Una campaña para hablar de paz sin ser "santista" o "uribista" | ¡PACIFISTA!
Una campaña para hablar de paz sin ser “santista” o “uribista”
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Una campaña para hablar de paz sin ser “santista” o “uribista”

Staff ¡Pacifista! - Enero 16, 2016

"La conversación más grande del mundo" pretende cambiar la forma en que discutimos qué es la paz y cuáles son sus consecuencias.

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Ilustración: Liév

 

Es probable que el 2016 sea recordado como el año en que, a pesar de las profundas diferencias que los enfrentaron en un conflicto armado durante más de medio siglo, las Farc y el Gobierno acordaron el fin de la guerra. Para muchos, sin embargo, está claro que de nada va a servir un acuerdo como ese si la sociedad no está dispuesta a sanar sus heridas, a ceder en sus posiciones más radicales y a aceptar las diferencias con los otros. Una herramienta para lograrlo, tan sencilla como poderosa, es el diálogo.

Sobre esa base, el Gobierno acaba de lanzar un programa de pedagogía llamado “La conversación más grande del mundo”. Esa conversación, según ellos, es la paz. María Alejandra Villamizar, directora de Pedagogía para la Paz, explica que la base del proyecto es que “todo el país está hablando de la paz […] pero hay muchos temas de los que todavía no se ha conversado, hay muchos temas en los que se pelea, descalificando y agrediendo, y al final se evitan las conversaciones que pueden construir los caminos para encontrar consensos”.

“La conversación más grande del mundo” pretende ser una experiencia colectiva e incluyente. Para eso, explica Villamizar, hay que evitar que “el diálogo esté atrapado, secuestrado si se quiere, en una serie de políticas mediáticas que pareciera que nos dictan a todos las líneas que podemos abordar”. Aunque eso no quiere decir que los políticos y los medios no tengan participación dentro del proyecto.

Los alcaldes, por ejemplo, son piezas esenciales para que se pueda llevar a cabo. A finales de diciembre, durante el seminario de inducción con el presidente Santos, se les pidió identificar las conversaciones que deben darse en los municipios que lideran. La idea es que, de manera paralela a las actividades “oficiales” del proyecto de pedagogía, en las ciudades y los pueblos se empiece a crear un clima apto para debatir ideas y hacer propuestas.

En principio, “La conversación más grande del mundo” está pensada para ser un marco conceptual, un eje que atraviese todas las discusiones sobre paz que se dan en el país. Eso incluye las formales, las que organizan las redes de paz y otras instituciones, pero también las informales, las que se dan en los cafés, en las calles, en los parques.

Imagen: laconversacionmasgrandedelmundo.com

Ese posicionamiento como “eje” de las conversaciones difícilmente será inmediato. En ese sentido, la forma de llevarlo a todos los escenarios que pretenden es por medio de activaciones y alianzas. Hasta el momento, según cuenta Villamizar, hay apoyo de iglesias, del sector educativo, de instituciones que trabajan con niños, de la Fuerza Pública. Incluso se está pensando en actividades que se desarrollarán en clubes de las principales ciudades, partiendo de la idea de que las élites económicas han sido esquivas a conversar por fuera de sus propios círculos.

Dentro de los grupos en los que van a activar el proyecto, quizás el más importante es el sector educativo. La campaña pretende lograr que los niños y jóvenes aprendan a dialogar con respeto por las demás posiciones. Eso significaría ganar terreno para que la próxima generación no tenga los mismos problemas que ha tenido esta. Así nació “La paz es una nota”, un subproyecto que, con el apoyo de Fecode y el Ministerio de Educación, busca que todos los colegios hagan jornadas de pedagogía para la paz.

Aunque la iniciativa es promovida por el Gobierno, dentro de la campaña quieren separarse del rótulo de “santistas”. La directora del proyecto dice que “hay que buscar conversar sin meterse en la polarización entre ‘uribista’ y ‘santista’, porque por fuera de ahí es donde está la gente más interesada por tener la conversación de la paz”. Respecto a eso resalta que el papel de los medios no debería ser echarle leña al debate polarizado sino visibilizar las conversaciones que se están dando a menor escala.

Pasar de la idea a la acción va a ser difícil y en la campaña lo saben. Entienden que mucha gente todavía tiene arraigadas ideas muy radicales de un lado y de otro, y que suelen ser reacios a conversar sobre ideas sin atacar. Por eso, según dice Villamizar, la idea del proyecto no es llevar unas ideas a La Habana o hacer foros donde se aborden temas de alguna agenda. “Es mucho más grande que eso”, dice, “el reto de aquí en adelante es liberar la conversación atrapada y dejar que la gente se apropie de ella”.