2018: el año de La Resistencia | ¡PACIFISTA!
2018: el año de La Resistencia Foto por: Víctor De Currea-Lugo
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2018: el año de La Resistencia

Staff ¡Pacifista! - Diciembre 28, 2018

#Divergentes | Este año de elecciones estuvo marcado por las múltiples movilizaciones desde distintos sectores sociales.

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2018: se cumplen dos años de la firma del Acuerdo con las Farc.

2018: el uribismo vuelve al poder.

2018: continúan destapándose escándalos de corrupción que salpican a buena parte del establecimiento.

2018: distintos sectores sociales salen a la calle a manifestare, a protestar. A exigir.

Al día siguiente de las elecciones presidenciales de segunda vuelta la excandidata a la vicepresidencia, Ángela María Robledo, aseguraba en entrevista radial que el movimiento de la Colombia Humana se declaraba en resistencia. “Como todo en democracia: reconocemos esos resultados, pero nos declaramos en resistencia. Esperamos en el Congreso de la República poder estructurar una bancada que nos permita proteger los acuerdos de paz. Y estaremos listos para levantar nuestra voz e impedir que se toque el corazón de la Constitución del 91”.

Aunque durante los días siguientes las movilizaciones sociales en contra del candidato electo, Iván Duque, no fueron pronunciadas, y al margen de la contundente mayoría que logró con 10 millones de votos– sí hubo una tendencia en redes sociales que rechazaba la vuelta al poder del uribismo y se oponía a algunas propuestas que implicaban retrocesos en algunos derechos alcanzados durante los últimos años. El descontento ciudadano era patente. Pero no era nuevo.

El investigador del Cinep y docente, Mauricio Archila, dijo en una entrevista reciente que “en general las protestas y los movimientos sociales suelen estar asociados con aperturas democráticas y consolidación de procesos democráticos. No es de extrañar que lo del proceso de paz, que se puede ver como una forma de ampliación de nuestra democracia, haya incentivado la movilización ciudadana”.

“Los movimientos sociales no solo se han hecho más visibles, sino que están en la vanguardia de las transformaciones sociales de orden general. Llevándose por delante a partidos políticos, hasta dependencias de izquierda o progresistas. Los movimientos sociales están trazando agendas de carácter político, amplia no partidista, su dinámica es social, extrainstitucional. De la acción directa, en torno a temas reivindicativos muy concretos” concretaba el profesor Archila.

El 6 de julio, por ejemplo, las principales ciudades del país –y más de 80 ciudades en el mundo– alzaron su voz de protesta contra el asesinato sistemático de líderes sociales en Colombia luego de la firma de los Acuerdos de Paz. La Plaza de Bolívar en Bogotá fue el epicentro de la ‘Velatón contra el asesinato de líderes sociales’. Desde diversos sectores de la sociedad –políticos, líderes de opinión, académicos–, alzaron la voz contra un gobierno que no reconocía –y que no reconoce– como sistemático el asesinato de los líderes sociales en las distintas regiones del país. Esa noche se oyeron gritos como: “nos están matando”, “los líderes sociales no son criminales ni terroristas” o “no más, no más, no más”.

Velatón por los líderes sociales: nos están matando, paren ya

#En2018 | Salimos a la Plaza de Bolívar a contarle al mundo que ya van más de 100 líderes sociales asesinados. #NosEstánMatando #ParenYaMúsica original: molo díaz

Posted by PACIFISTA on Thursday, December 20, 2018

“La resistencia es lo que nos queda, lo que nos dejaron. Es el pueblo el que tiene que exigir. El Gobierno tiene que voltear la mirada hacia quienes verdaderamente necesitan ayuda” decía esa noche Pilar Navarrete, del colectivo de Familiares de Desaparecidos del Palacio de Justicia.

El pueblo es el que tiene que exigir.

Para el sociólogo y profesor de la Universidad Nacional, Fabián Sanabria, “la gente empieza a despreciar a las elites. A reconocer que ellas no nos representan. Cuando uno ve los escándalos de corrupción a diestra y siniestra que nunca se resuelven en un país que consagra la impunidad, eso genera un gran inconformismo. Cuando uno ve que personajes como César Gaviria y Andrés Pastrana, que le dijeron hasta paramilitar a Álvaro Uribe, se unieron con él y con su candidato, al igual que Vargas Lleras, uno constata el agua tibia: que están los mismos con las mismas. Estos son personajes que representan a los grupos económicos, a los cacaos, que siempre han manejado a este país”.

