Cristo José no es el primero: así han utilizado a los niños para la guerra en Colombia Manifestación en contra del secuestro de Cristo José en la Plaza de Bolívar | Foto: Twitter
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Cristo José no es el primero: así han utilizado a los niños para la guerra en Colombia

Juan Pablo Sepúlveda - Octubre 9, 2018

El menor lleva cinco días desaparecido y no hay rastro de él. El conflicto también ha tocado a los niños y jóvenes en Colombia, y los ha hecho víctimas y cómplices.

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El país sigue consternado. Miles de personas protestan a esta hora en la Plaza de Bolívar de Bogotá, pues ya se va a cumplir una semana desde que secuestraron a Cristo José, un niño de cinco años, en Catatumbo. El menor es hijo de Edwin Contreras, alcalde de El Carmen en Norte de Santander. No es mucha la información que se conoce del secuestro, ni está confirmado quiénes son sus captores. La única certeza es que el pasado miércoles tres de octubre varios hombres armados llegaron en una moto al colegio y se lo llevaron.

En los seis días que han transcurrido desde el secuestro se han presentado varias manifestaciones de rechazo, se activó una búsqueda militar en la región y se ofreció una recompensa de 150 millones de pesos por información sobre el destino del menor. Sin embargo, la voz que más se escucha es la de su familia, que ruega por su liberación. Hasta ahora nadie se ha atribuido este hecho, y los secuestradores no han hecho demandas ni se han comunicado con nadie. La búsqueda tampoco ha tenido avances significativos.

La desaparición de Cristo José destapó la situación compleja del Catatumbo, zona en la que se ubica El Carmen y donde la población sufre las peores consecuencias de una guerra en la que participan el ELN, el EPL y otras bandas criminales que se disputan el control de los cultivos de coca (cerca de 25.000 hectáreas). La mirada de la opinión pública se volcó al Catatumbo con indignación por Cristo José, pero otra cosa que demuestra este hecho es que en Colombia los niños son y han sido testigos, protagonistas y víctimas directas de la guerra.

Como si los adultos terminaran metidos en los juegos de los niños y salieran perdiendo, pero al revés: estos son cuatro ejemplos sobre cómo la guerra y sus actores han utilizado a nuestros niños y jóvenes:

Como arma de guerra

Hay ciertos actores del conflicto que no tienen consideración con las medidas que aplican para imponerse. En esa lógica, ni los niños se salvan de las estrategias de poder y miedo, y este puede ser el caso de Cristo José. Aunque Pablo Beltrán, jefe negociador del ELN, aseguró que el niño no está en poder de este grupo y que “en el ELN no se hacen ese tipo de cosas”, las autoridades no descartan que los autores del secuestro sean ellos, y puede haber una razón macabra de fondo:

Una investigación de La Silla Vacía reveló que existe la posibilidad de que el secuestro de Cristo José tenga que ver con un cambio de mando que hubo en el ELN en el Catatumbo. Su nuevo comandante, según esta información, habría dicho que tenían que ‘darle por donde más le dolía al alcalde’ de El Carmen, porque creen que este le está dando información importante a la Fuerza Pública para atacarlos.

Así esto tenga que ver o no con el secuestro de Cristo José, es evidente que esta práctica ha servido para amedrentar, llenar de miedo y extorsionar: en los últimos 60 años se han registrado 37.000 secuestros en Colombia. Casos recientes de menores han sido los de Nohora Valentina (10 años de edad, en 2011), Daniela Mora (11 años, en 2015), Cristian Montoya (11 años, en 2017) y Sebastián Infante (18 meses, este año). El mismo alcalde Contreras presume que el rapto de su hijo se debe a fines extorsivos y políticos.

Como combatientes

Por lo menos 16.879 menores de edad han sido reclutados para la guerra en Colombia. La cifra es del Centro Nacional de Memoria Histórica y corresponde al periodo entre 1961 hasta 2015. La cifra puede ser mayor si se tiene en cuenta que no es un registro absoluto, que han transcurrido un par de años desde la fecha de corte y que esta práctica sucede todavía.

Quienes más han reclutado niños, niñas y adolescentes han sido las Farc, el ELN, los grupos paramilitares, las bandas criminales e incluso el Ejército, de forma ilegal. Los menores han ejecutado misiones, portado armas y ocupado cargos dentro de las estructuras militares de los grupos armados: han sido parte de la guerra. El CNMH tiene registros de reclutamiento a niños desde los cuatro años.

De acuerdo con el estudio, desde el momento del reclutamiento, y en menos de seis meses, el menor debe portar armas y aprender operaciones de combate. Muchos han disparado en combate y asesinado. También, quienes se oponían al reclutamiento podían terminar muertos, o en el mejor de los casos desplazados con su familia.

Como piezas del narcotráfico y de economías ilegales

De acuerdo con Katherine López, investigadora del CNMH, es una práctica normal que los niños sean involucrados a los procesos del narcotráfico. Los grupos encargados de este negocio los utilizan en la cadena de siembra (como raspachines, por ejemplo), procesamiento y comercialización de productos ilegales. También pueden terminar en actividades como la minería ilegal, el cobro de extorsiones y el transporte de armas.

En otras ocasiones son utilizados en las plazas de vicio en cargos que los pueden exponer a grandes peligros. Allí trabajan como ‘puntos’ o ‘campaneros’, haciendo labores de inteligencia y avisando de la presencia de policía o miembros de grupos enemigos. También trabajan como empacadores de la droga, como mensajeros o incluso como quienes venden las sustancias.

Estas lógicas obedecen a que el menor representa una mano de obra barata y confiable, además de que pueden ser fáciles de manipular. También, al ser menores, tienen ventajas en el tratamiento de la ley y no necesariamente pagan cárcel por ejercer estas labores. El fenómeno ocurre por la falta de acceso a la educación y la ineficiencia del Estado para atender esta población. En Medellín, por ejemplo, donde hay una gran presencia del microtráfico y más de 55.000 menores están en riesgo de vulneración o reclutamiento por parte de grupos ilegales, la Alcaldía solo tiene capacidad para atender al uno por ciento de ellos, de acuerdo con cifras oficiales.

Como mano armada

Sicario es una palabra que se refiere a un asesino a sueldo. En Colombia, los menores de edad caben dentro de esta categoría. Desde los años 70, cuando los carteles de la droga crecieron en poder y por la muerte de un policía llegaron a pagar un millón de pesos, fue recurrente el reclutamiento a menores para que ejecutaran misiones de asesinato.

Esta práctica ha sobrevivido hasta el presente, tanto que hoy en día un sicario joven puede cobrar por un “trabajo” desde 100.000 pesos en Bogotá. Alguien que se mueve en este mundo explica que las “ventajas” que tienen los sicarios menores de edad es que son asesinos educados para tener pocos remordimientos, que son osados porque saben que la ley los protege y que pueden acercarse con facilidad a sus víctimas por ser menores y dar cierta imagen de inocencia.

No hay cifras oficiales acerca de cuántos menores sicarios hay en el país, o de cuántos son judicializados, pero existe el registro de 13 niños y jóvenes que ingresan al día en promedio al sistema de responsabilidad penal adolescente (en Bogotá, donde el número es mayor), en su mayoría hombres entre 15 y 17 años. Esto, una vez más, refleja la falta de oportunidades.

Desde ¡Pacifista! exigimos la pronta liberación de Cristo José. Dejemos a los niños al margen de la guerra. No reproduzcamos más la violencia.