Tamal con chocolate: un desayuno para repensar la paz
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Tamal con chocolate: un desayuno para repensar la paz

María Rodríguez - Septiembre 11, 2018

Para los voluntarios de Rodeemos el Diálogo, un desayuno colombiano puede ser el detonante para que una persona cambie sus prácticas cotidianas de paz.

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@juacruiz

Para los voluntarios de Rodeemos el Diálogo, un desayuno colombiano puede ser el detonante para que una persona cambie sus prácticas cotidianas de paz.

En un pequeño restaurante en la séptima con 67 en Bogotá, todos los sábados se reúne un grupo de 25 personas a desayunar tamal y chocolate. La particularidad es que los invitados especiales son personas que tienen que ver con el proceso de paz y la construcción de paz: excombatientes, reinsertados, equipo del gobierno que participó en las negociaciones de La Habana, voceros de la campaña ‘No’ para el plebiscito de 2016, artistas, líderes sociales, académicos e inclusive miembros del secretariado de las Farc.

La cita es convocada por Rodeemos el Diálogo y tiene lugar entre las 9 y las 11 de la mañana en el restaurante Lapingachos de Bogotá (Chapinero). “Gracias por registrarse al desayuno, el respeto por el otro es uno de nuestros principios, por favor llegue 10 minutos antes para empezar puntualmente”, dice el mensaje de confirmación vía correo electrónico. Sin embargo, para poder recibirlo, es necesario ser invitado previamente. ¿Cómo? A través de los más de 1.000 personas registradas en la base de datos de Rodeemos el Diálogo, que se coordinan por medio de un grupo de WhatsApp y distribuyen su información con newsletters, vía correo electrónico y en su grupo de Facebook.

Ya en el restaurante, dos mesas se enfrentan en un espacio pequeño. El moderador se sienta al lado del invitado especial y va guiando el diálogo con el resto de los comensales. El encuentro empieza con una intervención de todos los invitados explicando por qué decidieron ir a ese desayuno, entonces “se crea un espacio de confianza y se marca la cancha para el diálogo abierto”, explica Andrei Gómez, uno de los creadores de los Desayunos por la Paz y hasta agosto de 2018, director de Colombia de la red transnacional Rodeemos el Diálogo. “Para construir cultura de paz, primero hay que construir cultura de diálogo”, asegura.

Después de tres años, los desayunos se han convertido en una institución para todos los voluntarios de Rodeemos el Diálogo, ya que para esta red, es una de las maneras en las que la sociedad civil puede colaborar para la construcción de paz, ayudar a la implementación del acuerdo y lograr una reconciliación verdadera.

Después de más de 180 sábados de tamal y chocolate (entre otros), en ¡Pacifista! decidimos hablar con Gómez, para que nos contara en qué contribuye su iniciativa para la construcción de paz. Estos fueron algunos de los detalles que nos dio. 

La pequeña Comisión de la Verdad

En abril de 2017, Victoria Sandino, miembro del Secretariado de las Farc, terminaba su paso por las zonas veredales. Uno de los primeros lugares que visitó fue el pequeño restaurante de Chapinero para ‘desayunar por la paz’. En esta ocasión y por temas de seguridad el desayuno fue privado. Allí, Victoria relató su paso por la Unión Patriótica, la violencia que la obligó a entrar a las Farc y sus días como combatiente en los Montes de María, Sucre.

En un momento, una de las asistentes le dijo conmovida: “Yo estoy haciendo un gran esfuerzo porque mi familia fue víctima del frente que usted operaba. Mi tío fue secuestrado, mi familia nunca más logró recomponerse y ahora tenemos una familia dividida: los que odian el proceso de paz y los que lo apoyamos. Pero yo estoy aquí, y este es el espacio más duro que he tenido”.

Sandino respondió: “Historias como las de ustedes reafirman mi compromiso para nunca más volver a la guerra, uno no sabe los impactos. Me duele profundamente tu dolor”.

Finalmente, Andreí le preguntó a ambas que cómo les había parecido el desayuno. “Reparador”, respondieron las dos.

Hoy, más de un año después, Gómez asegura que “esto fue como un pequeña Comisión de la Verdad. Salimos transformados”.

Andreí Gómez es el hombre que estaba al lado izquierdo de Victoria Sandino. Foto: Rodeemos el Diálogo

Un invitado inesperado: la otra cara de la reinserción

Los miembros de Rodeemos el Diálogo asistieron a una marcha convocada por Antanas Mockus en 2015 llamada, “La vida es Sagrada”. Se encontraron con un señor que barría las calles de Bogotá y le entregaron un papel que decía “yo creo en el poder del diálogo”. El señor mayor les contó que él también creía en el poder del diálogo porque era excombatiente de las Farc. Ese día, se sentaron con él en un andén a charlar, conocieron su casa y decidieron traerlo a un desayuno, como invitado especial, a que contara su historia.

Relató su vida completa, cómo entró al Frente de las Farc y por qué. Para el 90 % de las personas presentes, era la primera vez que estaban con un excombatiente, la gente estaba llorando.