En agosto, el Ministerio del Interior –en ese entonces a cargo de Guillermo Rivera, del gobierno Santos– sancionó el Protocolo para la protesta pacífica, en la Resolución 1190 de 2018. En el protocolo “se reconoce que la movilización y la protesta, como formas de acción política, son ejercicios legítimos del derecho a la reunión, a la libre circulación, a la libre expresión, a la libertad, de conciencia y a la oposición en democracia, y que en un escenario de fin del conflicto se deben garantizar diferentes espacios para canalizar las demandas ciudadanas, incluidas garantías plenas para la movilización, la protesta y la convivencia pacífica”.

Con el triunfo del uribismo el asunto se intensificó. Incluso antes de posesionarse, el futuro Ministro de Defensa, Guillermo Botero, dijo que “en el ámbito social, respetamos la protesta social, pero también creemos que debe ser una protesta ordenada que verdaderamente represente los intereses de todos los colombianos y no solo de un pequeño grupo”, diciendo entrelíneas que la protesta social debía regularse.

Botero fue más allá, incluso, hasta el punto de estigmatizar la protesta social equiparándola con organizaciones criminales: “cada vez que ustedes ven que cerraron la Panamericana o ayer que me cerraron unas carreteras en Nariño, detrás de eso siempre hay mafias organizadas, pero mafias de verdad, mafias supranacionales”, aseguró el jefe de la cartera.

Los reclamos al Ministro Botero –y a sus declaraciones– no se hicieron esperar. La Defensoría del Pueblo, en un comunicado, respondió que “el ejercicio de la protesta social es legítimo y necesario en una democracia. Vincularla con el accionar de los grupos armados ilegales arriesga a los protestantes y viola el principio de distinción del derecho internacional humanitario”.

Por su parte, desde la academia, también se criticó la idea de ‘regular la protesta’. “La violencia no es eliminable de la vida, pero hay formas peores de violencia. Interrumpir el tránsito en una vía, ocupar un lugar, pintar un grafiti, son formas de violencia que, en todo caso, no se comparan con una violencia física o estructural”, decía a su vez la filósofa y profesora Laura Quintana.

Justo después de la posesión de Iván Duque y su gobierno, tuvo lugar la consulta anticorrupción. Aunque fue liderada por las congresistas Claudia López y Angélica Lozano del Partido Verde, el proyecto tuvo un respaldo ciudadano significativo. (La consulta se hizo un domingo no electoral, en un país donde suele salir a votar menos de la mitad del censo electoral, y alcanzó a tener una votación de más de 11 millones de votos). La corrupción, uno de los protagonistas de este 2018, tenía –tiene– cansado a un amplio sector ciudadano que era –que es– capaz de salir a cristalizar sus malestares en las urnas.

El nuevo gobierno

Fue en esta segunda mitad del año, con Duque como Presidente, que las protestas sociales en el país aumentaron.

Y desde múltiples frentes.

El pasado mes de agosto la Corte Constitucional debatía sobre cuál era el alcance de los gobiernos locales en la regulación de los burdeles en los distintos municipios del país. A las afueras del Palacio de Justicia, cientos de trabajadoras sexuales se plantaban y exigían a la Corte que las tuviera en cuenta a ellas a la hora de tomar la decisión. “Saquen su doctrina de nuestras vaginas”, “Trabajo sexual sí es trabajo” o “El trabajo sexual no es trata”, eran algunos de los letreros que se podían leer en el plantón frente al Palacio de Justicia.

Estamos en vivo desde la Corte Constitucional, donde trabajadoras sexuales se manifiestan por su derecho al trabajo.

Posted by PACIFISTA on Thursday, August 16, 2018

La decisión de la Corte quedó en manos de un conjuez, pero las trabajadoras sexuales tuvieron la oportunidad de dejar clara su posición en las calles.

En el mes de octubre, la sala plena de la Corte Constitucional debatió una ponencia de la magistrada Cristina Pardo en relación al aborto. La ponencia tenía como objetivo disminuir el número de semanas en los que se podía abortar bajo las tres causales permitidas por la Corte. Mientras que –según algunos sectores feministas, lo ideal era ampliar el derecho al aborto para que fuera legal, seguro y gratuito en todos los casos– esta ponencia suponía un retroceso en materia de los derechos reproductivos de las mujeres. El mismo día en el que se debatía la ponencia, miles de mujeres salieron a protestar a las calles con pañuelos verdes.

