“Nuestra función será reconstruir lo que la justicia será incapaz de reparar”: Olga Behar hace un llamado a los periodistas | ¡PACIFISTA!
“Nuestra función será reconstruir lo que la justicia será incapaz de reparar”: Olga Behar hace un llamado a los periodistas
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“Nuestra función será reconstruir lo que la justicia será incapaz de reparar”: Olga Behar hace un llamado a los periodistas

Andrés Felipe de Pablos - Julio 25, 2016

La periodista cuenta cuáles son los retos de los reporteros en el posconflicto.

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Foto: Andrés Felipe De Pablos

Olga Behar comenzó su carrera periodística en 1975. Fue reportera en el noticiero Contrapunto y en la Unidad Investigativa del Noticiero 24 Horas, donde cubrió los diálogos de paz del gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) con el M-19. También, fue corresponsal extranjera para la cadena Univisión. Hoy, es docente de periodismo de la Universidad Santiago de Cali.

Ha sido merecedora de los premios de periodismo Simón Bolívar, ANIF 10 Años, Glaad y CPB. En 2012 recibió el primer Premio Nacional de Periodismo del CPB por su libro ‘El clan de Los Doce Apóstoles’. Es autora, además, de los libros ‘Las guerras de la paz’, ‘Noches de humo’, ‘El caso Klein’, y coautora de varios textos como ‘Pistas para narrar la paz – Periodismo en el posconflicto’.

¿Cuál es el papel principal de los periodistas en un posible posconflicto?

El papel es gigante. Me parece que cada hecho, cada víctima y cada victimario es una historia por contar. Nuestra función será reconstruir lo que desde la justicia va a ser imposible reparar. Hay varios casos de periodistas que han construido historias y libros a partir de una simple comparecencia de un victimario en una audiencia de Justicia y Paz. Nosotros ahora tenemos el trabajo más fácil del mundo, porque tenemos un abanico de historias. Cada rinconcito de este país tiene una versión o varias versiones de hechos de este conflicto. Son 60 años.

¿Cuáles van a ser las noticias del posconflicto?

El hecho de que se firme un acuerdo final en La Habana no quiere decir que llegue la paz. A partir de la firma afloran realmente los elementos que hicieron posible que el conflicto durara 60 años. No es solamente sanar heridas, es reconstruir tejido social. Y reconstruir tejido social desde el periodismo se hace por medio de la reconstrucción de historias, de la pedagogía y ayudando a responder preguntas como: ¿qué hay que hacer para que haya una verdadera restitución de tierras sin criminalidad? Además, los periodistas deben aportar en el posconflicto a cambiar el chip mental, por ejemplo, de la Sociedad de Agricultores, de Fedegan, de toda esa cantidad de gente que no seguirá viéndose lucrada con la guerra.

¿Usted cree, como afirma Johan Galtung, académico de la Investigación para la Paz, que el periodismo tiene un componente histórico al traducir las guerras en su tránsito hacia la reconciliación?  

Yo creo que sí. Antes las guerras las contaban los políticos. Hoy, gracias a las nuevas tecnologías, creo que los nuevos historiadores somos nosotros. Ahora los periodistas escribimos libros. Cuando uno lee, por ejemplo, la obra de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Aleksiévich, ve que ella construyó la verdadera historia de la Perestroika y de tantos otros momentos importantes en Ucrania y la Unión Soviética desde el periodismo.

Entonces, ya que los periodistas también somos historiadores, ¿cómo narrar la guerra sin quedarnos en la sangre y en la violencia?

Hay que exponer el contexto y tener muchas voces. Tenemos que trascender la versión de la víctima o del victimario. Eso es, por ejemplo, lo que yo muestro como modelo en ‘El Caso Klein’ y en ‘El clan de los doce apóstoles’. En esas obras yo, como periodista, intenté trascender al hecho mediático, el crimen cometido o el criminal en acción. Todo eso se logra a través de la investigación periodística y a través de la polifonía de voces.

 ¿Cómo acabar con el estigma, muchas veces puesto entre colegas, de que quien critica a los paramilitares es guerrillero, así como quien los entrevista y les da voz?  

