Ramiro Orjuela, el abogado que se la juega por las víctimas de los Llanos | ¡PACIFISTA!
Ramiro Orjuela, el abogado que se la juega por las víctimas de los Llanos
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Ramiro Orjuela, el abogado que se la juega por las víctimas de los Llanos

María Rodríguez - enero 9, 2019

#Divergentes | En la región lo conocen como ‘el del sombrero’ y a lo largo de su carrera no le han faltado amenazas de muerte.

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Ramiro Orjuela nunca usa traje o corbata, sino un sombrero llanero y un carriel de cuero. Los militares y campesinos de los Llanos Orientales le dicen “el abogado del sobrero”. Durante su trayectoria ha defendido a víctimas del conflicto armado, a guerrilleros y a miembros de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, han sido la defensa de víctimas la que ha ocupado la mayor parte de su carrera. En esta tarea, ha hecho que 102 militares y 2 paramilitares paguen cárcel. Además, fue uno de los creadores del colectivo sociojurídico Orlando Fals Borda, al que sigue vinculado, especializado en derechos humanos y desaparición en Colombia.

Según el Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica, en Colombia 82.998 personas fueron desparecidas forzadamente durante el conflicto armado. De acuerdo con el Registro Único de Víctimas, en el Meta y los Llanos Orientales existen 370.230 víctimas del conflicto y 61.215 víctimas de desaparición forzada y homicidio. El colectivo Orlando Fals Borda, liderado por Ramiro, ha encontrado en cuatro fosas comunes en los Llanos Orientales 2.304 cuerpos de personas no identificadas o NN, de las que un gran porcentaje podría corresponder a casos de ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”.

Orjuela dice que defiende a los que nadie ha querido defender en Colombia, refiriendose a las familias de ‘falsos positivos’. Explica que “a la gente le daba miedo ir al batallón a denunciar o encontrarse con un juez penal militar. No se sentían respaldados”.

La Comisión Colombiana de Juristas sentenció que desde 2003 a 2007 fueron desaparecidas 11.292 personas, y el 75 por ciento de estas acciones fueron responsabilidad del Estado. Por encontrar esos casos de los que el Estado era responsable, Ramiro Orjuela ha recibido varias amenazas en forma de panfletos, llamadas e intimidaciones que le hacen llegar con otras personas. Según él, detrás de ellas están los paramilitares y militares que podrían verse implicados en los casos que él lleva.

Ramiro en una entrega de cuerpo en un municipio de Ariari.

 

Algunos de los casos que ha tenido que resolver han sido, por ejemplo, el de tres campesinos asesinados por haber robado vacas y que luego se hicieron pasar como caídos en combate; una fosa común con 500 cuerpos en un pueblo de solo 3.000 personas en el Meta; una mujer con discapacidad mental a quién que los militares ficharon de haber colaborado con la guerrilla de las Farc; un campesino en La Uribe que acusa a los militares de haberlo torturado y dejado ciego…

Hoy Ramiro cuenta que sus ganas de ayudar a los más vulnerables viene de su familia. Su padre era casi analfabeta, un campesino de San Bernardo en Sumapaz, dirigente social, lo que hoy se denominaría líder social. A causa de la violencia bipartidista de los años cuarenta y cincuenta que azotó fuertemente las zonas rurales, la familia Orjuela huyó a Fusagasugá, mientras que sus tíos fueron a parar a los Llanos Orientales. Iba a visitarlos — campesinos también— y poco a poco se fue vinculado a esta región y a las huellas que el conflicto había dejado en ella.

Su trayectoria como abogado comenzó en los Llanos, en los ochenta. En ese entonces, la zona estaba completamente permeada por los paramilitares que fueron traídos por narcotraficantes y esmeralderos boyacenses para brindarles seguridad privada. Esto sucedió, en parte,  porque la región solía ser controlada por el Bloque Central de las Farc. Con el pretexto de perseguir a los guerrilleros, los paramilitares cometieron toda clase de violaciones a los derechos humanos, desplazamientos y asesinatos. Era una región en donde el “todo vale” era la mejor estrategia para sacar ventaja en el conflicto.

La carrera de Ramiro despegó en San José del Guaviare cuando, en 1987,  lo nombraron personero y vivió momentos que lo marcaron como defensor de víctimas. El alcalde, José Miguel Rojas,  elegido por el gobierno en ese momento, ya que no existía la elección popular de alcaldes era de la Unión Patriótica, un partido político de izquierda que fue formado por desmovilizados de diferentes guerrillas (luego perseguidos y exterminados) del que Ramiro sería parte. Él y Rojas  estaban almorzando en una casa a puerta cerrada, cuando hombres armados llegaron y ahí, en frente de Orjuela, mataron a tiros al Alcalde. “Los sicarios andaban como Pedro por su casa”, asegura el abogado mientras rememora sus días como personero.

A Ramiro le ofrecieron ser el reemplazo de Rojas, pero sabía que si se quedaba, lo mataban también. Su familia le rogó que se fuera de allí. Entonces José Yesid Reyes fue designado como alcalde. A los pocos meses lo ejecutaron.

De San José del Guaviare, cuenta, le quedó la inclemente violencia de los paramilitares contra la población campesina. Cuando volvió a Bogotá empezó a trabajar con la asociación sin ánimo de lucro Provivienda, que promueven el derecho a una vivienda digna y adecuada, de la cual su padre había recibido ayuda. Fue así como pasó de conocer las partes más vulnerables de la ruralidad a conocer las de la urbanidad

Su nombre sonó en el país cuando decidió ser el abogado de Hernán Darío Velásquez, alias ‘El Paisa’, en proceso en el que el líder guerrillero fue encontrado culpable del atentado con bomba contra el Club El Nogal de Bogotá. También defendió al hoy extraditado Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, alias ‘Simón Trinidad’, sobre quien pesan condenas de homicidio, extorsión, secuestro y narcotráfico.

* * *

El día que me encontré con Ramiro Orjuela, la evaluación de riesgo que hace la Unidad Nacional de Protección acababa de llegar a su correo. A partir de sus actividades y funciones, la unidad diagnosticó que el riesgo de Orjuela era “extraordinario”.

A Ramiro le han designado varios tipos de seguridad. La primera vez que le dieron un chaleco antibalas para protegerse fue en 2004. Ahora, la UNP le puso dos escoltas permanentes y una camioneta, sin embargo, asegura que si lo quieren matar, los escoltas solo harán el trabajo un poco más complicado. 

“¿No tienes miedo de que te maten?”, le pregunté consternada para la evaluación. “Decir que no sería una irresponsabilidad, pero ya me han amenazado tantas veces que uno aprende a vivir con eso”.

“Yo no se si está acostumbrado a no sentir miedo o a sentirlo siempre, pero uno no pensaría que hace lo que hace cuando lo conoce porque es tan tranquilo…”, me decía María Astrid, de sus compañeras de trabajo en el colectivo de abogados Orlando Fals Borda. 

“Uno no se puede dar de valiente”, repite Ramiro a menudo en sus conversaciones. Estoy por creer que esta frase, justamente, es con la que recupera esa valentía que pierde cada vez que siente el temor de que su vida le sea arrebatada.