¿Ustedes nos van a llevar al castrochavismo?: Una charla con Imelda Daza | ¡PACIFISTA!
¿Ustedes nos van a llevar al castrochavismo?: Una charla con Imelda Daza
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¿Ustedes nos van a llevar al castrochavismo?: Una charla con Imelda Daza

Santiago Valenzuela A - noviembre 6, 2017

Hablamos con la mujer que aspira por las Farc a ser vicepresidenta de Colombia en 2018.

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Imelda Daza vivió veintiséis años exiliada en Suecia. Todas las fotos: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

En la década de los noventa, cuando las Farc comenzaron a secuestrar civiles de manera sistemática, cuando fortalecieron las redes de narcotráfico y se tomaron más de 95 poblaciones, Imelda Daza vivía exiliada en Suecia y veía las noticias por televisión.

La guerra –Daza lo admite– iba en franca decadencia. Esto era evidente en las filas de la guerrilla, pero también en el paramilitarismo y en la permisividad y la hostilidad de los representantes del Estado. Más tarde, ella misma aceptaría que los ideales que había defendido cuando era economista de izquierda en Valledupar se habían desvanecido.

Imelda Daza militó en los años ochenta en el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán y estableció una relación política y de camaradería con Simón Trinidad, hoy preso en Estados Unidos por el secuestro de tres ciudadanos de ese país en 2003.

Con el proceso de La Habana, a Daza se le abrió una puerta para regresar a Colombia. Después de representar al movimiento Voces de Paz en el Congreso y defender allí al Acuerdo de Paz, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, le ofreció un lugar en el nuevo partido de las Farc.

Y ahora está confirmado: para las elecciones de 2018, Daza será candidata vicepresidencial.

Aunque no es tan conocida, Daza representa, por un lado, una alianza con la Unión Patriótica y, por otro, una visión renovada de la izquierda que tiende a la socialdemocracia. En diálogo con ¡Pacifista!, explicó cuál es la estrategia del partido de las Farc de cara a 2018 y respondió a las críticas más constantes del uribismo.

¡PACIFISTA!: ¿Cómo asume la candidatura a la vicepresidencia de las Farc?

Imelda Daza: El reto de la campaña electoral es significativo porque demuestra que una de las guerras más antiguas del continente terminó. Eso lo tenemos que celebrar y tenemos que demostrar que las Farc pueden transformarse en una organización cívica que puede participar en política. Justo la semana pasada el Consejo Nacional Electoral (CNE) nos aprobó la personería jurídica. De inmediato presentamos las listas al congreso, así como los candidatos a Presidencia y Vicepresidencia.

¿Usted por qué llega ahí?

Siempre he sido militante de la Unión Patriótica (UP). Inicié en la política con el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla. En Valledupar creamos un movimiento cívico que llamamos Causa Común y que ingresó a la UP durante el gobierno de Belisario Betancourt. En esa época fui elegida concejal galanista y también fui concejal de la UP. El genocidio contra mi partido me obligó a exiliarme en Suecia durante 26 larguísimos años. Desde allá seguí de cerca las negociaciones de La Habana y, aunque estoy pensionada, vi que se abría una puerta para el retorno a Colombia. Siempre lo había soñado. Después de lanzarme a la Gobernación de Cesar con el respaldo de la UP, el Polo y los verdes, me puse a trabajar en la pedagogía del proceso de paz. Posteriormente las Farc acordaron en La Habana la presencia de seis voceros de paz en el Congreso para hacer veeduría a la implementación legislativa de los acuerdos. Yo pedí la vocería de la Costa Atlántica y del medio millón de exiliados colombianos invisibilizados que nunca son tenidos en cuenta. Reclamé esa presencia también como vocera de las mujeres, las principales víctimas del conflicto armado. Así se fueron abriendo las puertas. Y yo en la política soy así, no espero a que me llamen. Entro donde siento que puedo aportar.

El genocidio contra mi partido me obligó a exiliarme en Suecia durante 26 larguísimos años

Usted se desempeñó como concejal en Suecia.

Sí, todavía soy concejal. Me vinculé a la socialdemocracia cuando fui exiliada  porque es el partido más grande que construyó y diseñó esa sociedad. Es capitalista, sí, pero garantizó el bienestar de todos sus habitantes. Esa experiencia fue valiosísima. Durante doce años representé a la socialdemocracia en el concejo municipal. En 2014, cuando la socialdemocracia europea comenzó a plegarse del neoliberalismo, a reducir el gasto público, me vinculé al partido de izquierda, que hasta 1990 fue el Partido Comunista.

¿Cuál es la diferencia entre hacer política allá y hacerla acá?

