"Así evité prestar servicio militar y le gané al discurso de guerra", Estiven Quiñones | ¡PACIFISTA!
“Así evité prestar servicio militar y le gané al discurso de guerra”, Estiven Quiñones Ilustración: Juan Ruiz
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“Así evité prestar servicio militar y le gané al discurso de guerra”, Estiven Quiñones

Laura Alejandra Moreno - Septiembre 1, 2020

Mediante la objeción de conciencia, este joven de 23 años demostró que la construcción de paz sin armas también es un servicio para el país y una opción viable para los casi 60.000 jóvenes colombianos reclutados por el Ejército cada año.

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Al declararse impedido para prestar el servicio militar, Estiven Quiñones, un joven caleño de 23 años, radicó un derecho de petición para hacer valer su derecho de ser objetor de conciencia por motivos éticos y filosóficos. “Mi proyecto de vida no está relacionado con coger un fusil ni armarme, tengo un proyecto de vida totalmente diferente”, es su argumento.

Desde 2017, el artículo 12 de la Ley 1861 les permite a los jóvenes colombianos ser objetores de conciencia y no prestar el servicio militar. Sin embargo, de los casi 60.000 hombres que son reclutados cada año, solamente entre 400 y 500 han utilizado este recurso desde que fue aprobado. Para muchachos como Estiven, esta posibilidad se usa poco por desconocimiento de la norma o por evitar el proceso que conlleva aplicar a este recurso.

En enero de 2020, Estiven interpuso el derecho de petición ante el Ministerio de Defensa, la Comisión Interdisciplinaria de Objeción de Conciencia, el Ejército Nacional y la Tercera Brigada de Cali. Ahí empezó un proceso que lo enfrentó a entrevistas con altos mandos militares de Cali y a reuniones con psicólogos. El objetivo de estas que sesiones, según explica, era averiguar por su estado de salud mental, pero también indagar sobre su posición ideológica e incluso política.

Estiven es comunicador social y periodista de la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali. Pero su condición militar seguía pendiente y el Ejército persistía en que debía prestar el servicio. Por eso, decidió presentarse pero no para ingresar a las filas sino para poner como argumento su proyecto de vida,  valores éticos, religiosos y filosóficos como impedimento principal para participar del conflicto armado y utilizar armas.

 

Estiven Quiñones | Facebook

 

“No pasan por mis pensamientos, mis acciones y mis sentidos, la posibilidad de armarme o creer en el ejercicio de la guerra como medio a la solución de conflictos y mitigación de la violencia”, asegura Estiven en su solicitud de objeción de conciencia.

 

Y más que decirlo, la misión de Estiven era demostrar ante la Comisión Interdisciplinaria del Distrito Militar 16 de Cali que sus acciones hasta el momento se habían centrado en defender la vida, generar espacios de paz y diálogo y que no se contemplaba la fuerza como una opción viable en sus trabajos realizados ni en su futuro.

En febrero del este año, Quiñones fue citado a la Comisión para exponer su caso ante cuatro altos mandos militares de la zona, una abogada del distrito militar, una psicóloga del Ejército y una delegada de la Defensoría del pueblo. Estiven estaba “solo contra el mundo”, como recuerda, pues no contaba con un abogado o alguien que acompañara su defensa, solo la delegada de la Defensoría encargada de vigilar que sus derechos no fueran vulnerados.

Pero Estiven la tenía clara, expuso 16 argumentos y evidencias, entre los que se encontraban su trabajo con comunidades y en organizaciones de la sociedad civil que fomentan espacios de diálogo y paz.

Desde que estaba en el colegio, Estiven se vinculó a organizaciones que le permitieran prestar un servicio a su comunidad. “Cuando estaba en noveno de bachiller empecé a vincularme con el movimiento social y con las organizaciones de la sociedad civil. Desde ahí he venido trabajando en ello”, cuenta Estiven.

Desde hace siete años, Estiven ha trabajado en proyectos que involucran a las comunidades urbanas que han sido víctimas del conflicto armado a través de la fundación Inclusión Global, y con jóvenes que han crecido en estos contextos. Además, ha hecho parte de las Comisiones de Paz en el Valle del Cauca y de la organización Semilla Política, donde se gestionan proyectos enfocados en la construcción de paz.

Además, Estiven ha tomado seminarios y cursos dirigidos a fomentar la paz que han complementado la su formación, basada en impactar de forma positiva en distintas zonas de Cauca y Valle del Cauca. Él mismo ha replicado esas iniciativas de paz en otros jóvenes afectados por la violencia y en líderes comunales de la zona a través del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali. En resumen, el de Estiven es un proyecto de vida en cual no tiene mucho sentido enlistarse, recibir un arma o buscar soluciones militares.

 

“Cuando hacemos pedagogía en los territorios con jóvenes entre 14 y 15 años empiezan a ver distinta la vida, a soltar las armas. Es ahí donde empiezan caminar por esas rutas donde se abraza la vida y es ahí donde tienen la evidencia para ser objetores de conciencia en el momento de prestar el servicio militar”, explica Estiven.

 

El Ejército tuvo acceso a todo el historial de actividades realizadas por Estiven, a su vida en general. “Saben todo de mí, es un riesgo que debía correr”, confiesa, y que después de siete meses, el pasado 10 de agosto, tuvo como recompensa la resolución a su favor en la que fue reconocido como objetor de conciencia. “Quiñones”, su apellido, ya no se bordará en ningún camuflado.

Así lo celebró en Twitter al conocer la noticia:

 

 

Con su caso, Estiven espera visibilizar esta opción para que más jóvenes encuentren en el servicio social o comunitario, y no en el militar, una forma de aportarle al país desde la no violencia ni el uso de armas. “Todos los días invito a los jóvenes para que trabajen por la paz. Somos la generación de la paz y si estamos dispuestos a entregarlo todo por ella, nuestra filosofía de vida va a ser de reconciliación, paz, cultura, e innovación social”.

Aunque Estiven fue reconocido como objetor de conciencia y exonerado de prestar servicio militar, y en ningún momento de su vida podrá ser forzado a ser parte las fuerzas militares o de empuñar un arma, todavía está pendiente la expedición de su libreta militar, requisito que muchos empleadores todavía exigen.

Para poder obtener el documento, a Estiven le exigen pagar más de 140 mil pesos, que incluye la cuota de compensación militar, el decreto de expedición y la laminación de la libreta militar. Un costo que él se rehúsa a pagar, pues representa otra forma de apoyar y patrocinar la guerra, lo que resulta contrario a su filosofía de rechazar las armas por todas las vías posibles.

“Le gané al discurso militar y a los argumentos de guerra. Así como yo lo hice, muchos jóvenes también pueden hacerlo”, es la invitación de Estiven.

 

Si quieren saber más sobre la Objeción de Conciencia o hacer uso de ella entren aquí o aquí.