Rapanui y la ‘Niña Ceci’, los perros de la paz
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Rapanui y la ‘Niña Ceci’, los perros de la paz

Andrés Felipe de Pablos - Julio 6, 2016

En los procesos de paz del Caguán y La Habana hubo dos protagonistas, inadvertidos para la mayoría de colombianos.

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A la izquierda Rapanui, el perro del proceso de paz del Caguán, y a la derecha la ‘Niña Ceci’, la perrita del proceso de paz de La Habana.

“Durante el proceso de paz del Caguán comenzaron a decir que yo había tenido un hijo con Raúl Reyes que se llamaba Rapanui. Y Rapanui, en realidad, era mi perro”, cuenta Patricia Uribe, la reportera encargada de cubrir el conflicto armado para Noticias Uno y que, en 1999, fue enviada por ese noticiero, antes conocido como NTC Noticias, a cubrir el día a día del proceso de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Farc.

A través de una conversación que sostuvo con Andrés Giraldo, uno de sus compañeros de trabajo en la zona de distensión, Patricia recuerda cómo llegó Rapanui, el french poodle, a su vida:

Una vez, cubriendo los diálogos del Caguán, tuve que viajar a Bogotá. Ya en la capital, me llamaron porque la mamá de Andrés quería entregarme algo.

—Ay mi hijito, debe estar muy solo, mándele este paquete —me dijo la señora. 

Cuando vi el paquete resultó que había un perro adentro. Entonces, cuando llegué al Caguán le dije a Andrés:

—Venga, hermano. Mire lo que le mandó su mamá porque, pobrecito, usted está sufriendo mucho. Si ella supiera sus andanzas por acá…

—Agh, ¿cómo así? Mi mamá para qué me mandó un perro —dijo.

Andrés se había cuadrado con una pelada allá y dijo que se lo iba a regalar a ella. Sin embargo, él terminó peleando con la muchacha  y entonces decidió vender el perro.

—Me parece el colmo que tú vendas el perro, porque, para mí, es una actitud mercenaria —le dije a Andrés ante su decisión—. Eso fue un regalo de tu mamá. Regálalo por lo menos.

—No, yo lo voy a vender —me respondió.

Siguió insistiendo en que lo iba a vender hasta que le dije:

—Está bien, te lo compro ya.

—Listo, lo vendo a cien mil pesos —concluyó.

En ese momento cien mil pesos eran cien mil pesos. Pero los viáticos eran buenos.

A partir de ese momento el perrito se convirtió en su compañero y en la mascota del grupo de periodistas que estaba cubriendo los diálogos del Caguán. Rapanui, en la época del proceso, era un cachorro.

Patricia recuerda  los viajes en jeep por la zona de distensión, un territorio de 42 mil kilómetros cuadrados que comprendía los municipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán, en el Caquetá. Rapanui la acompañaba y se veía contento, pero muchas veces, al coger una trocha, pasó sustos pues, por lo pequeño, el perrito salía volando por cualquiera de las ventanas.

Rapanui, como pocos perros, terminó montando en lancha y en avión. Incluso, los dos altos comisionados para la paz que tuvo el proceso, Camilo Gómez y Víctor G. Ricardo, se lo llevaban en avioneta cuando Patricia lo enviaba a Bogotá al veterinario. A Rapanui le dio varias veces gastroenteritis.

Rapanui junto a su hermana Liberata. Foto: Facebook de Patricia Uribe.

A Rapanui le decían el perro de la paz porque el periódico El Espectador sacó un artículo llamado así. Esa nota tenía una foto en la que se veía en la mesa de diálogo a Víctor G. Ricardo y a Raúl Reyes, cabecilla de las Farc, y, en la parte de abajo, a Rapanui. En la nota escribieron: “Ojalá la gente se pudiera entender como lo hace éste perro, que puede estar tranquilo entre ambos bandos del conflicto”.

Rapanui, según Patricia Uribe, acompañó a los periodistas durante el tiempo que duró la zona de distensión y fue el protagonista de muchas aventuras. Además, aligeró con sus ‘perradas’ el vértigo y el estrés del cubrimiento de un proceso de paz. “Rapanui ya murió, pero creo que él hubiera tenido más anécdotas por contar que los mismos periodistas”, sostiene Patricia.

Pero el de Patricia no ha sido el único can que ha acompañado a periodistas y negociadores durante un proceso de paz. En las actuales conversaciones de paz de La Habana la atención se la llevó la ‘Niña Ceci’, una ‘criolla’ cubana, de color blanco y café, que supo ganarse el cariño de las delegaciones de paz que llegaron a Cuba, sobre todo del equipo de la Oficina de Prensa del Alto Comisionado de Paz.

El nombre de Ceci se lo puso el equipo de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz que, en cabeza de Marcela Durán, su gerente, la encontró a la salida del restaurante La Cecilia, un renombrado comedero de la capital cubana.

Según Jairo Tarazona, reportero de La Fm y RCN Radio y Televisión en el proceso de La Habana, en su escrito ‘Murió la Niña Ceci, la consentida del proceso de paz en La Habana’ en Semana.com, “todos los días, Ceci se apostaba en la entrada del pasillo donde hacen su ingreso las delegaciones encabezadas por Humberto De la Calle e Iván Márquez, en la parte baja del Palacio de Convenciones, en el mismo lugar en el cual los voceros de la guerrilla montan el atril para echar su discurso diario”.

En su artículo, además, cuenta Tarazona que Ceci era la única que lograba colarse hasta el camino por donde pasaban diariamente los guerrilleros y funcionarios, por lo que ella era una de las pocas privilegiadas que, desde una posición VIP, escuchaba lo que allí se decía en público o de manera confidencial.

“Y no era que a Ceci le interesara saber los pormenores de las negociaciones de paz, o conocer a los protagonistas de este hecho histórico. Hizo empatía con los periodistas de la Oficina de Prensa del Alto Comisionado de Paz, quienes en una noche lluviosa le dieron un bocado que calmó su hambre y la consintieron con palabras que muy pocas veces oía en las calles habaneras donde transcurrió su vida” relata Tarazona.

Diferente a Rapanui, el perro del proceso de paz del Caguán, Ceci era una perrita callejera. No estaba en las mejores condiciones y a simple vista se notaba su estado de desnutrición. Posiblemente, los únicos que en su vida le dieron algún tipo de atención fueron los delegados tanto del Gobierno como de las Farc. Tantos fueron los cuidados que recibió Ceci de las comitivas del proceso, que los botones del Hotel Palco, lugar de las conversaciones, la llamaron ‘la colombiana’.

A pesar de las atenciones que empezó a recibir Ceci, su final fue trágico. El 17 de enero de 2016, según varios testigos que la vieron frente al Hotel Palco, Ceci fue atropellada. Por la imprudencia de un conductor anónimo, la ‘Niña Ceci’ murió sobre el asfalto. “El doctor Humberto De la Calle, que le llevaba galletas, las sacaba del bolsillo y se las daba, estaba muy acongojado cuando se enteró, porque ella era un paraíso de afecto”, concluye Marcela Durán en el escrito de Tarazona.

Sin duda, en el anecdotario de los procesos de paz que ha tenido nuestro país no todo se reduce a controversias, documentos, acuerdos y compromisos. También, durante las negociaciones ha habido lugar para alegrías que no vienen de la firma de un acuerdo; esas genuinas y espontáneas que producen los perros.