Es radicalmente diferente. Durante los procesos electorales en Suecia, las discusiones giran alrededor de mejorar lo que ya es bueno, como el servicio de salud y el sistema educativo. Es una democracia sólida, en la que no se discuten temas ya claros como el aborto o los derechos de la población LGBTI. Es decir, la igualdad de derechos está dada. Aquí, mientras tanto, discutimos sobre los derechos de las comunidades étnicas, de la población afrocolombiana. Allá aprendí que es posible construir mejores sociedades. Ese es mi sueño en Colombia.

Es decir, ¿quiere consolidar un Estado de Bienestar en Colombia?

Exactamente. Hacer el diseño y montaje de un Estado de Bienestar, construir un país donde los derechos para las mujeres sean una prioridad. Hemos sido criadas en una sociedad patriarcal. Y aunque romper con eso no es fácil, es nuestra obligación hacerlo.

¿Cómo llegar a las bases rurales de las Farc con política progresista?

Es difícil. Habría que comenzar por las muchas regiones afectadas por el conflicto que nunca han tenido puestos de votación. A la Registraduría le estamos pidiendo que cumpla lo que se acordó en La Habana, es decir, que instale centros de votación donde no han existido nunca, que entregue cédulas. Esto ha sido toda una pugna porque la Registaduría dice que no tiene plata para hacer eso.

¿Están contemplando alianzas con otros partidos de izquierda para las elecciones de 2018?

Hemos decidido lanzarnos nosotros primero, pero como la política es dinámica, lo que es verdad y válido hoy, puede no serlo mañana. Tenemos que estar preparados para eso, para ser ágiles y flexibles, pero sin renunciar a los principios. Nosotros empezamos esta campaña en noviembre. Si en enero Piedad Córdoba, por decir cualquier cosa, está arrasando en simpatía y tiene mayorías para ser presidenta, nosotros no nos vamos a poner a bobear. La apoyaríamos, pues es una mujer con que tenemos afinidades ideológicas. Piedad ama a Colombia tanto como la amamos nosotros.

¿Harían lo mismo con Humberto de la Calle?

Sí, creemos que lo primero que hay que hacer es salvar la implementación del acuerdo. Si en enero De la Calle está barriendo en las encuestas, seguramente lo apoyaríamos, pues él tiene un compromiso serio con la paz.

Mucha gente los relaciona a ustedes con Nicolás Maduro, y él tiene una imagen muy negativa en Colombia.

Sobre Venezuela me preguntan en todas partes. Lo que yo respondo es: como en una encuesta, están las opciones sí, no, no sabe no responde. Yo voto por la última. A mí lo que me interesa es debatir sobre los problemas de Colombia.

Pero seguramente en los debates con los candidatos del Centro Democrático les dirán que ustedes nos van a llevar al denominado castrochavismo.

Lo que yo les diría es, ¿por qué no hablamos sobre Ecuador? ¿Por qué no hablamos sobre Bolivia? Porque siempre tenemos que hablar sobre Venezuela si Ecuador también es un país fronterizo, si Panamá también es un país fronterizo.

Si en enero De la Calle está barriendo en las encuestas seguramente lo apoyaríamos, pues él tiene un compromiso serio con la paz

¿Con su candidatura a la vicepresidencia queda sellada una alianza entre la UP y las Farc?

Claro que sí. Lo que yo propuse fue que el nuevo partido no debía salir con figuras únicamente de las Farc, sino que tenía que invitar a candidatos de diferentes sectores de la izquierda, gente del Partido Comunista, de Marcha Patriótica, del Congreso de los Pueblos, de la Unión Patriótica… Definitivamente las Farc necesitan jalonar la unidad en la izquierda. Yo creo que por eso me invitaron a esta candidatura y aspiro a tener una lista de mi sector para la Cámara de Representantes.

En la lista a Senado y Cámara las Farc postularon excombatientes, muchos de ellos con delitos de lesa humanidad a cuestas.

La lista definitiva no se ha inscrito todavía. Hay posibilidades de que haya apertura. Yo soy consciente de que existe mucho estigma alrededor de estas personas, y el partido lo sabe, lo demostró eligiéndome a mí como candidata a la vicepresidencia.

Definitivamente las Farc necesitan jalonar la unidad en la izquierda. Yo creo que por eso me invitaron a esta candidatura y aspiro a tener una lista de mi sector para la Cámara de Representantes

¿Tienen una cercanía ideológica con Gustavo Petro?

