Caso Leidy Franco: ¿Necesitábamos ver sus heridas para creerle?
Leer

Caso Leidy Franco: ¿Necesitábamos ver sus heridas para creerle?

Colaborador ¡Pacifista! - Septiembre 21, 2017

OPINIÓN | Dos presuntos casos de violencia de género plantean la pregunta: ¿Hasta dónde exhibir nuestro maltrato a la opinión pública?

Compartir
Por: Nathalia Guerrero Duque

La semana pasada las redes sociales en el país se sacudieron con una nueva denuncia de maltrato y abuso contra una mujer. Una más de tantas.

Leidy Franco, abogada y modelo de la universidad de Popayán, hizo su denuncia a través de Facebook: “Tengo 24 años y he tomado la determinación de denunciar públicamente al señor Diego Felipe Varona que hasta el momento de los hechos que aquí relato era mi novio”. Así comienza su testimonio Leidy Franco, quien asegura que el pasado nueve de septiembre, en una celebración por el grado de su exnovio, este la insultó por celos y que en su carro la habría golpeado brutalmente, dejándola inconsciente por unos momentos.

Con la nariz rota, el ojo derecho muy inflamado y su cara adormecida por los golpes —como puede verse en la foto en cuestión—, Leidy, impotente, dice que vio cómo su agresor la llevó a la clínica manifestando que habían tenido un accidente, y que, una vez entró a urgencias, la abandonó. “Hasta la fecha no he vuelto a saber de él”, afirma en la publicación.

En un acto de valentía, de confrontación directa contra su presunto agresor y contra el resto del mundo, Leidy acompañó su publicación de Facebook de cinco fotos. En una se ve a Diego vestido de traje, con los brazos cruzados. En otra se ve ella, posando para una selfie, sonriente, dentro de un carro. En las otras tres imágenes se ve la cara de Leidy desfigurada, con su ojo derecho totalmente hinchado y morado, y con sangre seca cayéndole de la nariz y la boca, mientras mira llorando a la cámara del celular.

Las fotos y el testimonio empezaron a circular en mis redes sociales ese mismo día, y ese mismo día lo compartí. Hasta hoy, solo en Facebook, su denuncia se ha compartido más de 120.000 veces.

Varios medios afirman que Diego Felipe Varona sigue libre.

Unos días antes, por su parte, Mónica Amaya también rompió su silencio. Se trata de una estudiante de diseño industrial de 23 años que hace dos semanas denunció al que fue su novio durante dos años, Nicolás Borja, quien presuntamente abusó de ella “psicológica, física, sexual y verbalmente”, como relata en un post que fue denunciado por alguien y borrado de su cuenta en Facebook al poco tiempo.

Sin embargo, Mónica volvió a hacer público su testimonio, afirmando esta vez que había escapado de uno de sus últimos ataques para internarse en una clínica mental “con heridas que él me causó con un cuchillo, con reacción al estrés agudo y postraumático”. Luego de estar recluida seis días allí, como cuenta en su relato, Mónica salió y, con apoyo de sus más cercanos, decidió hacer público su testimonio “por miedo a que mi vida y la de otras personas esté en peligro”. Ella, como Leidy, ya está llevando a cabo las medidas legales necesarias.

Sin embargo, la publicación de Mónica se compartió en un porcentaje mucho menor que el de Leidy, apenas algunas decenas de veces. Y aunque la gente que conoció el caso mostró la misma solidaridad, la publicación de Mónica no trascendió hasta los medios nacionales ni se volvió tendencia en Twitter ni tuvo que aguantarse ella a un montón de desconocidos comentando en sus publicaciones y opinando sobre su vida privada.

Muy probablemente no estaba dispuesta.

En cambio sí tuvo que aguantarse comentarios como los de Virginia Mayer, quien presionaba a Mónica para que presentara pruebas en las redes sociales. ¿Fotos, quizás, para creerle una vez le viéramos la cara desfigurada? Como si republicar un testimonio luego de ser borrado le pareciera un compromiso débil con la verdad y la justicia, un compromiso que, para Mayer, quizá solo puede ser llenado con el morbo del morado y la sangre.

Muy probablemente Leidy, el primer ejemplo de esta columna, publicó su testimonio de forma consciente, a sabiendas de que lo que se le venía encima no era nada más ni nada menos que la opinión pública entera. Y lo afrontó valientemente, como lo demostró en varias entrevistas en que la intentaron revictimizar una y otra vez. Ella hizo énfasis en que denunciaba lo que denunciaba y mostraba lo que mostraba solo para generar impacto, para que no le pasara a ninguna otra mujer, para que el silencio se rompiera y la justicia fuera efectiva.

Creo que todas las posturas deben ser respetadas. Tanto la de la mujer que no decide publicar su testimonio en ninguna red social y acudir directamente con las pruebas que tenga a la Fiscalía; la de la mujer que decide hacer públicos los hechos, para lograr algo de escarnio público para el agresor, a sabiendas de que ella también lo estará; como la mujer que está dispuesta a contarlo todo y a mostrarlo todo en todas partes, con tal de lograr justicia, escarnio, castigo. Este último es un precio que se puede pagar muy alto, que puede revictimizarla en el proceso.

Todos estos casos me dejan una pregunta y es si una foto circulando por redes es la única manera en que las personas nos pueden creer cuando somos maltratadas. La diferencia entre ambos casos me recuerda, en su giro más cruel, la famosa frase de “Pics or didn’t happen”.

Quiero decir: ¿si una mujer decide denunciar su caso en redes, pero no muestra fotos de lo sucedido, es una calumnia? ¿De qué manera tenemos que echar el cuento para que nos crean? ¿O acaso es una batalla perdida compartir un testimonio de este tipo en redes porque de una u otra manera van a hacer más tortuoso el proceso de superación que implican estas formas de maltrato?

Mientras encuentro respuesta a estas preguntas, hago una última: ¿qué investigaciones está adelantando la Fiscalía para comprobar la culpabilidad o la inocencia de Diego Felipe Varona y Nicolás Borja?

 

Etiquetas: género, Mujer, violencia,