Tres cartas de colombianas anónimas para abrazar a Bojayá | ¡PACIFISTA!
Tres cartas de colombianas anónimas para abrazar a Bojayá
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Tres cartas de colombianas anónimas para abrazar a Bojayá

Staff ¡Pacifista! - Noviembre 3, 2016

Fueron leídas en el parque de la memoria del pueblo el pasado 27 de octubre, por iniciativa del Centro de Memoria Histórica.

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Conmemoración de los 14 años de la masacre de Bojayá. Presentación a la comunidad del cristo mutilado luego de restaurar sus colores.

Durante y después de la negociación entre el Gobierno y las Farc, la comunidad de Bojayá, en el Chocó, se convirtió en un símbolo nacional de paz y reconciliación. Fueron los afro y los indígenas de ese pueblo enclavado en la selva —donde las Farc asesinaron a más de un centenar de personas en 2002 durante un enfrentamiento con paramilitares— los primeros en recibir a los comandantes de esa guerrilla para que pidieran perdón por sus crímenes.

Fueron también las ‘alabaoras’ de ese municipio quienes, con sus cantos, dieron apertura a la ceremonia en la que el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las Farc, “Timoleón Jiménez”, firmaron en Cartagena el Acuerdo Final que alcanzaron en La Habana.

El 2 de octubre, según las últimas cifras de la Registraduría, el 95% de quienes votaron en Bojayá lo hicieron para respaldar ese Acuerdo, que contemplaba medidas de justicia, verdad, reparación y no repetición. Para muchos, el triunfo del No, y la incertidumbre que llegó con él, fueron una bofetada para esa y otras comunidades afectadas por el conflicto.

El pasado 27 de octubre, en el parque de la memoria del pueblo, la comunidad escuchó de boca de sus jóvenes la lectura de más de una decena de cartas firmadas por colombianos de distintas ciudades, que les escribieron para respaldar su proyecto de perdón y resistencia.

La recopilación de las cartas es una iniciativa que impulsa el Centro de Memoria Histórica por sugerencia de un grupo de víctimas de los Montes de María, que le propusieron a la entidad enviar mensajes de apoyo a las regiones que le apostaron al Sí después de haber padecido la crudeza de la guerra.

Les dejamos tres de esas misivas:

1

23 de octubre de 2016

Ahora, lejos del país, en Escocia, imaginarme el Chocó, sus ríos, su sazón y sus aguaceros, me ha dado algo de calorcito en estos días fríos. Quiero que sepan que, aunque no estoy en Colombia, el 2 de octubre pasado voté respaldando los acuerdos y que soy una convencida de que la construcción de paz en el país es una tarea de todos, sin importar dónde estemos.

Sé de la dura historia de su comunidad y admiro su verraquera y persistencia para salir adelante y demandar justicia por cada uno de sus muertos.

Hace muchos años recibí una foto de un mural que hicieron niños y niñas de Bojayá narrando lo ocurrido, y una frase se me quedó grabada: “Soy lo que otros no pudieron ser y por eso no los olvido”.

Llevo a mi país conmigo y cuento las horas para que seamos capaces de imaginar y construir una historia distinta, en la que todos vivamos sin miedo a la violencia y nos permitamos creer en comunidad.

Con inmenso cariño,

Nathalia Salamanca

2

Manizales, 18 de octubre de 2016

Son muchos los sentimientos que pasan por mi mente al momento de escribir esta carta: solidaridad, agradecimiento, incertidumbre, indignación, admiración, esperanza. Todos ellos me asaltan a la vez y desordenan un poco mis pensamientos. Sin embargo, consigo decir que me solidarizo con todas aquellas personas que han sido víctimas de la guerra de este país, con todas esas voces que han sido acalladas a lo largo de los años, con esas vidas que han sido arrebatadas; con las llamas de la ilusión, de la juventud y de la esperanza que han sido apagadas. Porque comparto su dolor, porque este país también me duele, me conmueve y me intriga.

Conmemoración de los 14 años de la masacre de Bojayá. Presentación a la comunidad del cristo mutilado luego de restaurar sus colores.

