Excentricidad nivel Peñalosa: ‘remodelar’ Bogotá con árboles extranjeros Ilustración: Juan Ruiz – ¡Pacifista!
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Excentricidad nivel Peñalosa: ‘remodelar’ Bogotá con árboles extranjeros

María Rodríguez - Septiembre 4, 2018

OPINIÓN | Aparte de su desmedido amor por Transmilenio, Enrique Peñalosa rememora su primera alcaldía con otra constante: dejar a la ciudad con menos árboles de los que encontró.

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Era la 1:00 a.m. del 30 de agosto. En los alrededores de la carrera 9 con calle 79, los habitantes de la zona vieron interrumpido su descanso por el escandaloso ruido de las motosierras. Un grupo de trabajadores del Jardín Botánico estaba talando árboles: falsos pimientos, romerones y robles, fueron algunos de los árboles que cayeron en esa madrugada. Antes de que amaneciera, ya una parte de la sociedad civil se había indignado y en redes la palabra “arboricidio” comenzaba a sumar repeticiones para convertirse en tendencia.

En entrevista con Blu Radio, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, explicó que desde que empezó su mandato (2016) se dio a la tarea de adelantar una “arborización” de la ciudad y designó al Jardín Botánico como la entidad encargada de la reconstrucción del paisaje. Sin embargo, reconoció el alcalde, el Jardín no informó previamente y con claridad a los bogotanos el porqué de la tala de árboles: “yo le he dicho al Jardín Botánico que tenemos que hacer una labor de comunicación”, decía Peñalosa a la emisora mientras andaba en su camioneta por la avenida circunvalar.

Además de esas explicaciones Peñalosa anunció que la Alcaldía busca “tener mejores árboles”, porque sobre la carrera 9 había “muchos enfermos, otros crecieron muy pequeños o no crecieron bien. Solo se cortaron los arboles degenerados y vamos a hacer una resiembra con árboles excelentes y muy hermosos”, concluyó. “Amo los árboles. Quiero una ciudad bien arborizada”, decía también Peñalosa por Twitter.

Entonces, con la bandera de “renovación paisajística”, el alcalde justificó la masiva tala en esta porción del norte de la ciudad. Sin embargo, no es la primera vez que Peñalosa sale con algo así, ni el único sector en el que ha intervenido. De hecho, en su primera alcaldía, en el año 2000, Peñalosa propuso el proyecto de “Bogotá se viste de verde”, con el que taló árboles por doquier con varios argumentos: “en Bogotá los árboles están mal sembrados, le provocan daños a su infraestructura de vías y redes de servicios”. Y como no todos eran de la misma especie, se vuelve “un revoltillo asqueroso: ese matorral espantoso que quita visibilidad y genera inseguridad”.

Tal vez a la máxima autoridad de la ciudad le falta entender que las especies de árboles de Colombia y de la ciudad, igual que sus pobladores, no son uniformes. De acuerdo con la escritora Carolina Sanín –dura crítica del alcalde– Peñalosa “tiene este plan de que haya pocas especies de árboles en Bogotá, porque ‘así se hace en todas las ciudades’, pero no es cierto”. Sanín, quien vive en el sector en el que las motosierras se prendieron en la madrugada del 30 de agosto, aseguró que el alcalde tumbó especies nativas para “sembrar liquidambar”, que viene de Estados Unidos: “quiere hacer como una alameda, todos sembrados a la misma distancia, en lugar de la biodiversidad que teníamos”.

Valga recordar que en aquel proyecto de principios del milenio, la Procuraduría y Defensoría del Pueblo encontraron irregularidades en sus planteamientos y su ejecución. pues fueron talados muchos más árboles de los que se sembraron posteriormente. En cuatro años (1997-2000), Peñalosa prometió sembrar 120.000 árboles, pero al final de su mandato la cifra no superó los 60.000.

Y esto, al parecer, es lo mismo que va a pasar en el norte de Bogotá.

¿De verdad había que talarlos, Enrique?

Para responder esta pregunta hablamos con José Luis Torres, ingeniero forestal, quien explicó que las molestias de a ciudadanía derivadas de la tala se deben a varias cosas. “La gran mayoría de las personas no se enteró del aviso que dio el Jardín Botánico. Ahí empezó todo mal”, cuenta el experto. Además, “a la hora que empezaron a hacerlo parecía traer un ocultamiento implícito: era la 1:00 a.m.”.

