Así está Colombia cuando hablamos de consumo de drogas
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Así está Colombia cuando hablamos de consumo de drogas

Colaborador ¡Pacifista! - Mayo 8, 2018

Aunque mucho se hable de las drogas ilegales, las sustancias que más altas cifras de consumo tienen en el país son legales.  Por: Laura GalindoM \ @LauraGalindoM

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Fotomontaje: Sofía Cardona | ¡Pacifista!

Con la primera bocanada el humo seco te quema la garganta, te baja hasta el pecho y, si te coge por sorpresa, toses. Con la segunda te relajas y se te dilatan las pupilas. El chocolate sabe más a chocolate, el mango sabe más a mango y el sexo es mejor sexo. Con la tercera te mareas, pero no mucho. Te sientes extraño, pero te reconoces. Te ríes, pero sin carcajadas. Más bien con una risa floja. Te calmas, te duermes. Regresas.

Entre las drogas ilegales, la marihuana es la que más se consume en Colombia. El 11.5 por ciento de las personas entre 12 y 65 años la han probado por lo menos una vez. Porque es medicinal, porque su uso es recreativo o porque son usuarios recurrentes. Según el último Estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas, los paisas y la gente del Eje Cafetero encabezan la lista entre quienes más la usan: Medellín es la ciudad de más consumo y en los departamentos se destacan Quindío, Risaralda y el resto de Antioquia . Hablar de abusos, es otra cosa. Casi 440.000 personas han registrado adicción o dependencia. Y para eso, no hay estratos, el porcentaje es el mismo del uno al seis: 3 por ciento.

El debate de su despenalización no es sencillo. El uso con fines terapéuticos y la dosis personal penden de un hilo. El candidato que lidera las encuestas, Ivan Duque, ha prometido que de ser presidente, una de sus primeras acciones será tumbar el fallo de la Corte Constitucional que le dio vía libre. Néstor Humberto Martínez, el Fiscal General, también insiste en lo mismo. Para ellos, con la legalidad aumenta el consumo y se le abre la puerta a drogas más nocivas, con impactos sociales más dañinos.

Sin embargo, la experiencia de Estados Unidos, que ha legalizado la marihuana medicinal y recreativa en 30 estados, es diferente. Según Hanna Hetzer, experta de la organización Drug Policy Alliance, en estos casos no se incrementó el consumo adolescente ni aumentaron los accidentes relacionados. Por el contrario, las sobredosis por opioides y medicamentos para el dolor se redujo en un 25 por ciento y la industria de la marihuana generó entre 165.000 y 230.000 empleos legales.

Se demora un poco. Como veinte o treinta minutos contando desde que el cartón toca tu lengua. Es un subidón. Quieres pararte, saltar, salir corriendo. Huele amarillo. Sabe azul. Escuchas en verde. Las luces se hinchan y crecen. Estallan y te arrinconan. Miras tus manos y son de reptil, con garras por uñas y escamas por piel. Piensas. Piensas todo el tiempo. Las voces te gritan, te exigen, te insultan. Y entonces, tus manos, ahora resbalosas y anfibias tocan el piano y comienza el viaje.

El LSD y los papeles secantes ocupan el segundo puesto entre las drogas ilegales más consumidas del país, un lugar en el que por muchos años estuvo la cocaína. “Últimamente se han ido alternando y se siguen muy de cerca”, dice Julián Quintero, director ejecutivo de Acción Técnica Social (ATS), una organización especializada en el estudio del consumo y reducción del daño. Son sustancias químicas incoloras, inodoras y algo amargas, que suelen administrarse por vía oral. Una gota en un cuadrado de papel secante, en un cubo de azúcar o en un micropunto.

A la cabeza de su uso están los bogotanos. Los universitarios y los estratos altos. Consumirla es costoso y producirla también. Muy distinto a lo que ocurre con la cocaína que no muestra diferencias significativas entre estratos y que tiene, en orden descendente, a Antioquia, Atlántico, Meta y Norte de Santander como mayores consumidores.

Para la coca existen tres niveles de producción. El primero es, desde luego, la siembra y el cultivo de la hoja. Luego viene la transformación y el refinamiento para convertirla en cocaína y finalmente, su distribución y exportación. Hasta hace algunos años, cada fase representaba una industria distinta, pero ahora, todo se hace a través de clústers y en un mismo punto se encargan de todo, custodiados usualmente por grupos armados ilegales. Las zonas de mayor producción están en el Catatumbo, en el norte de Antioquia, en Tumaco y en los Llanos Orientales. El 70 por ciento de la cocaína que se produce en el país sale hacia Estados Unidos, el resto, se distribuye entre México, Asía y Europa.

En Colombia se cultivan 188.000 hectáreas de Coca según la DEA. Estados Unidos ha decidido cooperar en la lucha antinarcóticos y promete reducir la cifra en un 50 por ciento para 2023. A eso se suma el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), establecido en el punto 4 del Acuerdo de Paz. Las Farc tenían una influencia importante en las grandes zonas producción cocalera y después de la firma, se hizo urgente buscar alternativas en economías más legales para los campesinos cocaleros. Sin embargo, la falta de vías de transporte, el lento avance de los programas estatales en las regiones y las exigencias de la demanda siguen haciendo que sembrar coca sea más rentable que sembrar yuca o maíz.

