Levantar la mesa con el ELN: una decisión que afecta a 9.221 víctimas EL presidente Iván Duque anunció la ruptura de los diálogos con el ELN el 18 de enero de 2019. Foto: Presidencia.
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Levantar la mesa con el ELN: una decisión que afecta a 9.221 víctimas

Santiago Valenzuela A - Enero 18, 2019

El presidente Iván Duque anunció el fin de los diálogos y reactivo las órdenes de captura que pesan sobre la delegación negociadora de la guerrilla.

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Hace un año, hablar del ELN nos remitía a la mesa de negociación de paz en Quito. En enero de 2018 terminó una tregua de 100 días entre el ELN y el Ejército. Fue un respiro, había esperanza. Ese cese el fuego que no se prolongó por decisión de la guerrilla. En tres días, después de un periodo de calma, volvió la violencia con cuatro ataques a la infraestructura petrolera en Arauca, Boyacá y Casanare, según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos  (Cerac). Por esos mismos días asesinaron a dos policías y un soldado en Arauca. La reactivación del conflicto mostró las bondades de una tregua, la cual representó, al final, un alivio momentáneo para las poblaciones.

Hoy, hablar del ELN es remitirse al anuncio que acaba de hacer el presidente Duque, en el que anunció que el gobierno daba por terminada la mesa de La Habana. Todo esto por cuenta del atentado en la Escuela General Santander, donde murieron 21 personas y más de 80 resultaron heridas. “Basta ya, señores del Eln. Basta ya de muertes, de secuestros y atentados”, aseguró en su alocución.

El anuncio ya se había calentado desde horas antes. Refiriéndose al ataque el ministro de Defensa había dicho claramente: “Un acto terrorista cometido por el ELN segó esas vidas”, refiriéndose a las víctimas del ataque. Así las cosas, parece que para el gobierno está claro: el ELN es el responsable, así existan cientos de dudas sobre cómo ingresó una camioneta con 80 kilos de pentolita a una Escuela de Cadetes, así sea suspicaz que se revelara la identidad del presunto autor material en menos de cinco horas.

Duque había basado su discurso en la “unidad del país contra el terrorismo”, antes de anunciar el levantamiento definitivo de la mesa. Después de su último anuncio ya todos sabemos que levantó el permiso de circulación que el proceso de paz le había otorgado a los 10 negociadores del ELN y que el gobierno se va a ir de frente en una guerra contra la guerrilla. El presidente reconoció que esta nueva etapa demandará desafíos para el país, “pero nunca nos ha tocado fácil y los colombianos siempre hemos superado los obstáculos. Esta vez no será la excepción”,

Previamente la Fiscalía había anunciado la imputación de cargos al Comando Central del ELN y el ministro de Defensa había dicho que activaría un sistema de recompensas para la extinción de dominio de los bienes de la guerrilla. Twitter cerró las cuentas del ELN, incluyendo la que se creó en las negociaciones de paz. La guerrilla, hasta el momento, no ha confirmado su autoría del atentado ni se ha pronunciado sobre el final de la mesa de diálogos.

La Fiscalía también presentó el historial de José Aldemar Rojas Rodríguez, el conductor de la camioneta en la que se detonaron los 80 kilos de pentolita y capturó a Ricardo Andrés Carvajal, uno de los presuntos responsables del atentado. La revista Semana reveló un fragmento de una conversación que habría sostenido Carvajal una hora después del atentado y que fue interceptada por la Fiscalía: “Pusimos la bomba en la General Santander…nos tocó encaletarnos”, dijo. El sospechoso tiene cuatro procesos judiciales por narcotráfico, violencia intrafamiliar, inasistencia alimentaria y lesiones personales. En el allanamiento en su casa, ubicada en el barrio los Laches, el fiscal general dijo que encontró “un manual del combatiente primera fase de instrucción, uniformes y overoles”.

El proceso de paz llega a su fin pero vale la pena rescatar que la guerrilla y el gobierno nunca habían llegado tan lejos en unas negociaciones. Instalaron una mesa, acordaron una agenda, lograron la participación de países garantes y acordaron una tregua bilateral de 100 días que representó un alivio para la población que vive en las regiones en conflicto. En su momento, este logro no pareció menor para una guerra a la que se la ha buscado una salida negociada desde 1991, cuando el entonces presidente César Gaviria sostuvo diálogos exploratorios con esa guerrilla.

Esa mesa era, además, una ilusión para las 9.221 víctimas del ELN que están registradas ante el Estado.

Un proceso fallido

Fue en 2017, cuando se instaló  la mesa en Quito, que el ELN dejó de ser catalogado como un grupo terrorista y pasó a ser un actor armado que podía sostener un diálogo con el gobierno. No obstante, con los hechos recientes el país podría regresa a un escenario latente de confrontación con el ELN.

En 2018, cuando se terminó la tregua, la violencia creció en donde históricamente ha hecho presencia el ELN. Como lo dijo la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el ELN registró 23 ataques, 36 en Arauca, 15 en Chocó, 14 en Antioquia y 11 en Nariño después de que terminara el cese bilateral. Y claro, el cese el fuego no fue perfecto, el Cerac reportó 12 eventos en los que el ELN había cometido violaciones de la tregua. Sin embargo, los líderes de las regiones sentían optimismo. Durante los 100 días de cese, Leyner Palacios, líder de víctimas en Chocó, nos dijo que con la negociación con el ELN esperaban que disminuyeran las acciones bélicas, “el reclutamiento de niños, la siembra de minas antipersona”. En Catatumbo también pidieron que continuaran con un pacto por la no violencia, pues el frente Frente de Guerra Nororiental del ELN había cesado sus acciones, brindándoles un respiro que no se había sentido antes.

Que se acabe la mesa significa enterrar los puntos que trabajaron el gobierno y el ELN durante un año: participación de la sociedad civil, democracia para la paz, transformación para la paz, reparación de víctimas y fin del conflicto. Aunque el primer punto fue difícil de desenredar, fue el máximo avance histórico con esta guerrilla, que según inteligencia militar tiene entre 1.500 y 2.000 combatientes.

Cuando se  habla sobre un levantamiento es inevitable no pensar en las familias que viven en zonas donde el ELN mantiene confrontaciones con el Ejército o con los grupos paramilitares. Una mujer en Tumaco nos lo dijo de una forma muy clara: “Cuando se presentó la tregua se sintió más tanquilidad en las zonas donde estaba el ELN. Amigos en  Barbacoas, Santa Bárbara, Olaya Herrera y Magüí Payán me decían lo mismo: el cese había sido bueno, como dicen, un respiro. Pensamos: ya no estamos pariendo hijos para la guerra”.