'Un hombre es un hombre': de costalero a soldado sanguinario | ¡PACIFISTA!
‘Un hombre es un hombre’: de costalero a soldado sanguinario
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‘Un hombre es un hombre’: de costalero a soldado sanguinario

Staff ¡Pacifista! - Febrero 28, 2016

Entrevista con el joven que adaptó la obra de Bertolt Brecht, sobre la transformación de un hombre a soldado, al teatro colombiano.

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Julián Guerra actúa como Galy Gay en la obra de Brecht, ‘Un hombre es un hombre’. Foto: Teatro Libre.

 

Por Daniel Montoya 

Se apagaron las luces y apareció una señora vestida de negro, con una pañoleta roja y llena de bisutería que resonaba al caminar. Era la viuda de Begbick, la dueña de la cantina del Ejército Británico en la obra ‘Un hombre es un hombre’ realizada por el grupo del Teatro Libre de Bogotá. No dijo mayor cosa más allá de pedirle al público que “no se mate la cabeza, esta obra no tiene misterio”. Y tiene razón, en un país como Colombia, donde la violencia ha sido naturalizada, no lo tiene.

Galy Gay, el personaje central de ‘Un hombre es un hombre’ – obra escrita por Bertolt Brecht en 1922–, es un costalero que vive en Kilkoa, India, y no sabe decir que no. A nadie. Ni a su esposa, ni a las pescadoras, ni mucho menos al temido Ejército Británico.

Un buen día, Galy sale al mercado y se encuentra con tres soldados que habían perdido a su cuarto hombre: un borracho llamado Jimmy Jones. Como no podían aparecer incompletos ante su sargento, conocido como el Quinto Sanguinario, hacen lo que les resulta más fácil, convertir a Galy Gay en soldado.

En la noche, en el vagón de tren de la viuda de Begbick, donde van a emborracharse los soldados ingleses, convierten a Galy en un sanguinario. El parecido con el conflicto armado colombiano es evidente. Una guerra es una guerra y a un hombre lo obligan a hacer parte de ella de la noche a la mañana.

La obra estará en el Teatro Libre hasta el 5 de marzo y se presentará en el Festival Iberoamericano de Teatro el 27 de marzo. Hablamos con Juan Diego Arias, quien adaptó la obra para Colombia, y nos contó de los retos a los que se enfrentaron y las reflexiones que quieren generar en el público.

 

Juan Diego Arias adaptó la obra ‘Un hombre es un hombre’ para Colombia. Foto: Santiago Mesa.

¿Cómo fue adaptar esta obra para Colombia?

Yo leí la obra y la relación con el país es clarísima. Pensé: “esta vaina puede pasar en cualquier parte de Colombia”. Así que al principio hice una versión de ‘Un hombre es un hombre’ colombianizada. La leímos y no funcionó. No tenía ningún sentido, resultaba muy realista.

Entonces lo que hicimos fue armarla como está la original: en la India con soldados ingleses. Nos gustó mucho más porque propone al público un juego. No hablamos de Colombia, ni de Uribe, ni de las Farc. Pero el público entiende de una la relación. Eso resulta mucho más interesante, porque lleva al espectador a reflexionar.

¿Por qué ‘colombianizar’ la obra resultaba muy realista?

Si usábamos nombres colombianos, con referentes colombianos, en nuestras regiones, los personajes tenían que comportarse como nosotros. Si ponemos un ‘Luis Ernesto Álvarez’ como comandante del Ejército colombiano, y dice lo que está en la obra original, se contradice. El lenguaje de la obra no es realista, es teatral. Rayaría muchísimo.

Si el lugar y el tiempo van a ser realistas, el lenguaje también tendría que serlo y se perdería el absurdo que tiene la obra dentro de sí. La situación es real, pero uno no convierte a un hombre en otro hombre en una noche.

¿Cómo se puede explicar la relación entre los soldados ingleses y los campesinos de India?

Es una obra que ocurre en la India y no aparece ningún indio. Lo que hacen los militares apenas llegan a la ciudad es asaltar, robar, violar mujeres. Lo que hace cualquier ejército.

¿Galy Gay tiene algo que lo haga particular, que lo diferencie de otra persona reclutada mediante la fuerza?

No hay diferencia entre Galy Gay y cualquier persona en general. Galy Gay es un tonto que no sabe decir que no. Pero Brecht, en los ensayos que escribió después de hacer esta obra, dijo que en realidad él era un héroe. Que Galy Gay era un tipo para imitar y que todas las personas en la modernidad deberían ser como él.

Brecht dice que en el capitalismo, quien más sepa adaptarse a la situación es a quien mejor le va a ir en la vida. En últimas Galy Gay tiene que cambiar porque si no lo van a fusilar. Entonces, ¿qué es mejor: cambiar o ser fusilado?

El personaje crece durante la obra. Todo el tiempo aparece como el perdedor, pero al final es al que mejor le va. Mientras los demás personajes bajan de categoría, él termina siendo un gran militar al convertirse en un brutal asesino.

¿Cómo un hombre se vuelve un brutal asesino?

La obra no es un proceso para entender cómo se convierte un hombre en un brutal asesino. Si fuera así, sería una obra solo sobre el reclutamiento militar.

Pero así son varias escenas de la obra…

Claro, Brecht habla del reclutamiento militar. Pero no solo de eso. Si uno quiere ver cómo se convierte un hombre en asesino uno ve Full metal jacket. Aquí es un proceso un poco ficcionalizado. Que parece más un juego, aunque la situación es real. Ningún soldado era asesino cuando nació.

 

Uria, Polly y Jesse, los soldados que reclutan a Galy Gay. Foto: Teatro Libre.

¿Qué espera generar en el público?

Nosotros hemos tenido conflictos porque nos quieren encasillar en una ideología política. Este grupo de teatro nació como parte del Moir, además de que Brecht fue comunista. En realidad no queremos apoyar a ningún grupo en específico. Lo que queremos es que la gente reflexione sobre lo que está viendo. Que el público vea una realidad, se quede con eso en la cabeza y saque sus conclusiones. Creo que lo que le hace falta al teatro en este país es reflexión.

¿A qué reflexiones cree que ha llegado el público hasta ahora?

¡A muchas! Por supuesto, nuestra vaina militar, la guerra colombiana. Patricia Lara escribió un artículo en El Espectador comparando la obra con los ‘falsos positivos’. Una estudiante nos dijo que lo asimilaba con lo que pasa con la trata de blancas y el tráfico de órganos. Es lo mismo: a Galy Gay le ofrecen un negocio, lo envuelven y termina convertido en un soldado.

En últimas, de lo que se habla es de la personalidad. Brecht se pregunta si el hombre tiene una personalidad o no. Si es cambiante o no. Ese es el chiste.

¿Cómo le aporta esto a la paz?

Cada uno decide si apoya o no la paz. El montaje no es para eso. Lo que queremos es la reflexión, porque para llegar a una verdadera paz la gente tiene que empezar a pensar sobre las cosas que están pasando. No es solo que nos digan que se va a acabar una guerra y las Farc dejarán las armas. Hay que entender que, más allá de lo que nos muestran, hay razones por las que esta guerra ocurre. Que no existe porque un día unos bandidos se la inventaron.