Si soplas es mejor que no pares porque escuchas cosas. Cosas horribles que no quieres oír. . “Te voy a matar, te vengo pistiando y te voy a matar”. Sientes que te miran, que los tienes encima. Te respiran en el cuello listos para agarrarte de una buena vez. “Corre, corre malparido que hasta aquí llegaste”. Otro pistolo. ¿Pero dónde lo escondiste? Tiras cajones, das portazos, destrozas rollos enteros de papel higiénico. ¿Cómo te explicas, maldito adicto, que nunca vas a encontrar una bicha que jamás escondiste?

Residuos de cocaína mezclados con maniotol, cafeína o bicarbonato de sodio. Cemento, polvo de ladrillo, insecticidas o detergentes. Basura sucia de coca. Eso es el basuco. A pesar de ser una de las drogas que menos se consume, sólo en 1.2 por ciento de los colombianos la han probado alguna una vez en la vida, es una de las más problemáticas. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (Unodc), en el último año, más de 38.000 personas han sido consideradas adictas: 8 de cada 10 hombres que la usan y 5 de cada 10 mujeres. “Es un asunto casi que marginal”, dice Julián Quintero, “asociado a estratos bajos y a habitantes de calle”.

La de la heroína es una situación parecida. Sin ser una de las más populares, es una de las que más mata por sobredosis.  Se calcula que en el país existen al menos 15.000 consumidores por vía inyectada, lo cuál aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sanguínea. Según un estudio realizado por el Observatorio de Drogas en Colombia –ODC–, y que toma como muestra Armenia, Bogotá, Cali, Cúcuta, Medellín y Pereira, la cifra la de usuarios de heroína que contrae estas enfermedades supera el 5 por ciento.

También puede inhalarse o fumarse. La razón para elegir una u otra vía depende de la relación costo beneficio. No es secreto: las drogas se consumen por placer. En el cuerpo tiene lugar una intoxicación que al hacerse constante, desarrolla niveles de tolerancia que deben sobrepasarse con dosis más altas, de lo contrario, la sustancia se acaba y se produce un displacer. Entre más adicción, más dinero y más necesidad de sentir sus efectos inmediatamente. “La heroína fumada pasa primero por la boca. De ahí llega a los pulmones, de los pulmones a la sangre y de la sangre al corazón”, explica Quintero, “mientras que al inyectarla, pones la aguja en la vena y llega directamente al corazón. Es mucho más rápido”.

Aunque desde finales de los noventa no se establecen cifras exactas del cultivo de amapola, se cree que en Colombia existen más de 350 hectáreas, siendo Santander de Quilichao unos de las principales ciudades productoras. De allí sale la heroína con la que se surten los departamentos del Cauca y Nariño.

Cuando estás borracho te sientes grande. Lo que jode te jode menos y lo que sube te sube más. O no. A veces, lo que jode te jode y ya estuvo. Todo se hace borroso y nada parece urgente. Se te revuelven las entrañas, pierdes el equilibrio, te haces torpe. ¡Pero que más da! Si eres un dios sin conciencia capaz de todo. Hablas, reclamas y te confiesas.

Paradójicamente, las sustancias más adictivas y que más daño hacen son legales. El cigarrillo a la cabeza de todo, con cifras de consumo que superan el 80 por ciento. En todas las edades, en todos los estratos, en todos los departamentos. San Andrés y Providencia en el primer lugar, con un porcentaje del 94 por ciento cuando se habla de adicción. Córdoba en el último, a tan solo 14 puntos porcentuales de diferencia. El tabaco es la droga que más mata gente en Colombia.

Le sigue de cerca el alcohol, que si bien trae consecuencias directas como intoxicaciones, enfermedades del hígado y fallas del sistema nervioso central, causa más daños por impactos asociados: riñas, lesiones personales, accidentes automovilísticos y violencia intrafamiliar. Según el Estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas, casi 3 millones de colombianos presentan usos del alcohol que pueden considerarse riesgosos o perjudiciales. El 20 por ciento de ellos son menores de edad.

Aunque Chocó, Bolívar, Antioquia y la Guajira registran las cifras más altas de personas con muestras de alcoholismo, no existen fórmulas, el problema se ha hecho transversal a la geografía del país.

“Legalizar el tabaco y el alcohol fue dejarlos a merced de la oferta y la demanda, con todas las consecuencias de salud pública que ya conocemos”, dice Julián Quintero. Y es ese el punto en el que se centran los debates más actuales sobre drogas en el Colombia. Legalizar o penalizar. Prohibir o permitir. “Las dos cosas se equivocan. La respuesta al problema no está en campañas que infundan miedo o señalen a quienes consumen. La respuesta está en regular y establecer un uso responsable. Quien les hable de perseguir vándalos en la selva, fumigar y castigar la dosis personal, los está engañando. Ese modelo lleva 40 años sin funcionar”, dice.

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