Para mí, Gustavo Petro es el único buen candidato. Es un hombre que tiene el país en la cabeza, que tiene claro lo que hay que hacer en los próximos años tanto en el plano geopolítico regional y mundial como en temas del cambio climático. Nosotros compartimos plenamente lo que él dice. Además le apuesta a la educación, y nosotros consideramos que esta es  justamente la columna vertebral de una sociedad. Si no tenemos un sistema educativo bueno, no puede haber desarrollo económico. La ciencia y el saber, lo aprendí en Suecia, nos dan las herramientas para mejorar lo que tenemos.

¿Qué piensa sobre la idea que propuso Gustavo Petro de convocar una Asamblea Nacional Constituyente?

En este momento es peligrosísima. A mí me gustaba antes la idea, pero hoy veo que se está planteando una Asamblea Constituyente ando con el propósito de anular o modificar radicalmente el Acuerdo de paz. Eso es muy peligroso.

¿Cómo interpretan lo que sucedió en las elecciones del plebiscito?

Nos tiró la moral al suelo. No se imagina: quedamos absolutamente desmoralizados. A mí lo que me levantó el alma fue el Nobel de Paz porque yo conozco a los suecos y a los noruegos, y con ese nobel querían darnos ánimo después de la derrota. No era un nobel para Santos, era un nobel para el pueblo colombiano.

¿Qué falló en el plebiscito?

La razón fue sencilla: el Gobierno no hizo campaña por el Sí. Yo recorrí el país haciendo campaña por el Sí y me di cuenta de eso. En Barranquilla solamente había dos vallas antes de la votación. En Cartagena vimos mucha  propaganda por el No y ninguna propaganda por el Sí. El Gobierno dizque les dio unas partidas a unos comités para que hicieran campaña por el Sí pero se robaron la plata.

¿Cómo vicepresidenta negociaría con el uribismo?

Es muy difícil negociar con el uribisimo porque que no maneja argumentos, sino adjetivos para descalificar, destruir y ofender. Ellos no son gente de diálogo, entonces es muy difícil.

¿Cómo cambió su percepción de Colombia desde el exilio?

Uno aquí se asfixia mucho en medio de tanto problema, se le recortan las visiones. A mí me sirvió ese tiempo para ver cómo los países nórdicos construían paraísos sobre la nieve, en medio de frío y oscuridad. Suecia es un país que tiene agua, madera y en su momento tuvo acero. De los árboles maderables comenzó el desarrollo industrial de ese país. Hoy de esa madera exportan al mundo entero. La principal lección es la inversión que hicieron en tecnología. El corazón de los teléfonos, de los electrodomésticos, se hace en Suecia.

¿Si llegan a la Presidencia aumentarían el presupuesto en ciencia?

Por supuesto. La modernización del sistema educativo es una de nuestras prioridades. Si formas a los médicos que el país necesita, tendrás mejor salud para la población. Si formas buenos arquitectos e ingenieros, los programas de vivienda serán más adecuados. Pecando de inmodesta le digo que mi hijo mayor hoy en día es un científico sueco, el primer latinoamericano premiado en el campo de la ciencia se llama Daniel Andrés Ocampo Daza. Si se hubiera quedado en Valledupar seguramente habría sido, en el mejor de los casos, administrador de empresas.

¿Cuál es su relación con Simón Trinidad? ¿Cree que será repatriado?  

Nosotros somos amigos, colegas, compañeros de trabajo, de actividad política y compadres. Él es el padrino de mi segundo hijo. Hace quince días lo visité por primera vez en Estados Unidos. Físicamente está muy bien, impresionantemente bien. Sin embargo, a mí me recibió con las manos atadas y un candado que él me dijo: pesa como un kilo. Le toca estar todos los días con las manos amarradas, eso es tortura. Eso sí, hablé con él cuatro horas y cordura total, tiene memoria de elefante.

¿Y sí se quiere someter a la JEP?

Él quiere volver a Colombia. Ninguna cárcel de aquí, por terrible que sea, se asemeja a esa refinada tortura. Si la ves por fuera es una cárcel bellísima. Todo impecablemente limpio y con una arquitectura muy bella. Pero, cuando ves la comida, es de un tamaño tan pequeño que es para que no se muera de hambre. Nada más. Además están todo el día con una cuerda eléctrica en el pie.

¿Difícil que sea repatriado antes de elecciones?

Antes de elecciones, sí. Por ahora esperamos que Trump, que es loco, de pronto decida mandar a Simón a Colombia. Estamos haciendo diligencias en ese sentido.