Entrevistando al adversario. El hecho de que, por ejemplo, yo haya podido entrevistar a Juan Carlos Meneses o a Jair Klein después de haber hablado con guerrilleros, ¿me volvió paramilitar? Bueno, Uribe dijo que sí. Me puso un tuit diciendo que yo era la mercenaria de los mercenarios. Pero eso demuestra mi independencia. Si yo fuera guerrillera no se me ocurriría ir donde el enemigo a entablar una relación de confidencia para que él me cuente cosas reveladoras.

Respecto al pasado, ¿se siguen cometiendo los mismos errores en el lenguaje frente al conflicto armado y los diálogos de paz en los medios de comunicación?

Sí, claro. Por esa razón una de las tareas que yo cumplo en este momento en Consejo de Redacción es la de ayudar a generar un nuevo lenguaje. En Consejo de Redacción estamos dictando talleres a periodistas en diferentes regiones del país, porque en las regiones es donde está el conflicto. Además, para colaborar a cambiar el lenguaje militarista de los medios, como el de ‘dado de baja’ y el de llamar ‘terrorista’ a un guerrillero, nosotros tenemos un glosario de paz, por ejemplo. Y estamos construyendo eso y lo estamos tratando de divulgar.

¿Cree usted que a los periodistas nos falta educación para cubrir la guerra y, aún más, narrar la paz?

Claro, pero se han hecho esfuerzos por mejorar. Por ejemplo, en ese sentido, se ha empezado a educar a los periodistas desde las universidades. En la Facultad de Comunicación en la Universidad Santiago de Cali tuvimos un proyecto llamado ‘Jóvenes que cuentan la paz’ en el que los estudiantes intentaron resocializar, a partir de la comunicación, a adolescentes criminales de alta gama, sicarios, ponebombas y extorsionistas de 15, 16 o 17 años. Con proyectos así, los estudiantes empiezan a entender cómo debe contarse la guerra y la paz. Eso es muy importante porque esos estudiantes de hoy, que van a ser los periodistas del mañana, entienden que son actores del conflicto y deben ser actores de la paz.

¿Usted cree que el periodismo, en la sociedad colombiana, es el único responsable de hacer pedagogía para la paz y de la construcción de paz?

No, yo creo que es la sociedad misma la que debe encontrar sus canales de entendimiento, de compresión y de participación. Creo que el Estado tiene una responsabilidad grande. La Oficina del Alto Comisionado para la Paz ha gastado gruesas sumas de dinero financiando proyectos de pedagogía en periodistas con la Fundación para la libertad de prensa (FLIP), con Consejo de Redacción y con otras organizaciones. Pero la Oficina del Alto Comisionado para la Paz también está financiando a otras organizaciones, a ONGs que trabajan con víctimas y que trabajan con antiguos victimarios. Es una labor colectiva.

¿Usted cree que los medios de comunicación aplican la regla de que las malas noticias, en realidad, son las buenas noticias?

Yo creo que los medios tiene una percepción equivocada de las audiencias. Creen que a la gente le interesa ver el atentado, el bombazo, el herido medio muerto en el hospital y al Ministro de Defensa vociferando. Están equivocados. La gente está hastiada de las malas noticias.

Hoy tenemos un reto gigante los periodistas, como pedagogos y constructores de paz, que es entrar a las casa de las personas con nuevos mensajes. Creo mucho en las redes sociales. Entiendo la fuerza de las redes sociales y de las nuevas tecnologías. Hay caminos para hacer llegar ese mensaje. El camino no es El Tiempo, RCN o Caracol. Hay muchos caminos y hoy ya no son exclusivos del periodismo, sino de todos los actores de la sociedad.

¿Qué herencia nos ha dejado la guerra?

Una herencia maldita, como diría una telenovela. Me parece que para librarnos de ella tenemos el deber de saber hasta dónde hemos sido intolerantes, hasta dónde ha habido sadismo, hasta dónde hemos sido indiferentes. Yo creo que la herencia es pésima. Y tenemos que saber sacudirnos de ella y entender por qué pasó la guerra. Esa es la labor de los historiadores, de los periodistas, de la academia, de los constructores de paz, de los líderes de víctimas, de los victimarios, del Estado. Es una tarea colectiva.