¿Se puede vivir sin la banca? Imagen: Jorge Aroca | ¡Pacifista!
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¿Se puede vivir sin la banca?

María Rodríguez - Diciembre 4, 2018

El escándalo de Odebrecht está teniendo un efecto que no estaba calculado. ¿Qué tan posible es salirse del sistema en el Luis Carlos Sarmiento Angulo es el rey?

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El fin de semana el hashtag #NoalGrupoAVAL se volvió tendencia en redes sociales. Junto con el numeral, las personas pusieron fotos de sus tarjetas de bancos pertenecientes al grupo cortadas o subieron videos cortandolas. Otros anunciaban por lo alto que iban a cerrar sus cuentas y que no querían que, en adelante, su dinero estuviera en manos de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Él es cabeza del Grupo Aval, el hombre más rico de Colombia y todo este revuelo empezó por la polvareda que ha levantado el escándalo de Odebrecht.  

Para entender la insatisfacción de la gente en redes basta con saber tres cosas. La primera es que la empresa Corficolombiana, propiedad de Sarmiento, estaría envuelta en el escándalo de Odebrecht. La segunda es que la Fiscalía General de la Nación es la encargada de llevar la investigación de este caso, que –aparentemente– ha dejado más de $50.000 millones en sobornos. Y la tercera es que el hoy fiscal general, Néstor Humberto Martínez, anteriormente fue abogado de Luis Carlos Sarmiento.

Así que, en resumidas cuentas, #NoalGrupoAVAL y todos los contenidos que lo acompañaron podrían ser la protesta esporádica de miles de personas que desde ya dudan de la imparcialidad de la justicia a la hora de investigar el caso Odebrecht y sienten que a través de la administración de sus productos financieros pueden darle una lección a quienes, valga decirlo, no han pasado de ser sospechosos de conductas inapropiadas como el caso de Sarmiento Angulo y su conglomerado empresarial.

Foto: Twitter

 

El Grupo Aval, que conforman el Banco de Occidente, el Banco Popular, el Banco de Bogotá y el Banco Av Villas es el grupo financiero más grande de Colombia y lidera un mercado en el que, a nivel nacional, participan cerca de 26 millones de personas con al menos 1 producto financiero. Su incidencia es tal, que después de las protestas en redes no tardaron de aparecer versiones en contra: el superintendente financiero, Jorge Castaño, aseguró que la Fiscalía (encabezada por Néstor Humberto Martínez) podría investigar y mandar a la cárcel a quienes contribuyan a generar “pánico financiero” y a difundir “mentiras” sobre las entidades que conforman el mercado.

A dicha versión, se sumó la de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien a través de Twitter lanzó el siguiente mensaje: Es muy urgente que la fiscalía dé trámite a la denuncia penal presentada por el superintendente bancario Jorge Castaño, contra aquellos que están especulando sobre las entidades financieras para causar pánico económico que acabaría con los activos de todos los colombianos”.

Sin entrar a juzgar los intereses que podría tener la institucionalidad colombiana en el grupo Aval e incluso, en el mismo escándalo de Odebrecht, en ¡Pacifista! sí nos generó mucha curiosidad cómo se había gestado el #NoalGrupoAVAL y nos generarnos una pregunta: ¿Qué tan posible es tener una vida al margen de los bancos como muchos usuarios están proponiendo?

Empezamos por contactar a la activista María Fernanda Carrascal, quien fue la primera en acudir al hashtag y poner sobre la mesa la discusión. Nos contó que ella nunca había usado un producto financiero con el Grupo Aval: “Aunque es difícil sí se puede. Esto no significa que sea antiempresas, solo soy defensora de lo público y de los empresarios en la medida en que generen un bienestar público”. No obstante describió como preocupante que “se estén llevando a cabo tácticas de persecución promovidas desde el Gobierno. En Colombia, oponerse es ser perseguido”.

De hecho hoy, después de que se conocieran los anuncios del superintendente y los apoyos de la vicepresidenta, Carrascal publicó un video en Twitter en el que aclaraba que lo suyo “no es una campaña contra el sistema financiero sino una protesta ética contra Sarmiento Angulo”. 

Por supuesto, ella no ha sido la única. Al igual que Carrascal, muchas personas empezaron a “incitar” abandonar no solo el Grupo Aval, sino la banca en general. Y es aquí donde empezamos a tratar de responder nuestra pregunta.  

Nuestras averiguaciones arrojaron, por ejemplo, que existe  una alternativa muy popular en mundo, pero poco conocida y regulada en Colombia: los bitcoins. Se trata de una moneda virtual que no está controlada por ningún gobierno o institución bancaria y su precio se basa en la ley de oferta y demanda. Aquellos que la usan en el país están convencidos de que el sistema bancario colombiano es aún muy retrógrado.

Este es el caso del director de la Fundación Bitcoin en Colombia, Carlos Mesa, quien cree que “el problema del mundo financiero actual es que es muy costoso y va en contra de la gente. Mientras que con bitcoins las transacciones son más simples. Esto no significa que pueda reemplazar el papel de la banca tradicional, pero sí la puede obligar a mejorar y obligar a acoplarse a la nueva tecnología”.

Por ejemplo, con los bitcoins solo se necesita un código en el celular para hacer una transacción y no cobran por esta. En un banco tradicional “hay que llamar, hacer fila, las transacciones entre entidades son carísimas, incluso por consignar cobran una cuota, están muy atrasados, incluso en comparación a otros países de América Latina como México. A esto hay que sumarle el costo de la vida en Colombia”, asegura el experto.

