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El ‘hippie’ que da clases gratis sobre ‘¿cómo construir la paz?’
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El ‘hippie’ que da clases gratis sobre ‘¿cómo construir la paz?’

Andrés Felipe de Pablos - Julio 18, 2016

Motivado por el acuerdo del fin del conflicto del 23 de junio, el maestro Medina da clases en los andenes bogotanos.

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Alejandro Medina Becerra. Foto: Santiago Mesa.

– ¿Qué se le puede preguntar a la paz? –pregunta el maestro.

– ¿Por qué es tan esquiva? –responde el alumno.

– Esa es una buena pregunta para la paz –complementa el maestro.

– ¿Y por qué ha sido tan esquiva acá, en Colombia? –insiste el alumno.

– ¿Qué respuesta se le puede dar a esa pregunta? –interroga el maestro.

– ¿Por las injusticias?, ¿por la inequidad?, ¿por los conflictos? –replica, preguntando, el alumno.

Con estos interrogantes, Alejandro Medina Becerra, maestro desde hace 7 años, empieza sus clases sobre ‘¿Cómo construir la paz?’.

Alejandro, a quien no le gusta que le digan profesor porque “yo no enseño nada”, dice, lleva tres semanas desempleado y en lugar de estar recorriendo centros educativos, entregando su hoja de vida y asistiendo a entrevistas de trabajo, está dando clases gratuitas sobre la paz en los alrededores de los centros comerciales más concurridos de Bogotá.

“La primera clase que hice me la quisieron pagar con comida. No creían que era gratis y sentían que me debían retribuir de alguna manera. Yo, por principio ético, no recibí nada”, dice Alejandro, quien no tiene más de 30 años, usa gafas sin lentes, lleva cola de caballo y carga una mochila de tela. “Generalmente, piensan que soy hippie. Yo lo que soy es un man relajado”.

“Mi propósito es cumplir con mi función de maestro. Estoy desempleado, sí. Sin embargo, ¿por qué solo puedo ser maestro cuando estoy empleado por una institución educativa?”, se pregunta este filósofo, graduado de la Universidad de los Andes.

Alejandro empezó a dictar sus lecciones sobre ‘¿Cómo construir la paz?’ después del 23 de junio, cuando vio por televisión al presidente Juan Manuel Santos y a ‘Timochenko’, líder de las Farc, dándose un apretón de manos al firmar el acuerdo del cese al fuego bilateral.

“Cuando vi a Santos entregándole el esfero a ‘Timochenko’, el ‘balígrafo de la paz’, pensé que ese era un elemento con el que se puede escribir otra historia. Pero también me dije a mí mismo que no iba a permitir que esa historia se escribiera desde allá. Si yo soy maestro, soy maestro siempre”. Entonces decidió salir a las calles y, por medio de sus conocimientos en ciencias sociales, hacer reflexionar a las personas en torno a la pregunta ‘¿Cómo construir la paz?’.

“Este señor es de los pocos bogotanos que uno encuentra que, en un gesto altruista, se ha propuesto desde su labor como maestro, y de una forma muy original, proponer una reflexión sobre el tema coyuntural más importante de Colombia: la paz”, opina uno de los alumnos de las clases itinerantes de Alejandro.

Alejandro ofrece sus clases por medio de un tablero borrable en el que está escrito con marcador “¿Cómo construir la paz? Pregunte aquí”. Foto: Santiago Mesa.

Antes de empezar sus lecciones, Alejandro teje una pequeña bolsa a crochet. Da la impresión de que así es cómo organiza sus pensamientos. Luego, sentado en el suelo, ubica frente a sí un tablero borrable en el que está escrito con marcador “¿Cómo construir la paz? Pregunte aquí”.

Quienes se acercan a él y preguntan en qué consisten las clases son, en su mayoría, personas jóvenes. A decir verdad, son pocos los que vencen la timidez y, asaltados por la curiosidad, se sientan junto a él. “En mis clases todavía no se ha sentado gente mayor. Sí lo hacen personas entre 20 y 35 años. A los mayores mis clases les deben parecer muy raras. Ven la palabra ‘gratis’ y no la creen. Además, el tema de la paz les debe parecer un cliché. Eso lo leo en los rostros de esas personas”.

La clase se basa en tres principios. Primero, el maestro no sabe quiénes son sus estudiantes y ellos no saben quién es él. Segundo, las cátedras son un ejercicio que él hace, casi siempre, con estudiantes de primero a quinto de primaria, eso significa que involucran competencias generales que cualquiera está en capacidad de utilizar. Y, tercero, los conceptos que la lección maneja son tan generales que sirven de espacio común, por lo que no se utilizan palabras difíciles de entender.

En mis clases todavía no se ha sentado gente mayor. Sí lo hacen personas entre 20 y 35 años. A los mayores mis clases les deben parecer muy raras.

“Yo con esta clase estoy haciendo que la gente se apropie de lo público. La clase depende enteramente del estudiante. Son ellos los que mandan la parada. Nuestra pregunta base es ‘¿Cómo construir la paz?’ Estamos dando por hecho que no sabemos qué es la paz ni cómo construirla. Si no, no nos lo preguntaríamos”, explica.

En sus clases, Alejandro le da mucha importancia a la memoria como una de las piezas claves de la construcción de paz. Una vez, uno de sus educandos le preguntó:

– Si uno va a las bibliotecas, hay un montón de libros que cuentan la historia de Colombia. Entonces, ¿por qué el país tiene tan mala memoria?

– Pues porque la memoria está concentrada en quienes se pusieron a pensarla y recopilarla. A los colombianos no nos han dado mecanismos para construir memoria desde nuestra casa –respondió Alejandro –. Hay que hacer que nuestra memoria, que está toda enredada, nos ayude a crear un tejido.

Las cátedras de Alejandro, además, le dan un importante rol a la acción. “Quiero que la gente deje de pensar que no es posible actuar. Nos hemos quitado la capacidad de hacer porque las personas creen que la paz la hacen los políticos cuando los elegimos”. Con esta aseveración, Alejandro quiere que sus alumnos circunstanciales entiendan la importancia que tiene en nuestra sociedad, que está ad portas de firmar la paz, el hecho de tomar la acción como algo propio y posible.

“Si hay inequidad e injusticias se generan conflictos y si se tienen conflictos se necesita la paz. ¿Eso significa que para tener paz necesariamente hay que tener conflictos? ¿Hay alguna manera de tener paz, si es algo que podamos tener, sin conflictos?”. Con estos discernimientos, Alejandro hace que los asistentes a sus clases se hagan preguntas que, por la prisa diaria, rara vez se harían.

Puede ser que las lecciones de  ‘¿Cómo construir la paz?’ de Alejandro, por su contexto, no tengan un marco teórico amplio, las comodidades de un salón de clases universitario, ni citen a intelectuales de la investigación sobre la paz y los conflictos sociales, pero sí son un acercamiento al concepto de paz para el ciudadano corriente.

“La paz no surge como una afrenta a la guerra”, “la paz no necesita pelear”, “la paz no es de nadie, es de todos”, “la paz nace cuando aprendamos a reformular nuestros conflictos” y “la paz no puede estar referida a algo que no sea la vida. Un muerto, ¿está en paz?”, son algunas de las premisas que Alejandro entrega a sus alumnos como herramientas para reflexionar.

Al terminar la sesión, que “dura lo que tenga que durar”, Alejandro concluye: “Fíjense que yo nunca les dije qué era la paz, pero ustedes se formaron una idea de ella a través de la construcción que hicieron”.