Agradezco, y mucho, a quienes han podido afrontar la devastación y la desolación de estos crímenes, que han peleado y luchado en sus búsquedas incansables de verdad, justicia y dignificación. Admiro el valor de renacer de las cenizas, de reparar lo irreparable, de sufrir lo insufrible y aún así seguir de pie luchando por la memoria, por traer al presente aquellos que ya no están; aquellos que fueron condenados al silencio, pero no al olvido.

También, siento el peso de la incertidumbre, esa en la que estamos debido al giro que ha dado el país en los últimos días. ¿Quién pensaría que nos negaríamos a una oportunidad que, aunque imperfecta, era el primero de los miles de pasos que nos quedan por recorrer en el largo camino de la reconstrucción de este país? Un país que ha estado destrozado no sólo por la guerra, por quienes han empuñado las armas, sino también por quienes nos quedamos observando, quienes guardamos silencio ante la injusticia, quienes pasamos de largo frente a la barbarie y al sufrimiento de nuestros compatriotas… La indiferencia ha sido el peor de nuestros males.

Sin embargo, mantengo la esperanza. Esa que, como dicen, “es lo último que se pierde”. Me aferro a ella, porque aún creo y sueño con que hay mucho que podemos hacer: nos falta mucho camino por recorrer, mucha vida por construir. No perdamos la fuerza, porque la lucha sigue; nuestras metas, ilusiones e ideales están intactos. Sigamos apostándole al cambio.

Por último, quiero decir que esta carta es para honrar a quienes dejaron este mundo, pero también a quienes se quedaron en él reconstruyendo la vida con recuerdos, con luchas y resistencias, con amor y con esperanza. Gracias por hacernos creer, por darnos un motivo más por el cual soñar con ese futuro que merecemos y que entre todos construiremos.

Vanessa Estrada C.

3

Siempre me pregunto por qué el ser humano es la única criatura sobre la faz de la tierra que lastima a los de su misma especie. Muchos han sufrido las consecuencias de una guerra que desde ningún punto de vista (político, filosófico, religioso) o ideología cualquiera se justifica… Porque ningún hombre o mujer está en el derecho de arrebatarle la vida a otro, porque nadie es dueño de nadie, ni de nada. Lamentablemente, como lo he dialogado con mis estudiantes en las clases de Ciencias Sociales, nos hemos creído el cuento de que somos violentos por naturaleza y de que la única manera de conseguir lo que deseamos es poniendo mi condición por encima de la del otro.

Conmemoración de los 14 años de la masacre de Bojayá. Presentación a la comunidad del cristo mutilado luego de restaurar sus colores.

En este punto, quiero recordar un concepto que en la filosofía se conoce como “alteridad”: aquella capacidad que tenemos de visionar al otro como otro yo; es decir, no como un semejante, sino imaginando que ese otro (que sufrió en este caso) pude haber sido yo.

Conceptos éticos como la tolerancia, el respeto por la dignidad humana, la resolución pacífica del conflicto, tienen muy poca cabida en este país cansado de que se derrame sangre inocente. En palabras del sabio ilustrado Immanuel Kant,  deberíamos tomar al otro como un fin y no como un medio, pero en este conflicto tan largo y tedioso esa máxima se ha ido disolviendo entre el sinsabor de las personas que, como ustedes, alguna vez padecieron el flagelo del conflicto armado. De forma casi increíble, son ustedes los primeros que le están apostando a una paz que hace unas décadas era imposible de conseguir y que, aún hoy, parece una utopía.

Desde lo más profundo de mi corazón les envío una congratulación muy especial por ese camino hacia el perdón que han venido labrando desde aquel fatídico suceso que marcó sus vidas para siempre.

Agradezco enormemente haber abierto este espacio de diálogo virtual, en el que muchos podamos expresarnos a pesar de la distancia y compartir el sentir de su pueblo, que ha luchado con tenacidad y nobleza, y ha brindado esperanza a otras víctimas.  Me honra poder comunicarme con ustedes y espero que estas palabras puedan llegar de la manera como quise expresarlas. Qué orgullo siento al saber que pertenecemos a la misma patria y que la memoria que intentamos reconstruir se pude ir forjando poco a poco bajo el mismo cielo colombiano.

Dora Liliana Ortiz Mantilla

Girón, Santander

Puede enviar su carta al correo comunicaciones@centrodememoriahistorica.gov.co