La reconciliación: lecciones que nos están dando los militares
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La reconciliación: lecciones que nos están dando los militares

Staff ¡Pacifista! - Septiembre 27, 2016

OPINIÓN Militares, activos y en retiro, han mostrado unas apuestas claras por la construcción de paz.

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Columnista: Mateo Echeverry Ángel

Cualquiera pensaría que las Fuerzas Militares son uno de los espacios de la vida social colombiana donde las miradas sobre el proceso de paz son más críticas. Justamente han sido los militares los encargados de combatir durante décadas a las Farc. Las han perseguido por páramos, selvas, montañas, ríos. Han visto caer muertos, mutilados y secuestrados a muchos de sus hombres. Han sentido, junto con sus familias, el profundo dolor que causa la guerra y los miles de sacrificios que exige portar el uniforme.

Pero así mismo es desde este lugar que empiezan a surgir hechos que le apuestan a la construcción de un país distinto en el posconflicto. En estos últimos tiempos, militares, activos y en retiro, en entrevistas y actos, han mostrado unas apuestas claras y directas en cuanto a la reconciliación y la paz. Gestos significativos cuando son desde el mismo uniforme con el que batallaron durante toda una vida.

El general Alberto José Mejía, en su entrevista con Claudia Gurisatti, hizo una elegante y magnífica defensa de lo que significa un Ejército comprometido con la paz. Frente a la pregunta de qué significaba cuidar a las Farc señaló que, cuidar las zonas de concentración “no puede ser entendido como una humillación”, y que “si no estuviésemos (el Ejército) en la cima moral traerían cascos azules u otra gente (…) pero va a estar ahí el Ejercito que queda con las armas de la República, el Ejército que ganó esta guerra”. El General Mejía dejó claro que el Ejército seguirá garantizando la seguridad de todos los colombianos, aportando a una paz sostenible y comprometida con los principios democráticos.

El General Javier Flórez, negociador en la subcomisión técnica para el fin del conflicto, en su entrevista con Yamid Amat, recordó sus experiencias al mando de la Fudra y Omega, estructuras que combatieron en las zonas más complejas de la geografía nacional. No pudo evitar la tristeza el General Flórez al recordar los hombres que perdió en las múltiples batallas. Cuando Yamid le pidió definir en una palabra a los guerrilleros, el General respondió “colombiano”. Esta es la capacidad de humanizar al enemigo después de tanto dolor, entendiendo que hay un común denominador que nos recorre a todos los que habitamos este territorio. Aun cuando estamos en orillas ideológicas diametralmente opuestas.

El mayor general Juan Guillermo García, en un gesto de reconocimiento al adversario en el pasado y al ciudadano democrático del presente, condecoró al senador Antonio Navarro Wolf con la medalla militar general José Hilario López de Derechos Humanos y DIH. El senador Navarro es, por sus servicios al país como ministro, gobernador, alcalde, senador y presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, uno de los mejores exponentes de los desmovilizados que durante sus 25 años de reintegrado a la sociedad a logrado ocupar cargos de trascendencia nacional. Fue la primera vez que un exguerrillero era condecorado por las Fuerzas Militares y un acto histórico con una carga simbólica de reconciliación innegable.

Lo más esperanzador de estos gestos por parte de militares es que no son casos aislados. Hay muchos militares y policías más que a lo largo de estos meses y días han demostrado su interés por la paz. En el día de la firma de los acuerdos en Cartagena, 29 generales de la Policía enviaron una carta pública señalando que, “Nosotros, que le hemos visto muy de cerca el rostro a la barbarie, no solo le damos la bienvenida al fin del conflicto armado, sino que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a sanar las heridas de las víctimas y redoblaremos nuestros esfuerzos para consolidar una Colombia segura y en paz”.

Recientemente el general (r) Manuel José Bonnet, en una entrevista con la W, señaló que, a pesar de que hay puntos del acuerdo que no comparte, va a votar porque “no quiero que muera un colombiano más”, recordando las múltiples banderas por soldados muertos que tuvo que entregar a madres y esposas en sus cuarenta años de carrera militar. En esa misma línea se pronunció el general (r) de la Policía, Rosso José Serrano, en una entrevista con Semana, cuando señaló que, “prefiero ver a “Timochenko” en cualquier lado y no matando policías”, recordando las tristes noticias que recibía a diario en su época como Director de la Policía Nacional.

Sin duda un lugar especial lo tienen los generales Mora y Naranjo, y todos esos militares y policías que desde su trabajo en La Habana hicieron que este debate sobre la reconciliación y la paz sea posible.

La paz entre guerreros es una paz que quizá los civiles no entendamos. Es la paz de individuos que conocen los más grandes estragos de la guerra. No es fácil humanizar al enemigo después de la barbarie. En el ejercicio de sentarse cara a cara los sentimientos y experiencias afloran. Sin duda pasan por la cabeza los miles de hombres perdidos en el frente, y las visitas a sus familiares a comunicarles noticias trágicas. Pero la paz se hace con los enemigos, no con los amigos.

Hay elementos que median en la capacidad de ponerse por encima de las emociones y circunstancias personales. La responsabilidad por las vidas que se están salvando, militares y civiles, es la más importante de todas. Porque es un hecho que desde el inicio del cese al fuego estamos en los números más bajos de violencia que ha visto Colombia en las últimas décadas. No hay mayor gesto de responsabilidad y amor de un comandante hacia su tropa que la de impedir que sigan muriendo policías y militares. Es lo que dice el general Bonnet cuando señala, “Yo no quiero que muera un soldado más. Hay gente que habla del no y del no, y no le interesa que sigan muriendo soldados”.

Es más que entendible que estos gestos tengan resistencia. La reconciliación después de una guerra brutal como la colombiana va a ser un proceso difícil y largo. Hay muchas heridas que sanar y muchos sentimientos hacia las Farc, desde las Fuerzas Militares y de Policía, que son comprensibles. Las heridas que deja la guerra en los militares y policías colombianos no solo están en el cuerpo, son también en el alma. El reconocimiento a su labor, dolor y sus víctimas es un componente clave en la dignificación de todos los que sufrieron en esta guerra. En esta guerra fratricida no hay víctimas de segunda.

Estos militares y policías, con sus acciones y palabras, nos han dejado un importante mensaje para los días que vienen. En medio de lo difícil que sea posicionar un mensaje, con las emociones que todavía están a flor de piel, han mostrado que cuidar al que ha sido el enemigo, humanizarlo y exaltarlo cuando ha sido cabal a su palabra, es la grandeza moral de las Fuerzas Militares en la paz. Esta es una lección de reconciliación y transformación, no exenta de dificultades, pero por la cual vale la pena arriesgarse. Difícil por el dolor y heridas que nos dejó la guerra, pero nadie dijo que la paz y la reconciliación son fáciles. La paz y la reconciliación son de valientes.

(Les recomiendo el último libro del CNMH Esta mina llevaba mi nombre, un sentido homenaje a los miembros de la Fuerza Pública víctimas de minas antipersonal)