Cinco revelaciones de la masacre de Segovia, 30 años después Foto: Twitter.
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Cinco revelaciones de la masacre de Segovia, 30 años después

Juan Pablo Sepúlveda - Noviembre 13, 2018

Se cometieron crímenes contra una población civil indefensa. La razón de fondo: exterminar a la Unión Patriótica.

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El 11 de noviembre de 1988, hace 30 años, sucedió una de las peores masacres de la historia del conflicto armado colombiano. Ese día, un grupo de paramilitares ejecutó un plan de exterminio en el municipio antioqueño de Segovia. El episodio dejó al menos 46 muertos y 45 heridos. La inmensa mayoría de las víctimas fueron civiles.

La masacre ocurrió un viernes de un fin de semana festivo, tres años después de la conformación del partido político Unión Patriótica, que nació de los Acuerdos de Paz de las Farc con el gobierno de Belisario Betancur. A este movimiento se le unieron líderes sindicales, defensores de Derechos Humanos y colectivos sociales. La UP ganó la Alcaldía de Segovia  y 6 de 10 curules del Concejo municipal en las elecciones de 1988. Esta victoria política incomodó a Fidel Castaño, terrateniente de la zona, quien había jurado vengar la muerte de su padre, ejecutado por las Farc. Castaño conformó un grupo de hombres armados y atacó Segovia en uno de los primeros atentados paramilitares del país.   

Financiados por el narcotráfico, los paramilitares tuvieron acceso a armas, uniformes y entrenamiento militar. Llegaron al pueblo con listas y ejecutaron asesinatos selectivos de personas desarmadas. El objetivo era eliminar a todos los simpatizantes de la Unión Patriótica. Además, de acuerdo con investigaciones judiciales, los agentes de la fuerza pública que custodiaban Segovia permitieron el ingreso de los paramilitares al municipio. 

Las siguientes son cinco razones por las que ni Antioquia (ni Colombia en general) puede olvidar lo que sucedió aquel día, y mucho menos permitir que se vuelva a repetir:

Se cometieron delitos de lesa humanidad

La forma de la masacre de Segovia introdujo una nueva forma de atentado en nuestro conflicto: el asesinato a sangre fría. No en combate, y no en las profundidades de las selvas, sino en cascos urbanos. Asesinatos selectivos, atentados grupales. En el caso de Segovia, los paramilitares llegaron al pueblo y asesinaron a individuos cuyos nombres estaban en una lista. Les dispararon sin posibilidad de tregua o diálogo. Entraron disparando a casas y establecimientos, y también dispararon en la calle a personas que no tenían nada que ver con política. 

El extermino dejó, además, al menos 45 heridos y centenares de víctimas en los familiares de los fallecidos. La masacre de Segovia es recordada como un episodio muy oscuro de nuestro conflicto armado. También introdujo otro actor a él, los paramilitares, que cambiarían las dinámicas de la guerra hasta nuestros días.

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica.

Dio inicio al fenómeno del paramilitarismo

Los grupos paramilitares, en ese entonces, estaban en proceso de consolidación. Hasta finales de los 80 dependieron económicamente del Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, pero poco a poco se independizaron de él. Grupos de combatientes, comandados por los hermanos Vicente y Carlos Castaño, comenzaron a tener control territorial de grandes terrenos, se apoderaron de economías ilegales y comenzaron a hacerse cargo de la población. La masacre de Segovia tuvo intereses económicos además de políticos: en aquel entonces, Segovia era el municipio con más reservas de oro en todo el país.

Foto: El Espectador.

De allí en adelante, el paramilitarismo se expandió en distintas zonas del país. Se asentó en muchas regiones gracias al  narcotráfico y a la ayuda política y militar del Estado. Cometieron masacres en otros pueblos del país, ostentaron poder en los territorios y llegaron al Congreso. Los grupos paramilitares se desmovilizaron en 2006, bajo el gobierno de Álvaro Uribe. Sin embargo, aún hoy, existen algunos grupos reductos que se reconocen como paramilitares. Estos, como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia o las llamadas “Águilas Negras” o los “Caparrapos”, cometen delitos a lo largo del país. 

Abrió las investigaciones por “parapolítica”

Una investigación judicial por la masacre de Segovia destapó una realidad en 2010: además de los responsables directos de la masacre, algunos políticos se beneficiaron de ella. La Corte Suprema de Justicia encontró que César Pérez, cabeza electoral del Partido Liberal en Segovia, ordenó el ataque contra la población por motivos políticos. La Unión Patriótica le había quitado al Partido Liberal la hegemonía electoral en Segovia.

Pérez tuvo conexiones con los grupos paramilitares que perpetraron la masacre de Segovia y por tanto, el excongresista es considerado el autor intelectual de la masacre. Ante la justicia, Pérez es tan responsables de las muertes como los paramilitares que dispararon a la población.

Este fue uno de los muchos escándalos de “parapolítica” que Colombia vivió en la primera década de los 2000. Estas personas son políticos de distintos cargos que se aliaron con grupos paramilitares,  y patrocinaron, omitieron o permitieron sus actividades. Concejales, alcaldes, congresistas, la lista es larga. Algunos están recluídos en cárceles. Otros ya salieron de sus cárceles cuatro o cinco años después de su condena, por “buena conducta”.

Ahora, con la última posición de la Corte Suprema de Justicia, las penas por “parapolítica” son más largas, pues antes el delito sindicado al político era solo concierto para delinquir, mientras que ahora también se sindican delitos por homicidio agravado. Los políticos que incidieron en el conflicto armado colombiano será otro capítulo que la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) deberá escuchar, para revelar verdades del conflicto y ofrecer reparación a sus víctimas. Más de 70 congresistas, entre otros miembros del Estado, han sido condenados por “parapolítica” en los últimos 10 años.

El Estado fue cómplice

No solo hubo políticos implicados en la masacre de Segovia. Según investigaciones de la época, el Ejército permitió la masacre. Esto lo confesaron los paramilitares condenados por este hecho, como alias ‘Bladimir’, quien denunció que hubo complicidad con altos mandos militares y la empresa minera Frontino Gold Mines.

Un caso similar a este ocurrió con Chiquita Brands, la empresa bananera extranjera que le pagaba a los paramilitares por cada caja de banano que lograba exportar.

Las fuerzas del Estado protegieron la entrada y la salida de los paramilitares a Segovia. De acuerdo con alias ‘Bladimir’, el Ejército los apoyó “para que nosotros hiciéramos lo que ellos no podían hacer, que era matar la gente y cometer masacres”. El Ejército difundió la versión de que el ELN fue el que hizo la masacre. Los medios reprodujeron esta versión, y no fue hasta después que se supo que la masacre estuvo a cargo de paramilitares.

Las víctimas de la Masacre, 30 años despúes, aún esperan reparación. Foto: JEP.

Aún no hay verdad ni reparación 

El caso de la masacre de Segovia es uno de los tantos que tendrán que pasar por la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. Aún se desconocen algunos de los autores materiales e intelectuales de los crímenes. Las víctimas de Segovia salen en estas fechas, cada año, a recordar lo sucedido: a lamentar los crímenes que se cometieron contra la población. Hasta el momento, como se mencionó, hay algunos condenados por los delitos, entre paramilitares y funcionarios del Estado.

Las personas que se vieron afectadas hace 30 años todavía buscan que existan formas de reparación de parte de los responsables de la masacre. También tienen, como consigna, que un suceso como este no puede volver a suceder en la historia futura de nuestro país. Cada año, las víctimas de la masacre de Segovia salen a la calle en estas fechas y realizan marchas para connmemorar lo sucedido.