“La paz tarda y requiere de una generación de jóvenes dispuestos a construirla”: Pat Colgan
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“La paz tarda y requiere de una generación de jóvenes dispuestos a construirla”: Pat Colgan

Andrés Felipe de Pablos - Julio 29, 2016

Recogimos las lecciones y opiniones de uno de los responsables de la implementación de los acuerdos en Irlanda del Norte.

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Fotos: Santiago Mesa.

Al tiempo que en La Habana (Cuba) los negociadores del Gobierno y las Farc definen los últimos detalles de un acuerdo final de paz, y en Colombia las campañas para la refrendación, o no, de los acuerdos empiezan a alistarse, vale la pena escuchar a quienes ya han pasado por procesos similares. Es el caso de Pat Colgan, un filósofo y administrador público norirlandés, quien fue la cabeza del programa de la Unión Europea (UE) para la paz y la reconciliación durante y después del proceso de paz de Irlanda del Norte.

Entre 1995 y 2000, Colgan coordinó un fondo de 500 millones de euros que la UE destinó en su primer programa de paz para Irlanda del Norte con el fin de atajar “la herencia inmediata del conflicto”. Después, de 2000 a 2004, tuvo a cargo otro fondo, éste de 1.000 millones de euros, que se usó para la etapa de implementación de los acuerdos. Y, después, fue director ejecutivo y contable del Cuerpo Especial de Programas de la UE (SEUPB por sus siglas en inglés), que trabaja por el mantenimiento de la paz en Irlanda del Norte, Irlanda y Escocia. En otras palabras, Colgan fue el encargado de manejar el dinero de la cooperación para el fin del conflicto y el posconflicto de Irlanda del Norte, el hombre de la plata.

Colgan llegó a Colombia como invitado de organizaciones civiles como la ONG británica Justice for Colombia y Rodeemos el Diálogo, y ha intercambiado aprendizajes con la delegación de las Farc en La Habana, Cuba; con el ministro del Posconflicto, Rafael Pardo; con el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, y con la Comisión de Paz del Senado de la República.

Nos lo encontramos en un diálogo con organizaciones sociales y académicos de distintas universidades, donde aprovechó para exponer su experiencia en el manejo de fondos para la paz. Contó que en Irlanda del Norte se han creado, de 1995 a 2014, cuatro fondos de este tipo alimentados de dineros provenientes de la UE y que, para cuando acabe el período del cuarto fondo, en 2020, Irlanda del Norte habrá recibido en total 2.400 millones de euros para la paz.

También, señaló que con los recursos que ha recibido ese país, desde el inicio de su proceso de pacificación hasta la implementación, se han adelantado cerca de 24.000 proyectos de reconciliación y pedagogía en las comunidades. “La construcción de la paz cuesta. Hay gastos que se tienen que hacer para reconstruir la sociedad y para aprovechar las oportunidades que da un proceso de paz”, sostuvo Colgan.

Colgan elogió el proceso de La Habana. “Con mucha humildad, confieso que tengo una gran admiración por el progreso del proceso de paz en Colombia. Los acuerdos de La Habana, donde están en este momento, tienen un valor intrínseco extraordinario. Aunque aún hay mucho más por hacer, lo que se ha pactado en el punto de justicia e inclusión de las víctimas me parece estupendo”, declaró.

Haciendo un paralelo entre el proceso de su país y el de Colombia, Colgan reveló que en Irlanda del Norte, aunque la implementación del proceso de paz fue muy inclusiva, no hubo un trabajo, reconocimiento, visibilidad y atención adecuada para las víctimas de la guerra. Diferente a lo que hoy se ha llegado a planear desde La Habana con la configuración de una Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz, dijo Colgan.

Otro obstáculo que tuvo la implementación de lo pactado,  fue la desconfianza que muchos irlandeses mantuvieron, y mantienen, frente a lo acordado. “En Irlanda del Norte aún hay personas que piensan que no hay que ayudar a los excombatientes, que tanto daño hicieron, porque a esa gente hay que dejarla en la cárcel para siempre”, mencionó.

Al día de hoy, 18 años después de la firma de un acuerdo final entre republicanos y unionistas, la desconfianza en Irlanda del Norte ha motivado la aparición de disidencias armadas que hoy amenazan lo pactado y, por ejemplo,  Belfast, la capital, sigue siendo una ciudad dividida con ‘murallas de paz’, por la desconfianza que aún impera.

Sumada a la poca atención a las víctimas y la desconfianza, otra traba para la implementación ha sido la reincorporación de los 40.000 excombatientes y prisioneros de guerra de ese país. Colgan dice que el Estado norirlandés no ha invertido lo suficiente y no ha otorgado oportunidades de empleo a esas personas. “Las dificultades de la reincorporación las conocemos como legacy problems, una herencia de los acuerdos de paz”.

Sin embargo, según dice, el proceso de Irlanda del Norte sí es un ejemplo de buena gestión, ya que en la implementación no se han presentado casos de corrupción y  la puesta en marcha de los pactos de paz ha implicado un mayor crecimiento para su economía, especialmente en sectores como el turismo.

Acabar con una guerra no es fácil. No lo fue en un país pequeño y con una población reducida (Irlanda del Norte tiene una superficie de 14.130 kilómetros cuadrados y está habitada por 1,8 millones de personas), ni lo será en Colombia. “La implementación de los acuerdos de paz necesita mucho tiempo. Requiere la aparición de una generación de jóvenes dispuestos a construir. La paz tarda en llegar porque amerita de cambios en el corazón, en el alma y en la cultura de las personas”.