¿Por qué es tan difícil silenciar las armas?
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¿Por qué es tan difícil silenciar las armas?

Staff ¡Pacifista! - Julio 2, 2015

Al tiempo que inicia un nuevo ciclo de diálogos, voces civiles, y las mismas Farc, piden el cese bilateral del fuego para fortalecer el proceso y el Gobierno insiste en que eso solo será posible cuando la paz no tenga marcha atrás. ¿Qué implicaría callar los fusiles?

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Mientras en el país se habla de una crisis en los diálogos, en Cuba las partes iniciaron un nuevo ciclo de conversaciones para seguir trabajando en la reparación a las víctimas. Voces civiles, y las mismas Farc, piden el cese bilateral del fuego para fortalecer el proceso y el Gobierno insiste en que eso solo será posible cuando  la paz no tenga marcha atrás. ¿Qué implicaría callar los fusiles?

Por: Esteban Montaño

 

 

“Les he dado instrucciones a los negociadores para que inicien lo más pronto posible la discusión sobre el punto del cese de fuego bilateral y definitivo”, afirmó el presidente Santos en enero de este año. Seis meses después, y en medio de una escalada de atentados y sabotajes que tienen a miles de personas sin agua y sin luz, cuesta creer que estemos tan lejos de ese anuncio que le hizo pensar a muchos colombianos que el fin del conflicto estaba muy cerca.

Y es que eso significaría, en pocas palabras, un acuerdo de cese al fuego bilateral y definitivo: la materialización del compromiso entre las dos partes de acabar con la máquina de guerra y empezar una nueva era en Colombia. Sin embargo, y aunque parezca tan sencillo como que los jefes ordenen a sus ejércitos dejar de atacar a sus contrincantes, antes de dar este paso es necesario superar dos obstáculos bastante complejos.

El primero es que desde el principio las Farc y el Gobierno acordaron que esto solo iba a ocurrir cuando todos los puntos de la agenda se hubieran agotado. Así, el cese bilateral no es visto como una etapa más del proceso de diálogos sino como su conclusión efectiva. De ahí la importancia del adjetivo definitivo. Es decir, un punto de no retorno. Pero ese momento no ha llegado porque las conversaciones se han estancado más de un año en la búsqueda de una solución que sirva para reparar a las víctimas y aplicar justicia a los victimarios.

Esa es la razón por la que se sigue negociando en medio de la guerra, a pesar de que las Farc han insistido en los últimos días en la necesidad de anticipar el cese bilateral para allanar el camino hacia la paz. Pablo Catatumbo lo expresó así al finalizar el ciclo número 38 en La Habana (Cuba): “hay que abrirle vía a acordar el cese al fuego bilateral que exigen las mayorías nacionales y la comunidad internacional, así se podría facilitar la construcción de un acuerdo final de paz, hay que desescalar la guerra, no hay otro camino”.

En ese mismo sentido habló el jefe de la delegación de esa guerrilla, Iván Márquez, en un comunicado en el que le pidió al gobierno “parar la guerra para no dañar el proceso de paz y evitar más victimizaciones inútiles. Solo en un ambiente de confianza y de concordia podremos convenir lo que falta para el acuerdo final”. Si bien Márquez y Catatumbo pueden tener razón, es justamente la falta de confianza en sus intenciones una de las razones que impide que se acuerde un cese bilateral de manera anticipada.

Tal vez la mejor formulación de esa sensación está en una reciente columna del periodista Mauricio Vargas en el diario El Tiempo. Vargas escribió que “a las Farc les encantan las treguas porque pueden fortalecerse y multiplicar sus frentes, como lo hicieron hace más de 30 años, durante el cese del fuego que pactaron con Belisario Betancur”. Se podría decir que lo mismo ocurrió en El Caguán, cuando aprovecharon la zona de distensión para planear una arremetida violenta y persistir en su intención de tomarse el poder por las armas.

Esas experiencias fallidas explican la renuencia del Gobierno a ceder ante las peticiones de la guerrilla. En su primera rueda de prensa como Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas enfatizó que “el cese al fuego bilateral será acordado cuando sea definitivo, cuando sea el final de la negociación, cuando tengamos la capacidad de verificarlo, hacerlo seguro y que todo el mundo tenga la certeza de que vamos para el desarme, la desmovilización y la reintegración de los guerrilleros, antes no”.

Es decir, hay un sector del país que considera que, mientras sea posible que la negociación fracase, pactar el cese bilateral al fuego es una concesión militar a la guerrilla que podría ser aprovechada para obtener ventajas en el ajedrez de la violencia. Incluso, hay quienes dicen que sin condiciones efectivas de cumplimiento, por parte de las Farc, el cese implicaría que el Estado deje de cumplir con los deberes que le impone la Constitución.

Y es que las palabras de Villegas también dan pie para tratar el segundo obstáculo, el cual tiene que ver con todos los aspectos logísticos que implica la terminación del conflicto armado. Como explica un informe de la Fundación Ideas para Paz, la interrupción de la guerra debe tener en cuenta aspectos relacionados con actos prohibidos, separación, repliegue y acuartelamiento de tropas y verificación del cumplimiento de los compromisos.

Teniendo en cuenta que en Colombia las Farc no son el único grupo armado activo, un cese bilateral exitoso dependerá de que los combatientes de esa guerrilla se concentren en lugares claramente delimitados y con vigilancia especial. Esto es lo único, dicen algunos, que asegurará que no se presenten enfrentamientos con la Fuerza Pública y, sobre todo, evitará que terceros interesados en el fracaso del proceso ejecuten acciones violentas para provocar su rompimiento.

Todo esto requiere la puesta en marcha de una serie de complejos procedimientos que no se pueden concertar de un día para otro. De hecho, hace exactamente un año se creó en La Habana una subcomisión técnica para iniciar las discusiones sobre este punto. Durante este tiempo, los integrantes de este grupo han escuchado expertos internacionales en la materia y han analizado los modelos que han implementado en países como Angola y Nepal para terminar sus respectivos conflictos.

Además, el cese al fuego bilateral y definitivo es solo el primero de los siete requisitos que están contemplados para finalizar el conflicto. También se habla de la dejación de las armas y la reincoporación de los guerrilleros a la vida civil, de la lucha contra las otras organizaciones criminales, del esclarecimiento del fenómeno del paramilitarismo y de las garantías de seguridad para los desmovilizados, entre otras cosas. En el acuerdo general, que es el marco de la mesa de La Habana, se aclara que todos estos puntos hace parte de un proceso simultáneo e integral que debe desembocar en la participación activa de la vida civil y política de las Farc.

Dicen que es más fácil hacer la guerra que terminarla, y esto es más que evidente hoy.  A pesar de que las partes reconocen que se ha avanzado como nunca antes en la búsqueda de una solución negociada al conflicto, el silenciamiento definitivo de las armas parece estar lejos todavía. Las partes se encontraron en un nuevo ciclo de conversaciones este viernes, mientras el país aguarda por un acuerdo sobre la reparación a las víctimas y, sobre todo, por sentir los efectos prácticos de estar apostando por la paz.