¿Existe un “nosotros” en el que todos estemos incluidos?, una pregunta para hacerse el 2 de octubre | ¡PACIFISTA!
¿Existe un “nosotros” en el que todos estemos incluidos?, una pregunta para hacerse el 2 de octubre
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¿Existe un “nosotros” en el que todos estemos incluidos?, una pregunta para hacerse el 2 de octubre

Staff ¡Pacifista! - Septiembre 13, 2016

OPINIÓN Difícilmente existe uno que dura lo mismo que un partido de fútbol.

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Columnista: Mateo Echeverry

Richard Rorty, un filósofo gringo, menciona que la verdadera definición de solidaridad no parte de la identificación (de la gente que se parece a mí), sino de la  “la habilidad de pensar en personas marcadamente distintas a nosotros e incluirla en el rango de nosotros”. En medio de esta discusión sobre el Sí y el No, surge esa gran pregunta sobre qué es el “nosotros” que, desde uno y otro lado, se usa para debatir y afirmar en la conversación.

En Colombia tenemos múltiples “nosotros”, pero difícilmente existe uno en que cabemos todos los que habitamos este país. Está un “nosotros” urbano, en donde vemos el conflicto lejano, por televisión.  También un “nosotros” rural, donde la violencia se ha ensañado en la cotidianidad y por generaciones. Existe un “nosotros” donde se habla de la gente de bien. Y está un “nosotros” de –como dijo Leonard Rentería en su intervención en Buenaventura–  jóvenes empobrecidos que no tienen otra opción que la guerra.

Los miles de “nosotros” reflejan los múltiples países en donde vivimos los colombianos. Realidades muchas veces cerradas donde, en el caso de la juventud urbana, un tema como Uber puede generar mayor impacto que la propia finalización del conflicto armado. Vivimos en realidades compartimentadas que difícilmente tienen espacios en común.

¿Existe un “nosotros” en donde todos estemos incluidos? Difícilmente existe uno que dura un partido de fútbol de la selección, nada más. 90 minutos y pare de contar.

La finalización del conflicto marca la posibilidad de construir un “nosotros” mucho más amplio. Uno que entienda y dignifique a las generaciones que sufrieron el conflicto, y uno que se responsabilice por  entregar a las futuras generaciones un país en que no repita el sufrimiento del pasado.  Uno con la capacidad de sentir y comprender los múltiples problemas que encuentran los colonos en los confines del país rural para la educación de sus hijos y para producir y comercializar sus productos. Uno que pueda humanizar a todos aquellos que en el pasado entendimos como enemigos y, sin tener que estar de acuerdo en sus planteamientos, reconocerle su derecho a existir y opinar. Uno que, por encima de todo,  vea un país en donde sí quepamos todos.

John Paul Lederach, uno de los grandes estudiosos sobre los conflictos y la paz a nivel mundial, cuenta cómo,  “allí donde, en pequeña o gran medida, se rompen las cadenas de la violencia, hallamos una singular raíz central que da vida a la imaginación moral: la capacidad de personas individuales y comunidades de imaginarse a sí mismas en una red de relaciones, incluso con sus enemigos”. Es esa imaginación la que necesitamos para entender que como habitantes de este territorio, que es Colombia,  nos encontramos interconectados, y que la felicidad  o la desgracia de una parte de esa Colombia es, de la misma forma, la de todo un país.

Somos el soldado muerto o mutilado por una mina antipersonal. Somos el campesino que tuvo que abandonar su tierra. Somos la familia de los desaparecidos y secuestrados. Somos el guerrillero que nunca pudo jugar en su infancia porque solo conoció la guerra. Todos esos somos nosotros.

No es tanto la pedagogía, como la misma capacidad de generar empatía, y la posibilidad de ampliar el “nosotros”,  lo que determinará el rumbo del plebiscito del 2 de octubre. Esa posibilidad de comprender que necesariamente los sueños y destinos de los habitantes de este territorio se encuentran entretejidos, para bien o para mal, para la guerra o para la paz.

Yo voto Sí, por un “nosotros” amplio y esperanzador para todos. Es el “nosotros” que Colombia merece.