Tomaron el símbolo de la lucha feminista en Argentina –que este año también se debatía por la legalización del aborto– y se manifestaron en redes sociales y en plaza pública. Finalmente, luego de diez horas de discusión en la sala plena, la Corte votó en contra de la ponencia de la magistrada Pardo. Un respiro para las abanderadas feministas que, con el respaldo de la movilización, levantaron su voz para que el país oyera.

Foto: Mesa para la Vida y la Salud de las Mujeres.

En noviembre tuvo lugar otra movilización social por parte de mujeres y colectivos feministas. Se trataba de la celebración del Día Internacional contra la Violencia de Género en todo el mundo. Para esa fecha, finales de noviembre, la organización Feminicidios Colombia registraba un total de 265 asesinatos a mujeres por razón de su género. Ese día, el 25, salieron a marchar colectivos feministas, mujeres trans, cisgénero, mujeres campesinas, citadinas, mujeres indígenas, mestizas, afro para protestar en contra de la violencia de género.

Ese mismo día, en la Plaza de Bolívar, se rompía un record Guiness de la mayor cantidad de gente reunida –4.000– alzando una pulsera con luz en símbolo de respaldo por los derechos de las mujeres. La organizadora, la actriz Alejandra Borrero, decía en la tarima, junto a la banda Aterciopelados, que “a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de un rosa”.

Pero quizás las protestas sociales que más tuvieron eco en la sociedad fueron las que hicieron los estudiantes durante los últimos meses del año. Desde septiembre, estudiantes de universidades –principalmente públicas– salieron a marchar y a exigirle al gobierno de Duque más presupuesto para el sector educativo.

La educación pública está desfinanciada desde hace más de 20 años, decían los estudiantes que se manifestaron durante los últimos meses. Entre las peticiones también estaba el cambio de modelo educativo que priorizaba, con programas como Ser Pilo Paga, los recursos estatales hacia las universidades privadas y no públicas. También se pedía una revisión del modelo de préstamo para estudios con Icetex a la cabeza, pues este modelo implica endeudar a los estudiantes en vez de facilitar el acceso a la educación.

“Que haya un Acuerdo (de Paz), permite quitarle una venda al país, y no fijarse únicamente en el conflicto sino fijarnos en otros problemas fundamentales para la vida de colombianos. Como el tema dela economía, la salud, la educación. Y que sea fundamental de que los estudiantes podamos expresar que la educación está en una fuerte crisis sin que seamos tildados de grupos al margen de la ley. La movilización es la base de todos los derechos y mientras sea pacifica, como garantiza la constitución, pues tenemos el derecho a salir a movilizarnos en las calles. Si la movilización es masiva, uno no le puede pedir a los que se movilizan que lo hagan por el andén”, dijo en su momento Santiago Fonseca, miembro de Acrees (Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior).

El 28 de noviembre tuvo lugar la llamada ‘Toma de las capitales’ un gran paro nacional, en el que la manifestación masiva de estudiantes fue respaldada por distintos sectores sociales: sindicatos, gremios de trabajadores del sector judicial, pensionados, médicos, profesores. Alcanzó a convocar, en más de 12 ciudades del país, a más de 50.000 personas. En Bogotá salieron a protestar cerca de 20.000 (a pesar de las lluvias de ese día).

“El movimiento estudiantil fue una bandera muy significativa de lo que es la protesta social porque estuvo envuelto en un ambiente festivo, carnavalesco, estético. Y logro sensibilizar al país de que la única arma que hay que portar es la de la educación”, dice el profesor Sanabria.

Foto: Sebastián Comba.

 

En diciembre, el gobierno de Duque llegó a un acuerdo con los estudiantes en el que se comprometió a desembolsar 4,5 billones de pesos para el sector educación. Un gesto inédito de parte de algún gobierno en los últimos años.

El año cerró con las protestas –en redes, pero también en las calles– en contra de la ley TIC que esperaba pasar el gobierno en las sesiones extra del Congreso. Finalmente, el debate de la ley se aplazó para el próximo año.

Foto: @PizarroMariaJo

En el horóscopo chino, el 2019 es el año del cerdo. Tal vez a Colombia le depare mucha grasa que habrá que saber procesar.

Feliz año.