A usted le tocó ver una etapa muy grave de las Farc mientras estuvo exiliada: los secuestros, las masacres, los atentados…

Sí, y creo que se equivocaron. ¿Por qué? Porque todo conflicto que se prolonga en el tiempo se pervierte. Es una regla de la guerra. Cualquiera que estudie la Guerra de los Cien Años en Europa o las dos Guerras Mundiales se dará cuenta de eso. En ese sentido, los guerrilleros de las Farc no fueron la excepción. El secuestro fue una horrible equivocación, la tal “pesca milagrosa” fue una cosa horrible. Yo pensaba: si estuviera en Colombia, sería víctima de la “pesca milagrosa” porque yo iba frecuentemente a Villa Nueva desde Valledupar.

¿Cómo fue volver a Valledupar después de veintiséis años?

Llegué como candidata a la Gobernación y, aunque vi muchos cambios, las cinco necesidades básicas estaban insatisfechas para la población del Cesar. Encontré dos problemas gravísimos que persisten: la violencia contra la mujer y la minería de carbón a gran escala.

El secuestro fue una horrible equivocación, la tal “pesca milagrosa” fue una cosa horrible

¿Usted defiende el aborto?

Claro. Para mí es obvio que se debe permitir. Yo creo que como candidata a la Vicepresidencia tengo que ponerle la cara a este tema, a pesar de que sea difícil. En días pasados la representante María Fernanda Cabal le gritaba a una parlamentaria del Polo Democrático: “Ustedes se hacen llamar defensores de la vida, pero son promotores del aborto. Criminales, asesinos”. Que una uribista diga eso es cinismo. Como si el aborto significara el asesinato de alguien. Si es así, de la misma manera podría acusar a todas las mujeres y a todos los hombres de no tener todos los hijos que la naturaleza les puede dar.

La misma María Fernanda Cabal dice que si ustedes llegan al poder habría una dictadura en Colombia…

Todo lo contrario. Nosotros proponemos el desarrollo de la democracia, fortaleciendo la participación ciudadana. Solo así podemos construir una democracia participativa, porque la representativa falló. Mire el Congreso: es una vergüenza, una vulgaridad. En un prostíbulo hay más ética y moral que ahí.

También dicen en el Centro Democrático que meterían a Uribe en la cárcel si llegan al poder…

Bueno, el que no la debe no la teme…

¿Cómo asumirían el gasto público del Estado?                                       

Vamos a controlar los gastos del Estado que se desvían hacia los bolsillos de los gobernantes y sus aliados. Si cogemos los dineros de la corrupción sobrará para atender las necesidades de los colombianos.

Les tocaría hacer una reforma a la justicia…

Claro. La justicia colapsó ética y moralmente. El sistema judicial colombiano colapsó cuando al presidente de la Corte Suprema de Justicia fue capturado.

Algunos dirían, entonces, que ustedes van a cooptar los espacios de justicia…

Lo suponen, pero qué pruebas tienen.

¿Pero entonces cómo reformarían la Justicia?

En nuestro Gobierno habría una aureola de transparencia y demostraríamos que gobernar honradamente es posible. ¿Cómo se logra eso? Con apertura, haciendo al pueblo partícipe de las decisiones que se tomen. Es decir, con democracia, como se hace en Suecia. Allá, por ejemplo, hay un control muy estricto. El Gobierno publica cada año un libro con los impuestos que pagaron todas las personas que ganan más de medio millón de coronas al año. Uno puede coger el libro, revisar, llamar anónimamente y pedir que se abran investigaciones si encuentra irregularidades. Nosotros, además, proponemos un control social contra la corrupción. En este país todo el mundo reniega del Congreso pero si alguien ve que el vecino, que trabaja como contratista de la Alcaldía, compró un carro último modelo, lo que siente es envidia y dicen “uy sería chévere tener una oportunidad de esas para hacer plata”.

¿Respetarían la propiedad privada?

Pues claro. Nosotros que nos vamos a enredar ahora con esos temas de expropiación. No es necesario hacerlo para construir bienestar.

¿Entonces lo primero será…?

Implementar la Reforma Rural Integral es fundamental. Nos concentraríamos en implementar el Acuerdo de Paz.

Gustavo Petro dice que Colombia no puede depender de las economías extractivas, como Venezuela, ¿está de acuerdo con eso?

Sí. Aunque yo no diría que suspender todos los proyectos petroleros de una, pero sí pensar en renegociar esos contratos de explotación petrolera. Lo que sí hay que acabar es la minería de carbón. Eso es un desastre ambiental.

¿Cómo manejarían las relaciones diplomáticas con Donald Trump?

Con Estados Unidos hay que manejar unas relaciones de respeto y dignidad. Renegociar los tratados de libre comercio e impedir la intromisión de ellos en nuestros asuntos internos. Colombia tiene que fortalecer su dignidad. Nadie puede venir a decirnos qué hacer. Los problemas los tendremos que resolver nosotros mismos.