Tierra y dignidad, los reclamos de los pueblos indígenas del Pacífico | ¡PACIFISTA!
Tierra y dignidad, los reclamos de los pueblos indígenas del Pacífico Imagen: Cristian Arias
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Tierra y dignidad, los reclamos de los pueblos indígenas del Pacífico

Daniel Bello - Septiembre 18, 2020

La Comisión de la Verdad hizo un encuentro con los pueblos indígenas del Pacífico. Sus líderes dieron testimonios sobre la violencia histórica que han sufrido y pidieron respeto para sus territorios.

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Defender el territorio es una de las tantas luchas que han dado los pueblos indígenas del país. Justamente la región del Pacífico es un escenario que ejemplifica eso. Allí cohabitan 101.051 indígenas que han resistido el conflicto armado y el despojo de tierras. Según el registro de la Unidad de Víctimas, existen al menos 66.000 víctimas indígenas del conflicto armado en el Chocó y el litoral Pacífico de Nariño, Cauca y Valle del Cauca.

Los pueblos indígenas asentados en esta región forjaron sus propios sistemas sociales, políticos y económicos. Reconocerlos es crucial para empezar a hablar de paz y derechos. El padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, afirmó recientemente que “solamente si vamos juntos, al lado de nuestras comunidades indígenas y sus tradiciones culturales e históricas, podemos construir el país que se merecen nuestros jóvenes”.

Precisamente esta semana la Comisión de la Verdad desarrolló el Encuentro Territorial de Reconocimiento: la verdad indígena del Pacífico, donde líderes indígenas de esa región dieron sus testimonios sobre lo ocurrido en el conflicto armado. Voceros de los pueblos Wounaan, Eperara Siapidara, Embera Dóbida, Embera Katío, Embera Chamí, Embera Eyábida, Nasa, Guna Dule e Inga participaron.

La intención del espacio fue visibilizar las estrategias de resistencia de los pueblos indígenas y reconocer que la situación actual del país pone en riesgo su existencia y su cultura. Para lograr la reconciliación es crucial reconocer los impactos causados por la violencia a la armonía y el equilibrio de los territorios indígenas, ese fue uno de los mensajes clave del espacio.

Varios de los testimonios que es escucharon en el encuentro hicieron referencia a los atropellos de la guerra que sufrieron y siguen padeciendo estos pueblos, por lo que se hicieron necesarios procesos organizativos que trabajaran por la igualdad de derechos, el respeto a la diversidad cultural y la defensa del territorio. Por desgracia, a quienes pelean por estas causas los están matando. Según Indepaz, en este 2020 han sido asesinados 47 líderes indígenas en el país, de los cuales 37 eran del Pacífico.

 

“Todo el mundo señala al pueblo indígena. “Ustedes están con el Ejército”, dicen; y el Ejército dice: “Ustedes están con las Farc o son paramilitares”: testimonio de un líder wounaan.

 

Los pueblos indígenas denuncian un exterminio cultural y un abandono estatal que viene acompañado de pobreza, desigualdad y vulneración de los derechos humanos. Además, la lejanía geográfica que tienen con los organismos de control gubernamental aumenta el riesgo de padecer los efectos del conflicto armado. Cabe resaltar que algunas de las zonas donde estos pueblos se asentaron son utilizadas por grupos armados ilegales como corredores del narcotráfico.

 

“No tenemos la misma guerra de ayer, pero estamos sufriendo mucho”,  dijo una indígena del pueblo Embera Eyábida.

 

La no repetición de la violencia, uno de los compromisos del Acuerdo de paz, es de las principales preocupaciones que tienen los pueblos indígenas del Pacífico. David Medina, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, dijo en el encuentro que para dar esa garantía (la de no repetición) se requiere una acción preventiva. Aunque los relatos compartidos se refieran en su mayoría al pasado, no se puede desconocer que la indefensión de estos pueblos indígenas continúa latente.

Los pueblos indígenas que participaron del espacio se mostraron optimistas ante la implementación del Acuerdo de paz, pero aseguraron que sin presencia estatal ni respaldo a las iniciativas regionales el panorama será difícil.

 

La correlación del territorio y la dignidad

En el encuentro, los líderes indígenas reconocieron que una de las más graves violencias que existen contra sus pueblos es la ausencia de respeto hacia sus tradiciones. Los grupos armados desconocen los territorios indígenas, a sus autoridades, a los médicos tradicionales y a los sabios. La respuesta de los pueblos ante ese irrespeto fue crear la Guardia Indígena, una fuerza sin armas que vigila y defiende los territorios.

 

“Si yo tengo territorio, tengo vida digna, ancestralidad y espiritualidad. Pero si no tengo territorio, entonces automáticamente no puedo aprender más”: dijo una exgobernadora del pueblo Nasa.

 

El llamado de los indígenas busca que la Guardia sea respetada así como ocurre con la Policía y el Ejército. El concepto de vigilancia y control que tienen los indígenas va más allá de la fuerza armada que caracteriza a los actores del conflicto. Como se sabe, la Guardia maneja un bastón de mando, un elemento con una tradición de más de 500 años. Luis Alfredo Campo, gobernador del pueblo Nasa, señaló que “sin disparar un solo tiro, son ellos (la Guardia) los que cuidan el bosque, las aguas y la tierra”.

Los reclamos de los líderes indígenas también pretenden que los esfuerzos por encontrar la paz no se limiten al fin del conflicto armado con las Farc. Después de la firma del Acuerdo se han registrado desplazamientos masivos e intimidaciones a las cabezas de los pueblos étnicos en Colombia. Además, denuncian que tanto sus líderes como los integrantes de la Guardia son objetivos militares. Y el avance de megaproyectos mineros y energéticos también amenaza a sus territorios.

Plácido Bailarín Pipicay, secretario ejecutivo de la Federación de Asociaciones de Cabildos Indígenas en el Chocó, aseguró que “donde hay intereses de las grandes obras hay un ataque directo al territorio y a la cultura de los pueblos indígenas”.

Estos reclamos obedecen a un abuso sistemático que ha obligado a los indígenas a remar contra la corriente. La historia de Colombia está plagada de episodios en donde los derechos de los pueblos étnicos y sus formas de concebir el mundo fueron menospreciados. Da la casualidad que el mismo día del encuentro, el pasado 16 de septiembre, indígenas misak tumbaron en Popayán la estatua de Santiago de Belalcázar, como reivindicación cultural por el pasado esclavista de ese conquistador.

La voz de los pueblos indígenas no goza de resonancia y sus relatos son comúnmente opacados por versiones más altisonantes. La historia escrita no los tiene a ellos narrando en primera persona. Hay siglos de saberes y hechos que no tuvieron la oportunidad de ser contados.