Vuelve el ruido de los fusiles de las Farc
Leer

Vuelve el ruido de los fusiles de las Farc

Juan David Ortíz Franco - Junio 2, 2015

Desde que terminó el cese al fuego, la guerrilla de las Farc retomó acciones militares -Buenaventura e Ituango el fin de semana, Tumaco el martes- que ya parecen una marca registrada en medio de los diálogos.

Compartir

Por: Juan David Ortiz

La granada no explotó, pero a la gente de Ituango le recordó muchas que si lo han hecho. El ataque del domingo contra la estación de Policía, en plena cabecera urbana del pueblo, revivió a pequeña escala lo que tantas veces han padecido y lo que parecía cosa del pasado desde que, hace ya casi seis meses, las Farc declararon un cese unilateral al fuego con la idea de que se puede negociar mientras, poco a poco, se le baja intensidad a la guerra.

Pero ese hostigamiento en Ituango, que dejó a una persona –civil- herida, es solo una de las acciones que las Farc han emprendido desde hace dos semanas, cuando se anunció la finalización de la tregua luego de los bombardeos que cobraron la vida de cerca de 40 guerrilleros en Cauca y Antioquia.

Desde entonces, varios ataques con tatucos, emboscadas a la Fuerza Pública, un atentado a un oleoducto y combates en departamentos como Arauca y Nariño han vuelto a estar al orden del día. Además, como si fuera costumbre cada vez que las Farc quieren demostrar que están vivas militarmente,  la voladura de una torre de energía volvió a dejar sin luz a cerca de 400 mil habitantes de Buenaventura.

En 2014 Buenaventura enfrentó tres apagones. Un atentado de las Farc el domingo causó el primero de este 2015.

Devolverle la energía eléctrica a ese puerto del Pacífico vallecaucano puede tomarse varios días y el primer paso, que le compete la Armada Nacional, consiste en asegurar la zona y verificar si alrededor de la torre dinamitada las Farc instalaron minas antipersonal. Antes de eso, es imposible que los técnicos encargados de reparar el daño puedan ingresar a la zona. Buenaventura, mientras tanto, espera a oscuras.

Lo que ha venido después parece de molde. El rechazo natural a las acciones bélicas que tienen como objetivo la denominada “infraestructura económica del Estado”. Las declaraciones de hoy, igual que el ataque guerrillero, parecen una vuelta al pasado. Un retroceso de meses en el proceso de construir confianza en Colombia para ambientar lo que se discute en la mesa de La Habana.

“Tenemos nuevamente demostraciones como lo que sucedió en Buenaventura,  un comportamiento totalmente irracional, puro terrorismo (…) Dejar una población como Buenaventura sin luz ¿qué propósito tiene?, ¿qué objetivo se busca? Ninguno, simplemente decir estamos vivos, pero si ese es el propósito, el efecto es totalmente contrario, porque así la población cada vez más señala a los responsables con un dedo acusador”, dijo el presidente Juan Manuel Santos.

¿Y por qué es retroceder en el tiempo? Porque casi con las mismas palabras reaccionó el Gobierno en julio de 2014, cuando un atentado idéntico de las Farc dejó sin energía a los mismos 400 mil pobladores de la misma ciudad. En ese momento, Santos dijo, como ahora, que se trataba de un acto de “terrorismo”.

Entonces, el presidente afirmó que volar una torre para dejar sin luz al puerto más importante de Colombia en el Pacífico era una acción “demencial”, que la guerrilla jugaba “con candela”  y que el proceso podría terminar de mantenerse la ofensiva que por esos días adelantaron las Farc en varios departamentos del país.

Esa escalada finalmente terminó. Sin un cese al fuego explícito, las acciones ofensivas se redujeron a lo largo de varios meses salvo esporádicos enfrentamientos. La expresión “desescalamiento del conflicto” apareció en mapa y la idea de que el proceso de diálogo era irreversible ganó adeptos en la opinión.

Al finalizar el año las Farc anunciaron su tregua, era un paso más en la misma vía. Llegó el acuerdo de desminado y en la misma semana el Gobierno reconoció que la  guerrilla cumplía con el cese al fuego y suspendió los bombardeos. Hasta los más escépticos encontraban en esos acontecimientos razones para pensar que, en efecto, lo que pasaba en Cuba estaba teniendo consecuencias directas en Colombia.

Pero el optimismo se desmoronó con la muerte de 10 solados en Buenos Aires, Cauca, a manos de las Farc. Incluso, los familiares de algunos de ellos alcanzaron a relatar que la tropa tenía la orden de replegarse y de no atacar. El Gobierno los desmintió y completó su reacción con la reactivación de los bombardeos.

Las Farc, desde La Habana, dijeron que la tregua se hacía insostenible y tal como lo previeron, la muerte de sus hombres en Guapi, Segovia y Riosucio fue el punto de quiebre para que sus acciones militares se reactivaran. Desde entonces, las noticias volvieron a ser las mismas de hace meses, como ciclos que se repiten y que dejan una sensación de incertidumbre por la vidas que costará este nuevo escenario y el destino que espera a la paz que trata de construirse en medio de la guerra.

“No es una ofensiva, es volver a su estado normal”

Ariel Ávila, coordinador del observatorio de la Fundación Paz y Reconcialiación, dice que la situación que el país enfrenta en la actualidad no constituye una ofensiva por parte de las Farc. Desde su punto de vista, se trata de acciones que permiten a esa guerrilla volver a su estado natural.

“Las Farc, desde 2011, entendieron que el saboteo, los golpes de mano y los hostigamientos eran la mejor forma de ganar visibilidad con un costo de vidas muy bajo. Nada que requiera una movilización muy grande de tropas”, dice Álvila.

Para él, las características de esas acciones dependen de la zona del país donde se desarrollen los ataques, pues en algunos departamentos las tropas de la guerrilla están sometidas por una fuerte presión de la sociedad civil o se encuentran debilitadas militarmente:

“Es que no les va a ser fácil retomar las acciones armadas porque el Estado está preparado y no bajó la guardia, mientras las Farc sí lo hicieron, sobre todo en inteligencia. Ellos necesitan mostrar cierta fortaleza pero la Fuerza Pública no va someterse y la sociedad colombiana no va a someterse”.

Así las cosas, según Ávila, a partir de este mes las cifras de acciones militares serían cercanas a los promedios que se registraban antes del inicio del proceso y, durante algunos periodos, antes de que se iniciara el cese bilateral: cerca de 170 por mes.

Como lo anuncio Paz y Reconciliación hace una semana ala presentar el balance de la tregua, esa situación se extendería por los menos durante dos y tres meses. Ese tiempo sería necesario para retomar la confianza y para que lo que ocurra en La Habana vuelva a tener efectos en el campo colombiano.