Aunque algunos árboles “sí llevaban sus años –continua Torres– el problema real eran las especies como el eucalipto que secan el suelo y además tienen alto riesgo de volcamiento porque son frondosos y el viento se los lleva”. No obstante, Torres como los vecinos, también está molesto: “van a sembrar menos árboles de los que quitaron. Eso sin mencionar que sembrarán una especie norteamericana en vez de flor amarillos o romerón, que son endémicas”.

El problema de este ‘relevo’, adicionalmente, es que un árbol grande cumple funciones diferentes a las un árbol pequeño: cubre más viento, limpia el aire, es una barrera contra el sonido y sirve de hábitat para especies. Sin embargo, los árboles que están sembrando son bebés. Es decir, el Jardín Botánico retiró árboles que tenían al rededor de 12 años y puso otros que van a tardar por lo menos 10 años en cumplir la misma función. “No hay una tasa compensatoria”, me decía José Luis indignado.

Las otras razones

Otras de las explicaciones que dio la Alcaldía fueron que los árboles talados eran un foco de inseguridad, que tenían hongos y que sus raíces deformaban las calles y levantaban el cemento.

En cuanto a la primera explicación, tiene que estar muy mal la situación de seguridad de la ciudad como para asumir que unos e menos árboles podrían mejorarla. En el razonamiento del gobierno distrital, pareciera entonces que esa táctica podría ser más efectiva, por citar el ejemplo más básico, que mejorar la presencia policial en esas zonas que, valga decirlo, estarían identificadas como riesgosas. De otra parte, también habría que informarle al Distrito que los hongos de un árbol pueden sanar y son fáciles de detectar, de hecho “la misma ciudadanía está atenta de estos y avisa al Jardín Botánico”, como asegura el ingeniero Torres.

La concejal por la Alianza Verde, Maria Fernanda Rojas, explicó que es necesario “revisar cuales son los criterios de la renovación paisajística. Hasta ahora las explicaciones no corresponden con un concepto integral del respeto a la biodiversidad natural”. Para Rojas, varias de las las razones que dio el Jardín Botánico para justificar la tala –como la presencia de “musgo, bifurcaciones e insectos”– son algo natural de las plantas y que en caso de que se encuentren muchos de estos elementos, el gobierno debería reconocer que no les ha dado un tratamiento adecuado a sus árboles.

Para la concejal, además, que el Distrito haya recurrido a explicaciones como que entre un árbol y otro o entre un árbol y la calle no había suficiente distancia se trata “argumento muy débil como para sustentar un tala. Estos son argumentos aparentemente ‘técnicos’ terminan, en últimas, afectando la capa vegetal que se necesita preservar las especies, enfrentar las olas de calor y contener el cambio climático”.

Ahora, desconocer que las raíces de los árboles son problemáticas en ciertos sectores de la ciudad sería absurdo: punto para Peñalosa. Para nadie es un secreto que hay calles de Bogotá que parecen una pista de BMX a causa de que las raíces que han crecido fuertes y han desnivelado los terrenos. No obstante, aunque no sea una responsabilidad exclusiva de la actual alcaldía, la causa de esto podría estar en la falta de atención y cuidado de los árboles, o al menos así me explicó Jeison Cano, biólogo experto en árboles.

Para evitar que los árboles dañen las calles, se usan los procedimientos “fitosanitarios como descope (quitar la copa para que no crezca mucho) o podar la raíz (sí, se puede). Este proceso, que antes era complicado de hacer, ahora es muy común”, me aseguró Cano por teléfono. Lo curioso de este tema de las raíces es que no fue la causa principal de la tala de los árboles de la carrera 9 con calle 79. Incluso, si así lo fuera –sentencia Jeison Cano– “hay métodos de control que no implican quitar el árbol. Es peor dejar el suelo desnudo porque genera un proceso de erosión terrible”.

Aunque la controversia por la tala de árboles se centró en los hechos que tuvieron lugar el 30 de agosto, en el norte de la ciudad, la concejal Rojas se ha puesto a la tarea de recopilar denuncias de tala desde entonces. De acuerdo con ella hay reportes de corte de árboles en distintos puntos de la carrera 9 y la NQS; en los barrios Cedritos y Niza Antigua; en el Parque Simón Bolívar y la alrededor de la Universidad Javeriana.

Mientras Peñalosa sigue defendiendo su extraña ‘arborización’, la sociedad civil se agrupa a favor de los árboles caídos y las especies nativas, y se pregunta por qué plantar árboles de otros países en una ciudad que no pide parecerse a ninguna. Asumir que cierta especie mejora el paisaje por encima de otras que, tal vez, alguien considera menos estéticas, no parece más que un arranque arribista de una administración que, nuevamente, luce más preocupada por la forma que por el fondo de sus decisiones.