Sin embargo, con el Bitcoin “no se puede invertir más de lo que uno está dispuesto a perder porque es una moneda muy volátil”, explica Mesa quien empezó a usar bitcoins a finales del 2012. Aunque fue de las primeras personas en usar esta tecnología en el país, hay otras personas de la sociedad civil que se han sumado al movimiento.

Uno de ellos es Santiago Acevedo, quien decidió pasar su plata a bitcoins hace tres años: “Conocí las bitcoins porque estaba haciendo negocios de emprendimiento. Comencé a investigar la tecnología blockchain (un mecanismo abierto para que las transacciones no sean centralizadas) y me di cuenta que se podían hacer transacciones de alto valor y que en Colombia, los bitcoins se pueden comprar más baratos. Entonces vendo bitcoins en otros países y gano en la transacción”.

Una de las razones por las cuales Santiago se apartó del sistema bancario es porque “me cobraban el 2.18% de interés, además de la cuota de manejo. Los bancos son una injusticia, cobran por todo. Con la plata que uno les mete, ellos hacen inversiones y no nos cuentan nada. En pocas palabras, no tienes ni idea de dónde está tu plata”. 

Si bien es cierto que el Bitcoin es una posibilidad, aún es un tema desconocido para la mayoría de la gente en Colombia y todavía no está muy claro para los usuarios como sacar ese dinero del mundo virtual y cómo emplearlo en transacciones cotidianas como pagar un arriendo, recibir el sueldo de una empresa o comprar un café. Incluso,  Santiago aún tiene tarjetas bancarias porque sabe que Colombia aún no está lista “para moverse al bitcoin”, pero intenta hacer la mayor parte de sus transacciones –siempre y cuando sean montos pequeños– en efectivo o por  PSE.  Si las sumas son muy altas, vende sus criptomonedas –como se llaman técnicamente–  a otros usuarios que se las pagan en efectivo.

Otros caminos que quizá a los bancos no les gusten

No obstante, la anterior no es la única manera de desprenderse de la banca tradicional en Colombia. Existen también las tecnologías Fintech –también llamada ‘tecnología financiera’– que son básicamente aplicaciones, procesos y productos de servicios financieros que solo se mueven en internet y no en el mundo análogo. Las Fintech buscan capturar parte del mercado dominado por grandes empresas y en principio desligan ‘el negocio’ de las lógicas de las bancas nacionales, sus mercados y sus procedimientos.

En países como Alemania, las Fintech son cada vez más populares en la sociedad, ya que son una herramienta que permite digitalizar la moneda para invertirla más fácilmente y permite hacer movimientos rápidos. Empresas como Auxmoney o Smava están marcando la parada en la manera en cómo se mueve el dinero.

Una de sus herramientas es una especie de ‘plaza de mercado online’ que presta dinero a sus clientes por montos entre 1.000 euros y 25.000 euros. Conceden los préstamos para comprar carros, para estudiar, para empezar un negocio o incluso para amoblar su casa. Los filtros para que le presten dinero a las personas son muy laxos, de hecho, 1 de cada 3 personas que pide plata prestada en Auxmoney, ha sido rechazada del sistema de banca tradicional. Ellos, según sus estrategias de marketing, quieren que el proceso de “prestar dinero sea más humano y transparente”. No obstante hay que decir que recurren a la banca tradicional, en algunos casos, para girar los montos a las cuentas de los usuarios, aunque usan mayormente sistemas como transferencias online o sistemas de giros, hagan de cuenta puntos Baloto o Efecty.

Mateo Londoño, experto en Fintech, nos explicó que empresas como Auxmoney “no se lucran de la misma manera como se lucra un banco. Los inversionistas privados que participan allí son los que ganan, aunque con menos ambición. Es una banca de la gente”. Mateo usa varios tipos de monetización, porque comercia en Fintech, con bitcoins, oro, esmeraldas y rubíes. Dice que “Colombia es el país en Latinoamérica que más fuerte está tocando el Fintech y esto es una clara respuesta a la banca tradicional retrógrada”.

Aunque también es un modelo poco conocido en Colombia que apunta no a abandonar la banca sino que se ella la que genera mejores relaciones con personas y el entorno. Este movimiento es conocido como ‘banca ética’ y que comenzó a comienzos de la década del 2000 en países de Europa como Alemania e Italia. Nuevos bancos, pequeños, empezaron a surgir con la filosofía de renunciar a ser atractivos para los grandes inversores, buscar márgenes de ganancia amables con el cliente y financiar generosamente proyectos que tengan una espíritu social o ecológico.

Antes de despedirse Londoño opinó que banca tradicional genera sobrecostos que la gente hoy en día ya no está dispuesta a pagar. Además se declaró en desacuerdo “con que la banca tenga todos los datos financieros de una persona y por eso pueda discriminarla, o peor aún, que los datos financieros le den valor a la persona y sin un consentimiento expreso, muevan ese dinero como ellos quieran y no le avisen a uno”.

Así pues, aunque el Grupo Aval tenga en sus manos gran parte del mercado financiero colombiano y es muy posible que no se vaya a quebrar por que unas personas decidan prescindir de él, sí es posible recurrir a otras opciones de monetización, que son, a fin de cuentas, mucho más avanzadas en términos tecnológicos y menos costosas en términos de trámites, pero lejos de ser masivas en países como el nuestro.

Al parecer, salirse completamente del sistema bancario es muchísimo más complicado que desearlo.