¿De verdad es necesario cerrar todo alrededor de la plaza de toros?
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¿De verdad es necesario cerrar todo alrededor de la plaza de toros?

Juan Pablo Sepúlveda - Enero 26, 2018

Este fin de semana, los alrededores de La Santamaría volverán a estar custodiados y bloqueados por motivos de seguridad.

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Montaje: Pablo David.

Los toros que salieron al ruedo el fin de semana pasado estuvieron “amarrados al piso y escasos de recorrido”, no dieron un buen espectáculo. Así los calificó en un artículo la cadena española COPE en la primera jornada de la temporada taurina de Bogotá este año, que inició el 20 de enero pasado y terminará el próximo 18 de febrero.

Mientras los toreros españoles Román y Manuel Escribano, y el colombiano Ramsés se enfrentaban a unos ‘toros no muy dispuestos a dar lidia’, en el resto de la ciudad y muy lejos del público español, el debate por las corridas de toros en Bogotá estrenaba un nuevo capítulo. Es esta oportunidad, más que el debate filosófico sobre por qué es válida o no la ‘fiesta brava’, empezó a manifestarse en redes la indignación por cuenta de personas que vieron truncados sus planes culturales de domingo por cuenta del dispositivo de seguridad que custodió la plaza.  Aquí un ejemplo:

Además, la administración distrital ya lo había hecho oficial:

De acuerdo con la Alcaldía de Bogotá, estas medidas se toman para garantizar la seguridad de los ciudadanos que asisten a las corridas. Desde que el gobierno de Enrique Peñalosa accedió a alquilar la La Santamaría a los promotores taurinos, haciendo caso a una sentencia de la Corte Constitucional –una posibilidad que fue negada durante la administración de Gustavo Petro– han abundado en la ciudad diferentes manifestaciones y marchas en contra de las corridas de toros.

Los hechos más graves tuvieron lugar en enero de 2017, cuando la reinaguración de la temporada taurina en Bogotá se vio contrariada por choques entre manifestantes animalistas y la Policía, agresiones a aficionados taurinos e incluso un policía muerto por la explosión de una bomba muy cerca de la plaza. Con esos antecedentes, las autoridades distritales, además del despliegue de Fuerza Pública, con patrullas y un helicóptero, determinaron los cierres viales que tanto malestar generaron: las carreras Décima y Séptima entre calles 24 y 34; la Carrera 13 entre calles 24 y 33; la Carrera 5 entre calles 29 y 26B y la Carrera Novene entre 24 y 22. Todo esto, además acompañado de una suspensión en el funcionamiento de las estaciones San Victorino, Las Nieves, San Diego y Museo Nacional de Transmilenio.

El debate:

Batman Roberto Camargo, activista antitaurino está molesto: “El argumento que utiliza la Alcaldía de Bogotá es que tiene que proteger a los taurinos de las agresiones de nosotros los antitaurinos, cuando nosotros sabemos que esto es falso: a la marcha del 21 de enero pasado asistimos cerca de 1.000 personas y actuamos en total pacifismo, mientras que en la plaza sí estaban matando y agrediendo a los animales. ¿Por qué, para ‘darle seguridad’ a estas personas, tienen que hacer un cierre que contempla aproximadamente 15 manzanas? El cierre debería incluir solo a las calles que dan ingreso a la plaza, y se debería dejar una entrada peatonal para el ingreso al planetario”.

De la otra orilla está José María Serna, aficionado y esporádico organizador de eventos taurinos, quien cree que las medidas tomadas por la Alcaldía sí son pertinentes:

“La labor del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos en los espacios públicos. Antes de la Alcaldía de Petro no se necesitaban más de 11 policías en las corridas y la gente llegaba a la plaza tranquila. El año pasado hubo más o menos 200 heridos, incluyendo un funcionario Distrital. Y a la gente se le olvida que mataron a un policía con una bomba. Creo que son razones de peso para soportar las medidas”.

La Santamaría es un lugar por el que pasa mucha gente a diario. Hay puestos de ventas por los alrededores, pero por estos días a los únicos que parece irles bien es a los alegres vendedores de botas taurinas, que ofrecen sus productos desde 20.000 en la entrada de la plaza.

Unos 100 metros más abajo, en un puesto metálico, David Balsillas vende cigarrillos, mecato y bebidas. Cuenta que a veces se pone nervioso cuando las manifestaciones se ponen violentas: “Están viniendo de a tres mil policías. Los que protestan se vienen desde la esquina de abajo (en la Séptima) y los que vienen a las corridas entran por arriba. Los policías se hacen en la mitad y bloquean”.

Sandra trabaja en un carro de perros y hamburguesas en la esquina de Séptima a la que se refiere David. Cuando hay tanta presencia antitaurina antagonizando a la policial son ella y los vendedores de esa zona los más damnificados: “Las manifestaciones empiezan en esta esquina casi siempre. Eso nos perjudica a todos los vendedores de por acá. Los policías vallan todo este lugar y nos toca desalojar”.

El consuelo de los afectados, sin entrar en detalles de quién tiene la razón de en la disputa, está en que por más problemas que se presenten, estas medidas extraordinarias estarán en vigor por cuatro fines de semanas más, mientras la temporada en Bogotá llega a su fin. Lo cierto es que hasta ahora parece claro que los hechos que se registraron el año pasado siguen cobrando consecuencias en el presente. En un debate de tanta pasión, un ejemplo de tolerancia de ambas partes tal vez podría servir para que en el futuro los grandes controles y exceso de presencia policial sea obsoleto. O quizá llegue el día en que la tensión constante termine finalmente en una consulta popular –varias veces debatida pero nunca ejecutada– siente una palabra definitiva.