¿Estamos preparados para unas elecciones sin ley seca?
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¿Estamos preparados para unas elecciones sin ley seca?

Juan Pablo Sepúlveda - Febrero 20, 2018

Llevamos 32 años votando sobrios. Ahora el presidente Santos nos pregunta si queremos que se levante la medida en víspera de las votaciones.

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Ilustración: Juan Ruiz.

A menos de un mes de que en Colombia tengan lugar las elecciones legislativas, y a tres de las presidenciales, el presidente Juan Manuel Santos abrió un debate de una manera poco ortodoxa: en una encuesta de Twitter. El mandatario publicó un tuit con el que preguntó a los colombianos si estarían de acuerdo en eliminar la ley seca en los días de votación.

Al colombiano promedio le gusta tomar trago. Hay datos que lo demuestran, como que  bebemos más licor que agua embotellada, que 6.2 litros de alcohol es nuestro consumo per cápita por año y que somos el tercer país en latinoamérica en el que más se consumen bebidas embriagantes.

Hay, sin embargo, algunos momentos en el calendario colombiano en los que no se puede, por ley, consumir trago. La regla considera beber alcohol puede perturbar el orden público en ciertos escenarios como aglomeraciones, eventos deportivos y, por supuesto, las elecciones.

Por esta razón existe en nuestro país el Artículo 206 del Código Electoral, expedido en 1986, más conocido como ley seca. Esta decreta la prohibición de vender, comprar y consumir bebidas embriagantes desde las 6 p.m. del día anterior a las elecciones hasta las 6 a.m. del día siguiente.

Otro decreto del Ministerio del Interior establece que la medida debe tomarse solo si es indispensable, y que su única finalidad debe ser conservar o reestablecer el orden público.

Ahora bien, el presidente Santos argumenta que los colombianos “Ya somos lo suficientemente responsables para tener unas elecciones tranquilas” sin la restricción de la ley seca. Pero, ¿eso qué tan cierto es? ¿Cuáles serían las razones por las que nuestro mandatario suspenda o no esta Ley?

El primer argumento para no suspenderla puede ser que la mezcla de licor y pasiones políticas puede terminar en violencia. Además de que hay estudios que relacionan el consumo de alcohol con comportamientos violentos del ser humano, las recientes agresiones a la campaña de Rodrigo Londoño, la casi destrucción de la sede de campaña de José Jaime Uscátegui o las constantes diatribas en redes sociales en contra de cualquier candidato demuestran que los colombianos no necesitamos estar borrachos para emprenderla contra alguien por motivaciones políticas.

Otro dato que podría reforzar esta tesis es que el alcohol está relacionado con muchas de las riñas que se registran a diario en nuestro país. Aunque no hay una cifra que recoja un histórico de cuántas peleas han ocurrido en Colombia, podemos tomar de referencia solo la celebración de fin del año pasado en Bogotá: en un solo día se presentaron 6.800 peleas, y en la mayoría de ellas los protagonistas presentaban algún nivel de alicoramiento.

Si nos pasáramos ahora al terreno de la ciencia, vale la pena explicar que el alcohol provoca una reducción del funcionamiento de la corteza prefrontal del cerebro, encargada de la regulación del comportamiento y la toma de decisiones. Con esta lógica, se puede argumentar que los votantes ebrios no estarán en completa lucidez mental para tomar la mejor decisión en el momento de ir a las urnas, y esto se opondría a lo planteado por el Código Electoral: la norma decreta que “Las votaciones deben traducir la expresión libre, espontánea y auténtica de los ciudadanos”.

Santos dice en su tuit que la medida de la ley seca afecta al comercio. Al respecto, la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) se ha expresado en varias oportunidades con reportes de que los días de ley seca dejan pérdidas económicas millonarias para los bares y establecimientos dedicados al entretenimiento. Orlando Jiménez, presidente de la Unión Nacional de Comerciantes (Undeco), opinó que “es mejor que se elimine (la ley seca) porque ya hoy no tenemos mayores alteraciones de orden público, ni conflicto. Ya no tiene fundamento que se mantenga”.

La Misión de Observación Electoral (MOE) no está de acuerdo con esta aseveración. Fabián Hernández, vocero de la organización, dice que en las elecciones de 2015, por ejemplo, la MOE registró 80 protestas violentas en 72 municipios: “Independientemente de si tenemos o no conflicto armado, en elecciones estamos atendiendo conflictos que vienen propiciados por la polarización, la emotividad de la gente y las campañas de desprestigio”.

“Todo esto ocurre con la restricción de la ley seca  –continúa Hernández. Entonces… ¿Qué podría pasar sin ella? Si tuviéramos un país con cultura política para desarrollar las elecciones de manera tranquila y tolerante, una medida de estas se puede considerar. Pero aquí la política se vive de manera encarnizada. Otra hipótesis que tenemos es que levantar la ley seca podría generar niveles altos de abstención electoral, aunque, Jay que reconocerlo, eso es imposible de predecir”.

Un poco de historia

En 1978 volvieron las elecciones democráticas al país después de los 16 años del Frente Nacional, periodo en el que los partidos Liberal y Conservador se turnaban el poder cada cuatro años. Desde entonces la Registraduría ha cuantificado la abstención electoral en cada votación, lo que nos permite comparaciones. Veamos las cifras: en las elecciones presidenciales de 1978 la abstención fue del 60 por ciento, sin ley seca. En las de 1982, fue del 54 por ciento. En 1986, las primeras elecciones en las que se aplicó el decreto, la abstención llegó al 53 por ciento y en las de 1990, al 57 por ciento. El peor registro es el de 1994, cuando la abstención llegó a 66 por ciento y de ahí en adelante, hasta 2010, el promedio de la gente que pudiendo votar no lo hizo fue del 50 por ciento. En las pasadas votaciones de 2014, el registro volvió a subir hasta el 59 por ciento.

Todas estas cifras evidencian que la prohibición poco ha servido para que la gente vote más, pues lo claro es que, enguayabados o sobrios, los colombianos tienden a no votar.

Sebastián Pérez, historiador de la Universidad de Antioquia, tiene una opinión muy similar a la de Fabián Hernández: “La sociedad colombiana no está ni cerca de ser capaz de tomar una decisión de voto responsablemente bajo los efectos del alcohol. Opino que es una medida populista, propuesta por un presidente con índices de popularidad muy bajos y que busca a través de ellos mejorar su imagen ahora que está de salida”. Para Pérez, si bien la ley seca no es suficiente para sacar a la gente a votar, por lo menos puede ayudar a que quienes vayan a las urnas lo hagan en pleno uso de sus facultades.

Por su parte, el ministro del Interior, Guillermo Rivera explicó que el motivo de la consulta de Santos en Twitter se debe a que hay una intención de “tramitar un proyecto de Ley en el Congreso que modifique esta disposición para que la vida en las ciudades pueda desarrollarse normalmente la noche anterior al debate electoral”.

Y estas han sido algunas de las respuestas de usuarios de Twitter a la propuesta:

 

La ley seca no tiene mucho sustento en en los índices de votación, pero a juzgar por las opiniones de los analistas, sí parece un mecanismo preventivo contra posibles desórdenes.

Lo cierto es que la mayoría de que quienes participaron en la encuesta de Santos (57 por ciento) votaron por levantar la medida. Lo que no sabemos es qué tanta legitimidad podrá darle el Presidente a la opinión de los casi 60.000 seguidores que se animaron a participar en el sondeo de Twitter, entre quienes es imposible intuir –al menos en principio– quiénes en efecto votarán, quiénes tomarán y quiénes no podrán con el guayabo al día siguiente.