impacto que esto tenía en materia de DD. HH.. 

 

El Ejército paralelo y macabro

En términos jurídicos, los ‘falsos positivos’ son homicidios en persona protegida en el marco de DIH y ejecuciones extrajudiciales en el marco de los DD. HH., así lo reconocían en el ministerio. La connotación de ‘falsos positivos’ vino con la prensa, dijo Santos. 

“Esta práctica llegó al extremo de terminar con la vida de personas venidas de fueras de las regiones donde se presentaban los resultados operaciones para ser luego reportados como caídos en combate. Los asesinaban lejos de sus lugares de residencia para que nadie los reconociera y su muerte no despertara protestas entre la población local, luego eran enterrados como NN en un cementerio local mientras que se introducía alguna referencia en algún informe de inteligencia para justificar las muerte de un “combatiente” y asegurar que se inhibiera la acción de investigación penal”, Juan Manuel Santos.

La presión por producir bajas y los premios por lograrlo, fueron sin duda, los principales incentivos para producir semejante degradación del conflicto, dijo Santo, quien admitió que al principio no creía que los ‘falsos positivos’ pudieran ser una realidad. “En mis primeros meses en el ministerio oí rumores sobre la posible existencia de los ‘falsos positivos’, pero como entonces no pasaban de ser rumores sin evidencia que los sustentara no les dí credibilidad. No me cabía en la cabeza que algo así pudiera estar ocurriendo”, creía, como muchos en el Gobierno, que eran malévolas acusaciones, inventos y manipulaciones.  

Sin embargo, recordó que cuando iba junto con el presidente Uribe a visitar las guarniciones, salía a relucir el número de bajas casi siempre de primero. 

El punto de inflexión sucedió, recuerda Santos, cuando tuvo una conversación con el General veterano de la guerra de Corea, Álvaro Valencia Tovar, quien le había dicho que no considerara a las Farc como enemigos sino como adversarios, porque los enemigos se eliminaban, se destruían, mientras que los adversarios había que vencerlos, derrotarlos; lo otro que le dijo es que le preocupaba que se estuviera aplicando la ´Doctrina Vietnam´, la del conteo de cadáveres, porque eso puede degradar el conflicto a niveles insospechados. 

En 2007, Santos comenzó a recibir información de varias fuentes, dice él, creíbles, como Javier Hernández, representante encargado de La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, quienes le entregaron dos informes: uno el 11 de abril y otro el 4 de mayo de 2007. El General Mario Montoya, comandante del Ejército, el 6 de junio dio respuesta a los 99 casos que había presentado la Oficina, los asesinatos extrajudiciales ya eran de interés público.  

Uno de los primeros casos de ‘falsos positivos’ que atendió Santos fue el de Aicardo Ortíz, asesinado el 8 de julio de 2008 en Yondó, Antioquia, jurisdicción del batallón Cimitarra. El hijo, soldado del Ejército, denunció el asesinato cometido por el batallón Calibio. Su padre tenía 67 años. Este fue el caso que prendió las alarmas de Santos.

“El caso de Soacha nos acabó de poner los pelos de punta”, dijo Santos. En Ocaña y Cimitarra, aparecieron muertos, uno o dos días después, muchachos que se habían dado por desaparecidos en Soacha y que allí reposaban como NN, y presentados como muertos en combate. De inmediato, recuerda Santos, produjeron un comunicado y gracias a la prensa empezó a aparecer más información para resolver los casos. Con ese comunicado, dijo Santos, se supo por primera vez que las desapariciones estaban ligadas al Ejército Nacional. 

De inmediato, dijo Santos, se creó un comité: La Directiva 10, integrado por el ministro de Defensa, los viceministros para asuntos políticos y asuntos internacionales, el comandante general de las fuerzas militares, los comandantes de las fuerzas militares, el director de la Policía, los inspectores de cada fuerza, la directora de la justicia penal militar y los coordinadores de DD. HH. del Mindefensa. En esa directiva también intervenían La Fiscalía, La Procuraduría, La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas. Allí se discutía, dijo Santos, con información de la CICR y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU, casos concretos de ‘falsos positivos’, citaban a los oficiales y suboficiales involucrados de los casos denunciados para que explicaran lo que había ocurrido frente a todo el comité.

La nueva doctrina era privilegiar los desmovilizados, en segundo lugar quedaban las capturas y en tercer lugar las bajas”, dijo Santos que fue el resultado luego de las discusiones que en esa mesa se presentaron, la orden quedó plasmada en la directiva 3028 de noviembre de 2007 en el Comando General, y agregó: “queríamos privilegiar las desmovilizaciones colectivas e individuales sobre las capturas y estas a su vez sobre las muertes en combate”. 

Se hicieron campañas de publicidad para que los combatientes se desmovilizaran, y la orden, según Santos se cumplió, en 2008 se desmovilizaron 3.461 ex combatientes, se capturaron 2.485 y fueron abatidos en combate 1.184

Otro de los resultados de este comité fueron los seminarios, capacitaciones y modificaciones a la otorgación de medallas a los uniformados. Se derogó el decreto 1400 de 2006 que había sido, según Santos, interpretado como incentivos para producir bajas. 

03 de octubre de 2008 Se creó una comisión de investigación de carácter administrativo en donde se pudo comprobar el actuar del Ejército.

“Cada vez que recuerdo esto se me revuelve el corazón, ¿hasta donde nos llevó esta maldita guerra?” y agregó, “el capítulo de los falsos positivos es uno de los momentos más dolorosos que he tenido en mi vida pública y es una mancha indeleble en el honor de un ejército que tiene sobrados motivos para vanagloriarse, pero que también debe tener la entereza para conocer la verdad y pedir perdón es una forma de resarcir el daño (…) Lo reconozco y les pido perdón a todas las madres y a todas sus familias víctimas de este horror, desde lo más profundo de mi alma. Que esto nunca, nunca, vuelva a pasar“.

 

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