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Staff ¡Pacifista! - febrero 24, 2016

OPINIÓN Cómo vamos a darle una oportunidad a la paz si todo lo que hace la guerrilla nos parece la epítome de lo equivocado.

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Columnista: Rodrigo Sandoval

Me ha sorprendido la indignación que ha tenido la gente, en especial los medios, con un episodio que me parecía apenas natural: los jefes guerrilleros contándole a sus subalternos qué va a pasar cuando termine el proceso. Las fotografías que conocimos de los comandantes de las Farc, en un acto público en La Guajira, revelan la parte más importante del proceso. La guerrilla, además de apostarle a un acuerdo en La Habana, quiere que su tropa y lo que ellos denominan “bases” se movilicen políticamente, en territorios donde han tenido una presencia histórica. Eso será fundamental.

El hecho de que en esos encuentros también estén ciudadanos me parece apenas natural. Como en esta guerra no hay un vencedor ni un derrotado, la historia no la podrá contar solamente el Estado. Por eso, algunas lógicas del conflicto y su final estarán atravesadas por la forma en que las Farc entienden su lucha y su proceso de paz.

A mí las palabras de las Farc me gustan. Me parece interesante el planteamiento de que no se van a desmovilizar sino que, en cambio, se van a movilizar políticamente. Es un claro reconocimiento de que la guerra las ha paralizado y enquistado en un país al que le han dado la espalda. También, reconocen que lo más importante es que todos sus combatientes pasen a hacer parte de sus cuadros políticos, para evitar que se reencauchen en nuevos procesos de confrontación armada.

Así las cosas, entiendo perfectamente que los líderes de la guerrilla estén contando su visión de qué es lo que se discute en Cuba. Me imagino que para los guerrilleros y para los pobladores de Conejo, el proceso también es un enigma.

Dicho esto, es importante concentrar el debate en otras preguntas importantes. La primera tiene que ver con la capacidad de la derecha de recolectar fotografías de las andanzas de los guerrilleros. Es angustiante pensar que políticos de la disidencia democrática al proceso estén tan informados sobre los movimientos de los guerrilleros, que el canal de televisión que más ha atacado al proceso sea justo el que tiene acceso a imágenes del secretariado. Alguien tiene que asesorar al Gobierno y a las Farc en cómo manejar la información para que no sean ellos, los críticos del proceso, los que controlen la narrativa.

Ahora, ¿estaban las Farc haciendo proselitismo armado? Parece que no. La propia guerrilla no ha sido amiga del plebiscito de refrendación del acuerdo, entonces no habría por qué pensar que antes de terminar los acuerdos estén invitando a votar por un mecanismo en el que no creen.

Tampoco estaban acompañando a candidatos políticos a ganar elecciones ni estaban obligando a la gente a ir a las urnas para, a través de las armas, escoger un determinado personaje. Otra cosa es que hayan ido a echar la perorata sobre la necesidad de una asamblea constituyente. Pero ese no es un debate de hoy.

También, me sorprende la actitud de los medios. Primero, porque la élite noticiosa del país se ha olvidado de que el proceso es de dos. Entender las lógicas de la guerrilla parece inútil en el ejercicio periodístico. Que las Farc entren a un pueblo a pie, a hablar, es muy diferente a lo que pasaba hace 15 años cuando esos mismos territorios abandonados por el Estado eran atacados por ejércitos cargados de granadas y cilindros bomba que no dejaban una sola edificación en pie. ¿No les parece un avance? A mí sí.

Finalmente, me aterra la doble moral de la sociedad. Queremos vivir en un país diferente, donde las Farc no consuman la agenda mediática del país, pero nos resistimos a darles una pequeña concesión. Cómo vamos a darle una oportunidad a la paz si todo lo que hace la guerrilla nos parece la epítome de lo equivocado y lo que vemos en nuestro ombligo nos parece digno de ignorar: niños que mueren de hambre en Bogotá, niñas que quedan embarazadas antes de los 14 años, discriminación, pobreza, inequidad.

Tanto alboroto para ver lo que deberíamos recibir con júbilo: las Farc están cerca de su fin militar. Solo así podremos juzgar lo que representan en las urnas, el único campo de batalla que no tiene que costarnos vidas y que ellas se han rehusado a usar en los últimos 50 años.