La historia de él va así: Entró a las filas farianas porque la violencia en su familia era muy fuerte, así que decidió irse de su casa. Ya siendo parte de la guerrilla, logró ser comandante político de un frente. Su trabajo era entablar relaciones con los actores del territorio, incluido el Comandante de la Policía. Este policía fue asesinado por un comandante militar de su mismo Frente, acusándolo de auxiliar a las Farc.

Con este escenario en frente, decidió desertar de las Farc. Aguantó hambre y mucha pobreza, finalmente llegó a un municipio del Valle del Cauca, se confesó ante un cura, quien terminó delatándolo con el Ejército.

Después empezó su proceso de reinserción con la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y decidió crear una fundación de excombatientes. El proyecto no duró mucho: Se quebró y tuvo que encontrar trabajo como barrendero de calles.

El desayuno del ‘No’

Rodeemos el Diálogo, abiertamente, hizo campaña por el ‘Sí’ para el plebiscito. Incluso viajaron por el país a zonas que el gobierno no visitaba para hacer pedagogía del Acuerdo de Paz.

Dos semanas después de la derrota, invitaron a Rafael Guarín, vocero del ‘No’ y asesor de Alejandro Ordóñez para el desayuno número 100. Las personas “temblaban de la rabia”, cuenta Andreí, “sin embargo, siempre hubo respeto, honestidad y generosidad. Las personas sin una cámara encima siempre son otras”, afirma.

Una de las principales molestias de Guarín con el proceso de paz, era el hecho de que en sus inicios haya sido secreto. Consideró que el Acuerdo no incluyó a amplios sectores, como por ejemplo la oposición. Además, tenía claro que un plebiscito dividiría el país y dejaría “heridas abiertas”.

En el encuentro, el invitado también habló de temas polémicos que rodearon la campaña del ‘No’ como la restitución de tierras, la ideología de género, la justicia y la impunidad. Finalmente, Guarín entendió que a los opositores del acuerdo les había faltado jugar un papel más constructivo durante la negociación, y recalcó que al Gobierno le hizo falta humildad para aceptar su fracaso en enseñar una pedagogía adecuada para los acuerdos.

Al final, Guarín terminó dándole abrazos a todo el mundo: “salimos convencidos de que el diálogo era la solución para todo”.  Relata Andreí.

Los gomelos descubriendo otras caras de Colombia

“¿Usted rolo cree que conoce muy bien el país?, pues siéntese con una líder indígena para que lo redescubra”, les decía Andreí Gómez a los invitados de ese día.

Alejandra Llano era la invitada especial.  Como trabajadora social de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), había tenido la oportunidad de coordinar las cumbres de paz promovidas por el Congreso de los Pueblos. Según comentó, adelantando ese trabajo entendió que las comunidades indígenas han estado en el “epicentro del conflicto”, incrustadas en las zonas más afectadas por la guerra.

Según Gómez, el desayuno le sirvió a otros participantes como él para entender la necesidad de que las comunidades tuvieran su espacio en los acuerdos y en el reconocimiento de su autonomía. Alejandra por su parte, fue muy espontánea y cantó para ese pequeño público que desde una mesa, una mañana, comenzó a acercarse a las regiones. 

De la sociedad civil para el Gobierno

Generosidad para dar lo mejor de nosotros, honestidad para decir lo que pensamos, respeto por la palabra del otro, solidaridad para entender que cada quien viene de trayectorias distintas y necesita distintos tipo de ayuda, corresponsabilidad para saber que la paz la construimos en todos los espacios y autocrítica. De acuerdo con Andreí, esos son los principios por los que se guía cualquier desayuno: “Si empezamos a interiorizar en la vida cotidiana estos principios, podemos construir una comunidad de paz en medio de la guerra”, enfatiza.

Desayuno con el académico e investigador, Daniel Pacaut. Foto: Daniel Medina

Desde 2012, Rodeemos el Diálogo se empezó a preocupar por la participación de la sociedad civil en los temas de paz, por lo que Gómez y sus colegas buscaban que las personas entendieran todo lo que incluía la construcción de paz para interiorizar estos temas. Por esto, querían sentar a “diferentes sectores sobre la mesa, que normalmente no se sentarían”.

Para Andrei, quien desde octubre volverá a retomar la iniciativa de Rodeemos el Diálogo en Londres, los desayunos tienen la capacidad de cambiar puntos de vista muy arraigados en las personas. “Cuando las prácticas se vuelven cotidianas, la transformación cultural ocurre. Un desayuno puede ser un detonante para que una persona se active con la construcción de paz o como corresponsal de un mejor país. Este proceso toma tiempo, es difícil, pero es nuestra manera de aportar en el largo plazo”. Todo esto me lo dijo Andreí sentado en su pequeña oficina en Santa Bárbara. Mientras me explicaba que el rumbo del país se podía ir cambiando con pequeñas cosas, comí unas galletas y un café que amablemente me ofreció.  

Quedamos en que pronto iría a tomarme un chocolate con tamal para repensar la paz de Colombia.